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“Legerîn”: seguir el rastro de una mujer que eligió la revolución en Kurdistán

A partir de archivos íntimos, testimonios y material filmado entre Argentina y Rojava, la película reconstruye la vida de Alina Sánchez, la médica cordobesa que viajó al norte de Siria para integrarse al proceso político y social autónomo de ese territorio. “Su viaje estaba sostenido en una mirada política de tanto compromiso, con un espíritu revolucionario que puede resultar anacrónico”, comentaron las guionistas Paula Bartolome y Marcela Marcolini.

Por Silvina Ojeda, fotoperiodista argentina

En enero de 2019, una nota perdida en internet encendió una pregunta que terminaría transformándose en una película. La periodista Emilia Erbetta había escrito un perfil sobre Alina Sánchez, la médica argentina asesinada en Kurdistán en marzo de 2018. La historia quedó resonando en Paula Bartolome y Marcela Marcolini como esas vidas imposibles de olvidar: una joven cordobesa que abandonó todo para sumarse a la revolución kurda bajo el nombre de Legerîn.

Pocos días después de aquella lectura apareció la decisión de avanzar hacia un documental. Primero fue la curiosidad: entender qué llevaba a una mujer argentina, nacida lejos de los conflictos de Medio Oriente, a comprometerse con una lucha revolucionaria en Rojava. Después vino el encuentro con Emilia Erbetta en un pequeño café de Almagro. Dos horas de conversación alcanzaron para confirmar que allí había una historia potente, incómoda y profundamente política.

Más tarde se sumarían Alejandra Marino y Valeria Roig en producción y María Laura Vásquez en dirección. El proyecto creció hasta convertirse en “Legerîn: En busca de Alina”, un documental que obtuvo el Primer Premio para Documental en Desarrollo del Festival Internacional de Cine Político en 2020 y que terminaría filmándose entre Argentina y Kurdistán gracias al trabajo conjunto con equipos kurdos.

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Pero antes de la película hubo una pregunta central: ¿cómo narrar a Alina sin convertirla en un símbolo vacío? Las guionistas cuentan que desde el comienzo intentaron comprender las decisiones que fueron transformando a Alina en Legerîn. “Su viaje estaba sostenido en una mirada política de tanto compromiso, con un espíritu revolucionario que puede resultar anacrónico”, explicaron.

Narrar a Alina también implicaba narrar al pueblo kurdo, su organización política y feminista, la guerra y las redes internacionales de solidaridad. La historia dejaba de ser solamente una biografía para convertirse en una pregunta sobre este presente: qué significa hoy comprometer la vida entera por una causa colectiva.

Hay algo inquietante en la voz de Alina cuando aparece en el documental. No habla como alguien que presiente la muerte. Habla rápido, joven, convencida. Como si el tiempo todavía le perteneciera. Escucharla a través de sus audios y escritos le da cuerpo a una figura que muchas veces fue reducida a símbolo político.

El documental evita construir una heroína perfecta. La película avanza entre preguntas, contradicciones y silencios. Intenta acercarse a una mujer que eligió abandonar una vida posible en Argentina para convertirse en otra persona en medio de una revolución.

Uno de los desafíos más grandes de la escritura fue escapar del tono panfletario. Las guionistas buscaban preservar la tensión, comentando que “queríamos que apareciera la necesidad o no de ser entendida”, señalaron. Porque la película trabaja sobre una figura que inevitablemente despierta admiración e idealización.

La voz de Alina ocupó un lugar fundamental en esa construcción. La familia permitió el acceso a diarios personales, escritos y materiales íntimos. Escucharla hablar y leer sus palabras permitió que dejara de ser solamente una imagen lejana. “Contar con pasajes de su voz y de su escritura le da cuerpo y materia al documental”, explicaron.

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El documental también funciona como una puerta de entrada a una de las experiencias políticas más singulares del presente: la organización autónoma kurda en Rojava, basada en estructuras comunitarias, autodefensa y participación central de mujeres.

En tiempos donde la militancia muchas veces aparece vaciada o reducida a las redes sociales, la figura de Alina incomoda porque lleva la idea de compromiso hasta sus últimas consecuencias.

La producción tampoco estuvo exenta de obstáculos. En 2021 el proyecto recibió apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina, aunque el financiamiento seguía siendo insuficiente para imaginar rodajes internacionales. La alianza posterior con la productora kurda Nûjiyan Film Production permitió filmar en Rojava en medio de un contexto de guerra constante y atravesando además la pandemia mundial.

El resultado fue una película que comenzó un recorrido internacional inesperado. En 2024, ya terminada, “Legerîn” inició un circuito de festivales donde obtuvo premios y reconocimientos como Mejor Documental. Sin embargo, las dificultades para conseguir proyecciones en salas argentinas contrastaron con la recepción internacional.

Tal vez por eso “Legerîn” deja una sensación extraña después de verla. No solamente la de haber conocido a Alina, sino la de preguntarse qué estamos dispuestos a entregar hoy por aquello en lo que creemos.

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