El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

España: pegar a la maestra

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Por: Patricia Estébanez

Hace unos días, una imagen nos abofeteó la mirada desde las pantallas: un agente de la Policía Nacional empujaba a una mujer durante una manifestación en Valencia, España. El desenlace, dolorosamente explícito, terminó con ella en el suelo, levantándose con el rostro ensangrentado.

Hasta aquí, el hecho en sí ya es preocupante. Sin embargo, el verdadero horror no estaba en el asfalto, sino en el fango digital. Al asomarme a los comentarios de las noticias y a las redes sociales, me topé con un espectáculo dantesco: una parte considerable de la ciudadanía aplaudía la agresión y justificaba la violencia estatal frente a la legítima defensa de los servicios públicos.

Conviene aclarar los términos, señores defensores del orden a cualquier precio: Esa mujer ensangrentada no era una amenaza para el Estado; era una profesora jubilada. Alguien que se manifestaba pacíficamente para que las generaciones presentes, las futuras y ustedes mismos —sí, los que celebran su caída— puedan disfrutar de una educación pública, gratuita y de calidad.

Resulta aterrador comprobar cómo un sector de la sociedad se ha convertido en el perro guardián de un “orden” abstracto, incluso cuando este opera en contra de sus propios intereses.

Es una anomalía democrática alarmante ver cómo se justifica el uso desproporcionado de la fuerza por parte de un funcionario público contra alguien que, precisamente, defiende los derechos de todos. Nos hemos convertido en una sociedad donde la violencia ha encontrado un nicho de impunidad moral en nuestras propias conciencias. Cuando el ciudadano aplaude la porra que castiga a quien defiende su escuela, el sistema no solo ha ganado: nos ha anestesiado.

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