El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

¿Por qué le pedimos a las relaciones amorosas funcionar con la inmediatez de ChatGPT?

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Por: Paola Torres

En una época donde la tecnología avanza rápidamente, tenemos menos tiempo y más comodidades al alcance de un clic. ¿Qué nos pasa a las personas hoy en los entramados vinculares?

Un paciente me comenta que quería conocer a alguien para entablar una relación y descargó una aplicación de citas. Desde ese momento, siente que ya no puede parar de evaluar opciones. Acude a las sesiones con frustración, dice que los chats no tienen respuestas muchas veces, o que, luego de un primer encuentro, se evapora la comunicación. Me cuenta que ve tantos perfiles por día, que suele terminar siendo un pasar revista para matar el aburrimiento, y que siempre tiene la sensación de que hay algo mejor: “esa sensación antes no la sentía”, explica.

Una paciente separada recientemente me relata que siente desesperanza frente a la idea de construir un nuevo vínculo amoroso. Las personas con las que sale le aclaran desde el inicio que no buscan algo serio, y ella reflexiona que a veces tampoco sabe bien qué quiere, y prefiere ver lo qué va sintiendo en los encuentros. Se pregunta si es posible poder ir construyendo algo sin tantas certezas desde el inicio. Y yo también me pregunto con ella si aún queda lugar para las dudas y los tiempos de las construcciones vinculares: ¿Se puede hacer el amor en tiempos de tanta urgencia?

La palabra “hacer” proviene del latín facĕre, que significa producir, fabricar, realizar o crear. Partiendo de esta premisa, si el amor es una construcción que requiere a más de una persona, además de tiempo y experiencias, ¿cómo pensar los vínculos en tiempos de pantallas, inteligencia artificial y exceso de trabajo? ¿Se puede pensar en un entramado amoroso que supere los obstáculos propuestos por la individualidad que prima en esta época, desafiar los cánones de la tecnología y recuperar algo de las bases que hacen del amor una potencia de creación?

Tal vez sea necesario recuperar la dimensión del amor como experiencia humana, esa que requiere de un delicado trabajo artesanal de enhebrar con otro a lo largo del tiempo; una variable que hoy, en consulta, parece ser evitada en búsqueda de lazos repentinos, espontáneos, con finales abruptos, sin consenso ni conversación previa.

Con la avanzada de las aplicaciones de citas, la masividad de variables hace caer a las personas en un sueño profundo de fantasías, aburrimiento y un altísimo nivel de frustración. Escucho en el consultorio la fantasía de que “se puede” acceder a múltiples personas, pero es cierto que luego manifiestan que terminan abrumadas por el agotamiento que genera mantener múltiples vínculos virtuales que la mayoría de las veces se disuelven.

Sabemos que en la realidad es costoso poder mantener conversaciones profundas y de intimidad con varias personas en simultáneo. ¿Exigimos tal vez a las relaciones humanas que respondan como lo harían nuestros teléfonos en un simple clic? ¿Hasta qué punto esa anticipación no permite que se desplieguen los espacios para el armado que necesitan las relaciones?

Las esperas y el paso a paso…

Como señala Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso (2009), la espera es un “tumulto de angustia suscitado por la espera del ser amado, sometida a la posibilidad de pequeños retrasos”. En un contexto de hiperconectividad, de vistos, de ausencias e individualismo, la construcción del entramado entre dos que van danzando entre las presencias y las ausencias presenta el desafío de repensar los pasos necesarios para construir con otro sin subestimar los tiempos necesarios.

¿Qué lugar hay para el espacio de aquello que involucra a lo humano? ¿Podremos convivir con los conflictos que trae el hacerle lugar al ingreso de un otro en nuestras vidas en un sistema que exige productividad constante? ¿Es un hecho aislado y resistencial pausarse a cuidar construcciones vinculares?

Muchas personas refieren en consulta que cuentan cada vez con menos “espacio” para poder hacer lugar a las demandas que implican los lazos vinculares, como si eso se pudiese eludir del trabajo de construcción. Ese espacio, entonces, ¿puede ser reemplazado por una interfaz digital para convertir un acto humano en un hecho digital?

Pensemos en las novias de Inteligencia Artificial (IA) que ya están funcionando. Recientes investigaciones develan que muchas personas jóvenes eligen estos modos vinculares porque carecen de conflictos y responden a las demandas de manera espontánea. Esta tendencia de humanizar las interacciones con bots nos pone de manifiesto si preferimos y deseamos que aquello de lo humano y de lo amoroso quede en manos de una aplicación, como en la película Her (Jones, 2013).

Yo, yo, yo…

Un hecho no menor fue volver a vincularnos post pandemia, variable que acrecentó el aislamiento y la hiperindividualidad. Además, la necesidad de mantener múltiples trabajos aumentó la carga y drenó la disponibilidad libidinal para la construcción de encuentros en el uno a uno.

Entonces, ¿qué buscamos en estas lógicas algorítmicas? El deseo resiste y se manifiesta en los cuerpos que llegan a consulta. Los cansancios de esos cuerpos hablan, pero también hablan sus expectativas, que buscan descentralizar el algo-ritmo y poder pensar cómo construir ritmos sostenibles con otres.

Hay que volver a salir a aguas profundas, aventurarse al encuentro de lo desconocido. Sin certezas, con dudas, con miedos, pero con el intento de aquello que se escapa a lo cuantificable. El deseo como motor y potencia nos devuelve el alma al cuerpo. Apostar a la palabra, al encuentro real, donde lo que abunde sea la mirada y la expresión corporal, no el emoji o el sticker.

El amor, como la tierra, se trabaja minuciosamente. Requiere del arte de la entrega, de la pasión, del contacto, pero también de la vulnerabilidad. Es necesario recordar que cuando los cuerpos se encuentran un nuevo mundo emerge, y que ello no será sin conflictos, pausas, esperas o frustraciones. Allí donde todo se colma a través de la inmediatez y complacencia de un robot, ¿qué lugar queda para el deseo?

Y la era de los gurús amorosos…

A menudo me entero por mis consultantes de estos nuevos gurús del amor en redes sociales que hablan de generalidades sobre las relaciones. Sin dar lugar a las individualidades, es peligroso pensar que todo se puede estandarizar en materia de experiencias subjetivas. Las personas no logramos funcionar así alegremente.

Asimismo, vale aclarar que la tecnología no es un demonio: permitió acortar distancias y democratizar información. Pero, como herramienta, nos exige mesura y cautela sobre qué queremos que haga por nosotros y qué verdaderamente es una experiencia humana bajo nuestra responsabilidad ética. El romance se cocina a fuego lento y cada quien elige cómo se arma esa receta.

En una época donde el éxito es la premisa, queda muy poco lugar para hablar de los fallos y las errancias. El amor, por excelencia, falla, por el desencuentro temporal, comunicacional o porque le pedimos a una relación que funcione con la inmediatez de ChatGPT. Las personas no somos precisas: somos confusas, dudamos en nuestros propios mares de inconsistencias y hacemos pie en las pequeñas islas que vamos logrando construir.

Todo ello sigue siendo un tejido que se arma punto por punto. Poder salir de nuestro barquito y acercarnos al del mundo del otro nos puede generar incertidumbre, pero quizás en ese enigma esté el tesoro de nuestros días.

Bibliografía 

Barthes, R. (2009). Fragmentos de un discurso amoroso. Siglo XXI Editores (p. 6).

Jones, D. (Director). (2013).

Her (Película). Annapurna Pictures; Warner Bros.  Pictures (p. 6).

  • 1000277443 scaled e1782924394310

    Es psicóloga, Psicoanalista egresada por la Universidad de Buenos Aires,
    Argentina. Actualmente se desempeña como psicóloga clínica. Trabajó en instituciones brindando talleres y capacitaciones referidas a la prevención de la violencia de género.

    Brindó charlas en empresas privadas sobre la temática de género en las empresas. Formó parte de un comité de diversidad en género en el ámbito privado. Se dedica a la escucha clínica con perspectiva de género.

    Publicó en Revisa Ají el artículo “No amarás” Sobre mandatos del amor
    romántico. Y “Entre el diván y el Algoritmo” en 2026.

    Participó en diferentes congresos brindado aportes académicos. Artículos como: “Poder potencia- Ética y psicoanálisis” en las jornadas de psicoanálisis y género en 2019.

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