Vigilar y castigar (lo que publicas): el Estado frente a las amenazas contra Kast
Por: Álvaro Ortiz Villalobos

El miércoles pasado se concretó la detención de Johnny Lagos, el usuario de Instagram @amule_totem, acusado de amenazas no condicionales contra el presidente José Antonio Kast y el ministro Jorge Quiroz por un video que publicó en sus redes sociales. En el registro, hablaba del proyecto de ley que permitiría el control letal de perros asilvestrados, iniciativa que, contrario a su contenido habitual, decía apoyar porque era necesario “matar un par de perros sobre todo en La Moneda. A José Kast o tal vez su amiguito Jorge Quiroz”. Todo esto mientras sostenía un encendedor con forma de pistola.
Tras la publicación, en cuestión de horas el joven de 30 años y sin antecedentes penales, fue detenido en San Pedro de la Paz, Región del Biobío. Al día siguiente fue formalizado y quedó con prohibición de acercarse al mandatario y al secretario de Estado en un radio de 200 metros, arraigo nacional y firma mensual.
Como si hiciera falta, a su salida del tribunal, Lagos acusó que se trataba de una “sátira de humor político” y que “no tengo intención de acercarme al presidente, entonces para mí no me afecta, la verdad”. Y sí, dijo que pensaría mejor sus palabras la próxima vez.
Podría tratarse de un hecho aislado, pero no. Solo unos días antes, una mujer de 23 años fue detenida por la Policía de Investigaciones (PDI) por un presunto delito de amenazas contra la autoridad a raíz de una publicación realizada durante la visita del presidente José Antonio Kast a la Región del Maule. La investigación comenzó luego de que se recibiera una alerta relacionada con un mensaje difundido desde una cuenta personal de Instagram. La publicación incluía una fotografía tomada en las inmediaciones del edificio de los Servicios Públicos de Talca y hacía referencia directa al mandatario, al supuesto uso de una pistola Glock y a la intención de matarlo.
A raíz de estos sucesos, ha comenzado una tendencia en redes sociales donde distintas personas anuncian que se burlarán de Kast antes de que se las lleven detenidas. Son inquietudes que, además, son alimentadas por las propias intenciones del gobierno de impulsar una reforma constitucional para crear un nuevo estado de excepción de seguridad pública, que permitiría al presidente de turno declararlo sin la aprobación previa del Congreso y, con ello, restringir los derechos de locomoción, reunión y asociación, además de interceptar, abrir o registrar comunicaciones. Facultades difíciles de ignorar cuando la vigilancia sobre lo que se publica en redes sociales ya comienza a traducirse en formalizaciones en sede judicial.
Tras trascender el caso de Johnny Lagos, el comediante Roberto Delgado, parodiando el tema “Bazooka” de Miami XO, dijo que iba a “dispararle una bazuca” a Kast y que iba a “volarle la cabeza” por subirle el precio a la cerveza: “¿Tengo que esperar que en las próximas horas también sea detenido como ha ocurrido en los otros casos?”.
Y qué ocurre con la cantante Laura Sad, quien meses atrás dijo explícitamente en su canción “Pene Bonsai”: “voy a matar a José Antonio Kast”. En ese momento, la frase generó más burlas que alarma, principalmente por la idea de que una “ñuñoína” pudiera representar una amenaza real para el mandatario.
En general, las amenazas de muerte son un tema delicado, aun cuando sean bromas. Pero, si tan preocupado está el presidente Kast por su integridad, ¿dónde quedó el vidrio blindado que utilizó durante la campaña?
Ciertamente, investigar una amenaza contra la máxima autoridad del país es una obligación del Estado. Durante el gobierno del ex presidentes Gabriel Boric también hubo amenazas e incluso detenidos, pero no vimos al aparato estatal reaccionar con esta rapidez frente a performances creadas para redes sociales, por provocadoras o desafortunadas que fueran. Si este será el nuevo estándar, la PDI tendrá que incorporar expertos en humor a sus brigadas para distinguir una amenaza real de una sátira.
Más allá del legítimo resguardo al presidente, aquí hay una lógica que Michel Foucault describió en su libro “Vigilar y castigar” mediante la figura del panóptico: el poder no necesita observar ni sancionar a todos, sino conseguir que cada persona se sienta potencialmente vigilada y regule por sí misma su conducta. De esta forma, basta con detener a algunos usuarios para que muchos otros comiencen a pensarlo dos veces antes de publicar.
Así como a Kast le gusta presentar algunas de sus promesas de campaña como simples “metáforas” una vez instalado en La Moneda, convendría aplicar la misma generosidad interpretativa a quienes hablan de su muerte: no es que quieran verlo bajo tierra, sino fuera del Gobierno. Una metáfora, presidente, igual que las suyas.

