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Christian Carrillo y exposición sobre fútbol y memoria: “Ahora vamos perdiendo con medidas de ultraderecha, pero podemos hacer ese último gol y ganar”

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El artista visual está presentando “La pelota no se mancha” en la Universidad Autónoma de Talca, una muestra de grabados, serigrafías y esténcil con los que rescata las canchas de tierra, la infancia y la cultura popular y la entremezcla con política, identidad y memoria.

Por Jimena Améstica

“La pelota no se mancha” es el nombre de la nueva exposición del artista visual Christian Carrillo. La iniciativa estará disponible hasta el 29 de mayo en la Galería de Artes del Campus Central de la Universidad Autónoma de Talca.

El trabajo del artista propone una reflexión sobre el fútbol como un espacio de memoria, identidad y experiencia colectiva, rescatando imaginarios cotidianos como el barrio, la infancia y la cultura popular. Para ello, utilizó diversas técnicas, como el grabado en relieve, aguafuerte, serigrafía, el esténcil y la impresión digital.

En conversación con El Arrebato, Carrillo contó que la muestra nació de otras exposiciones que realizó en el pasado y que también estaban contextualizadas con “la disputa del territorio y la identidad”.

“El 2017 realicé una instalación en el Museo Artequin de Viña del Mar y luego en el Parque Cultural de Valparaíso, donde instalé una bandera gigante que contenía la de Chile, Perú, Bolivia y una cuarta que decía: ‘Jugar a la guerra’. Todo esto en el contexto de la xenofobia y el racismo que se produce en Chile frente a los países vecinos y que también se manifiesta en el fútbol”.

Siguió con la exposición “Juego de memoria”, donde utilizó el fútbol y la figura del taca-taca como un elemento que recuerda el Golpe de Estado de 1973, enfocándose de forma específica en el Estadio Nacional como centro de detención y tortura durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Contó que se trató de un ejercicio de acción artística, desde el que comenzó “a incluir el elemento de la pelota como punto importante en la cancha y el territorio” Y desde mi formación de grabador, la usé como matriz. Desde ahí la empecé a imprimir en papel”, detalló.

Con 52 años, explicó que su trabajo incluye diferentes guiños al arte gráfico de los años 80, relacionados específicamente con su biografía. Las canchas de tierra, la pichanga y la pelota las veo como un acto democrático de la sociedad. Donde en el mismo territorio se ponen las normas del juego entre todos y se trata de equiparar en cuanto al equipo. “Aquí se conversa y se dialoga”, comentó.

-¿Con todos esos insumos comenzaste a preparar “La pelota no se mancha”?

Claro, como lo dice Eduardo Galeano en su libro “Fútbol a sol y sombra”, la pichanga es el estado más puro del fútbol, es la esencia fuera del mercado. Desde ahí comencé a realizar esta muestra que contiene todos los elementos del fútbol, de memoria, identidad y barrio.

-En la presentación de la exposición se hace referencia a tu vida en Lo Prado, en la Región Metropolitana, y cómo ello marcó tu pertenencia territorial.

Yo viví en Lo Prado y en Conchalí cuando era niño, y me tocó vivir esa instancia del juego. En medio de la exposición también instalé un diploma que recibí cuando tenía nueve años, de un club deportivo de Pudahuel, por una “destacada participación” (ríe). Entonces, son todos elementos que se van conjugando en la muestra.

– Presentas una serie llamada “El último hombre”. ¿Cuál es la significación simbólica de esa figura?

Viene a simbolizar al último ciudadano que está en resistencia. En el fútbol es el último defensa, el que tiene que cubrir todas las posiciones, apoyar a su lateral y a sus compañeros antes de que el adversario llegue al arquero. Puede ser una primera línea, quizás, llevándolo a instancias del estallido social.

-Háblanos también del grabado “Quiltro en la cancha”.

Era algo típico de las canchas de tierra. Ahora, a raíz de una estética posmoderna y neoliberal, todas las canchas son de pasto sintético y todos se visten impecablemente para jugar. Pero en la cancha de tierra no hay rejas: generalmente son espacios amplios y abiertos donde siempre se mete el perro, o se queda en la línea mirando a los jugadores, hasta que llega un momento en que ataca la pelota.

-Ahora, cuando hablas de memoria y de política, ¿cómo se enfrenta esta exposición al contexto actual donde en Chile se instaló un gobierno que lidera una postura negacionista con respecto a los derechos humanos?

Frente a eso, ahí hay un tema superimportante que también tiene que ver con la pichanga. En el año 1971, cuando se cumple el primer año de gobierno del presidente Allende, Roberto Matta realizó un mural en La Granja junto a la Brigada Ramona Parra. Se llamó “El primer gol del pueblo de Chile”, queriendo decir que el triunfo de Allende fue un ‘gol’ para el pueblo. Y en este punto la pichanga tiene algo muy bonito: si un equipo va perdiendo 8-5 o 10-5 —que son marcadores típicos del fútbol callejero—, como la pichanga no tiene una duración fija y podía durar toda una tarde cuando uno era niño, llega un momento en que se dice: “El último gol gana”. Y si ese último gol lo hace el equipo que va perdiendo, gana el partido.

Entonces, yo en el fondo apelo al “último gol gana”. Ahora vamos perdiendo con medidas de ultraderecha y fascistas, pero tenemos la oportunidad de hacer ese último gol y ganar. Y ahí lo empato con el mural de Matta. Nuestro sueño es poder hacer ese último gol y ganar el partido.

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