El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

España y la ola de calor: morir trabajando

f.elconfidencial.com original 0c2 d6b 397 0c2d6b39715965debb6d86096d055356

Por: Patricia Estébanez

Según diversos medios de comunicación europeos, la última ola de calor de junio en España ha cobrado la vida de 212 personas. Sobre el papel, existen leyes que protegen a quienes trabajan al aire libre y en entornos cerrados bajo alertas extremas. Sin embargo, en la práctica, la realidad a pie de calle es demoledora: los peones de obra se siguen jugando la vida por sus puestos bajo el sol de plomo, al igual que los operarios de limpieza barriendo el asfalto ardiente y los repartidores circulando a contrarreloj en su motocicletas.

Mientras tanto, la realidad en los polígonos industriales no es distinta. Los trabajadores denuncian temperaturas que superan los 40 grados en el interior de las naves, con líneas de producción y talleres mecánicos desprovistos de la más mínima climatización. Todo, bajo la perversa ilusión de que somos indispensables. A este extremo nos ha arrastrado un sistema capitalista que prioriza los ritmos de producción por encima de la propia existencia humana.

El Gobierno de Pedro Sánchez tampoco queda exento de responsabilidad. Mientras se autoproclama como una coalición de izquierdas, la ciudadanía comprueba cómo los derechos laborales quedan supeditados al mercado. Seguimos cumpliendo jornadas de 40 horas semanales tras el rechazo en el Congreso de la reducción laboral, y la legislación actual sigue sin amparar una flexibilización horaria automática ante extremos climatológicos.

Las inspecciones de trabajo brillan por su ausencia; mientras los sindicatos alertan de desmayos entre el personal de seguridad en las estaciones de trenes, asfixiados bajo el uniforme. Pasa el día y la clase trabajadora sigue muriendo en entornos convertidos en auténticos infiernos.

La crueldad del sistema no se detiene en los tajos: hemos visto a personas en situación administrativa irregular morir a las puertas de los hospitales; esos trabajadores invisibles, sin tarjeta sanitaria, para quienes el sistema solo tenía preparada una factura astronómica si hubieran logrado sobrevivir.

El colapso es estructural y afecta incluso a las instituciones públicas que deberían cuidarnos de forma ejemplar. Durante esta última ola de calor, se han denunciado temperaturas por encima de los 30 grados en el interior de centros de salud y en hospitales de toda España, llegando a extremos insostenibles como el del Hospital de Málaga- al sur de la península- donde los sindicatos han clamado contra registros superiores a los 40 grados en sus propias cocinas. Así se construye un ambiente hostil, asfixiante e intolerable tanto para el personal sanitario, como para el el que presta servicio a los pacientes.

Esta sumisión, sin embargo, se nos ha inoculado desde la infancia. Los sindicatos de educación ya claman contra las temperaturas infernales en unas aulas que parecen hornos. Nos preparan para resistir en colegios sin climatización, donde el alumnado y las maestras sobreviven como pueden y las familias no tienen más remedio que escolarizarlos. Porque, sorpresa: la conciliación familiar no existe. Ni a 20 grados, ni a 43.

Resulta abrumador que hoy, a pesar de tener información al instante y acceso inmediato a la realidad, continuemos permitiendo que se juegue con nuestras vidas. Es incomprensible que sigamos apostando por mantener en marcha este engranaje, perpetuando un infierno laboral en el que, para colmo, cada vez hace más calor.

  • opinion 6 e1781100751588

    Trabajadora social de la Universidad de Valladolid, España, con más de diez años de experiencia en intervención social. Especializada en el acompañamiento a mujeres y niñas en contextos de alta vulnerabilidad y violencias.

    Ver todas las entradas
Compartir:
Suscribete
Notificar de
guest

0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Nos encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x