El Choche
Por: Romina Leticia Millán F.

Antes de pelar las papas, las lavo con la esponja. Me gusta que queden muy limpias. Cuando lo hago recuerdo esa historia que me contó alguna vez mi mamá, la historia de mi tata cuando era niño y trabajaba en el Mercado Puerto de Valparaíso, justamente lavando papas.
Debe haber tenido siete años y temprano, como a las cinco de la mañana, partía a lavar las papas que se iban a vender ese día. Las ponían todas en una batea inmensa y las llenaban de agua fría. El Choche, mi Tata, se arremangaba los pantalones hasta más arriba de las rodillas y a patita pelada las iba pisando en el agua para que se refregaran unas contra otras y soltaran la tierra que traían.
Cuando terminaba tenía sus patitas rojas de frío y trabajo. “Choche, tómate un caldo” y le servían una sopa caliente para que recuperara el calor.
Las vidas de las familias de Valparaíso están marcadas de historias tristes, porque Valparaíso es un puerto de vidas tristes, pero quiero pensar que el Choche era feliz, que era un niño jugando a correr en el agua, jugando a mojarse, saltando y riendo. Quiero pensar que el Choche se tomaba el caldo calentito y se ponía rojo hasta las orejas. Quiero pensar que el Choche estaba contento cuando le pagaban sus chauchas y se iba a pelusear con otros niños del Puerto.

