10-0 zapatero: la derecha convirtió en chiste la acusación constitucional

Por: Álvaro Ortiz
Con el rechazo de la acusación constitucional contra el exministro de Hacienda, Nicolás Grau —la décima presentada contra un ministro o ministra del gobierno anterior—, no cuesta demasiado entender por qué -según un estudio publicado en diciembre de 2025 por la Universidad de Los Andes- ocho de cada diez chilenos declara “poco” o “ningún interés” en las discusiones políticas del Congreso.
Sacando el cálculo, cada seis meses de los últimos casi cinco años nos hemos visto en la misma situación: llevando a una autoridad —o, como ahora, incluso a una ex autoridad— al estrado de la opinión pública bajo la acusación de faltas graves, deficiencias intolerables o derechamente dolo, cuando, sinceramente, la mayoría de las veces parece más bien una simple diferencia política.
Gracias a esta mala costumbre de empujar titulares y ordenar la conversación a punta de sospechas, estamos semanas frente al televisor viendo cómo una jugada de campaña permanente se viste con el sello institucional del Congreso y con la excusa de estar respondiendo a la ciudadanía.
Diez me parece un número absurdo para muchas cosas, pero sobre todo, para seguir repitiendo una fórmula que, después de tanto ruido, casi nunca termina en algo concreto, más allá de una autoridad desgastada, un gobierno obligado a defenderse y una conversación pública aún más intoxicada.
Por suerte, el Senado ha mostrado algo más de compostura para rechazar las acusaciones que la Cámara de Diputados ha aprobado, y donde la política a ratos parece perder seriedad ante la chance de dejar armado el libreto con el que van a pedir el voto para las próximas elecciones.
Esa es, al final, la fórmula que le funcionó a José Antonio Kast y a Republicanos. El problema es que, lamentablemente, la siguen usando incluso después de haber llegado a La Moneda, quizás porque cumplir las expectativas que él mismo levantó es bastante más difícil que hacer campaña contra alguien.
Entonces me pregunto: ¿cómo se pretende recuperar la credibilidad de la gente? Con una desconfianza presidencial de 54,9 por ciento, según Pulso Ciudadano, el gobierno difícilmente puede seguir usando la polarización como refugio. Y el Congreso tampoco ayuda si algunos, como el Partido Nacional Libertario o el Partido de la Gente, insisten en estirar acusaciones constitucionales donde el cálculo reputacional pesa más que la posibilidad de acreditar responsabilidades reales.
Después de ver que este mecanismo ya se ocupó incluso contra alguien que dejó el cargo, no me sorprendería que en un tiempo más el ex presidente Gabriel Boric apareciera como el próximo objetivo. No porque existan méritos suficientes para ello, sino porque ese precedente abre la puerta a usar una herramienta institucional para condicionar una eventual segunda carrera presidencial o, al menos, ensuciarla antes de que empiece.
En ese contexto, la propuesta impulsada por el diputado Diego Schalper (RN) para subir las firmas necesarias, exigir mayoría de diputados en ejercicio e incorporar una interpelación previa apunta a un problema real: que incluso dentro de su propio sector parece haber cansancio con una práctica que ha terminado desgastando aún más la confianza en las instituciones.
El desinterés político no aparece porque la gente no quiera mirar. Aparece porque ya vio demasiado.

