El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

Pedro Lemebel y su visita a la catedral del Orgullo Gay: “Uno es tan re fea y arrastra por el mundo su desnutrición de loca tercermundista”

En 1994 el escritor y artista visual se paró en medio de la Quinta Avenida de Nueva York con una corona de jeringas que emulaban estar cargadas de sangre. La multitud no entendió la performance y se presentó, incluso, la policía. “Chile devuelve el SIDA”, rezaba en inglés la pancarta que sostenía entre sus manos. Más tarde contaría su experiencia en una crónica incluida en el libro “Loco afán: crónicas de sidario”.

Por: Jimena Améstica

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“Por eso no me quedé mucho rato en el histórico barcito, una rápida ojeada y uno se da cuenta que no tiene nada que hacer allí que no pertenece al oro postal de la clásica estética musculada, que la ciudad de Nueva York tiene otros recovecos donde no sentirse tan extraño, otros bares más contaminados donde el alma latina salsea su canción territorial”.

Así describió Pedro Lemebel en “Crónicas de Nueva York (El Bar Stonewall)”, su paso por el Stonewall Inn, el icónico bar de Nueva York donde se iniciaron las protestas del movimiento de liberación LGBT en Estados Unidos.

El artista visual conoció el lugar en 1994 cuando fue invitado al festival por la conmemoración anual del Orgullo Gay. Su participación dejó una de las imágenes más icónicas del escritor chileno: esa fotografía capturada por Gabriela Jara, donde se le ve de pie en medio de la Quinta Avenida luciendo una corona de jeringas que emulaban tener sangre, mientras que en sus manos sostenía un retazo de tela con un mensaje en letras negras denunciando una crisis: “Chile Returns AIDS” (Chile devuelve el SIDA).

Lemebel Chile Return AIDS
Fotografía de Gabriela Jara

Su performance no fue aplaudida por la multitud que llegó a la manifestación. Provocó miedo y miradas de extrañeza. Incluso, la policía se presentó en el lugar y lo retuvo hasta aclarar que se trataba de una intervención artístico-política. Según contó Óscar Contardo en “Loca Fuerte”, una biografía de Lemebel, en plena calle neoyorquina “había cundido el rumor de que existían desquiciados que pinchaban a la gente con jeringas contaminadas con VIH, por lo que su corona parecía un artefacto peligroso”. Fue un chileno que vivía en Nueva York quien intervino frente a los agentes, sirviendo como traductor para despejar el malentendido.

En la crónica impresa en “Loco Afán: crónicas de sidario”, entregó una mirada crítica sobre Stonewall y cada una de las personas que lo frecuentaban rememorando el “apaleo policial”. Lo describió como un “barcito oscuro”, un “santuario de la causa homosexual”, donde “viene la sodomía turística a depositar sus ofrendas florales. Porque ahí, en la vitrina, se exhiben las fotos desteñidas de las veteranas hipientas que resistieron no sé cuántos días el acoso de la ley, la agresión policíaca que pretendió desalojarlas sin éxito”.

La calificó como una “gruta de Lourdes Gay” donde se levantó un “altar sagrado” para “los miles de visitantes que se sacan la visera Calvin Klein y oran respetuosamente unos segundos cuando desfilan frente al boliche”.

“Cómo no fingir al menos una pena si eres visita en Nueva York y te están matando el hambre y pagándote todo estas gringas militantes tan beatas y comerciantes con su historia política”, se preguntaba Pedro, describiendo un espacio cargado por “una tonelada de músculos y físicoculturistas” que “pasan de la mano sopladas por tu lado como si no te vieran. Y cómo te van a ver si uno es tan re fea y arrastra por el mundo su desnutrición de loca tercermundista. Cómo te van a dar pelota si uno lleva esta cara chilena asombrada frente a este Olimpo de homosexuales potentes y bien comidos que te miran con asco, como diciéndote: Te hacemos el favor de traerte, indiecita, a la catedral del orgullo gay”.

Allí dijo: “en el Village, en la placita frente al Bar Stonewall, abunda esa potencia masculina que da pánico, que te empequeñece como una mosquita latina parada en este barrio del sexo rubio”. Según el escritor, bastaba con entrar en el bar “para darse cuenta que la concurrencia es mayoritariamente clara, rubia y viril, como en esas cantinas de las películas de vaqueros. Y si por casualidad hay algún negro y alguna loca latina, es para que no digan que son antidemocráticos”.

  • Jimena Améstica Zavala

    Periodista de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso y magíster en Comunicación de la Universidad Diego Portales. Fundó El Arrebato y en 2024 se tituló como máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos en la Universidad de Granada, España.

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