El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

Notas sobre los cien días de Kast, el cansancio y lo que todavía es posible

indicaciones sala cuna universal presidente kast.jpg 1440x2000 q70 subsampling 2

Por: Sofía Varas Rojas

Hay una pregunta que aparece de distintas formas en las conversaciones de estos meses. A veces la dice alguien con el teléfono en la mano después de leer el titular del día. Otras veces surge en medio de una conversación sobre algo completamente distinto, como una interrupción que no se puede seguir postergando. La pregunta es esta: ¿cómo uno sigue adelante cuando todo lo que llega es malo?

No es una pregunta retórica. En Chile, durante los primeros cien días del gobierno de José Antonio Kast, se suspendió el Plan Nacional de Salud Mental, se recortaron los subsidios habitacionales en un 17% y las listas de espera en el sistema público de salud superaron los 2,4 millones de atenciones (Ministerio de Salud de Chile, 2026). El Índice de Precios al Consumidor acumuló un alza de 4,7% en el primer trimestre, empujado por los alimentos, la energía y el arriendo (INE, 2026). Y el Servicio Médico Legal registró 487 muertes por suicidio entre enero y marzo, un 8,3% más que el mismo período del año anterior (SML, 2026). Esos números no son abstracciones. Son el fondo sobre el que muchas personas intentan organizar una semana.

Esta columna no pretende ofrecer soluciones. Pretende, más bien, pensar en voz alta sobre qué significa habitar este momento sin rendirse a él, y por qué eso no es una tarea individual sino una pregunta política.

Cuando cada día se pierde algo

Hay una forma en que el poder opera que no siempre resulta fácil de nombrar: no llega como un solo acontecimiento dramático, sino como una acumulación de pequeñas pérdidas que, tomadas una por una, podrían parecer manejables. Un reglamento derogado, una Subsecretaría que reemplaza a un Ministerio, un programa que «se reformula». David Harvey (2004) llamó a esto «acumulación por desposesión», y aunque lo usó para describir procesos económicos más amplios, la lógica sirve también para entender lo que ocurre cuando se desmantela el Estado de bienestar por partes: lo que se transfiere no es solo presupuesto, es la sensación de que existe algo que te protege cuando las cosas se ponen difíciles.

La clase trabajadora es quien más acusa ese desplazamiento, porque es quien más depende de lo que se va. En Chile, el 40% de la población de menores ingresos concentra el 10,6% del ingreso total del país (INE, 2025). Son también quienes usan el sistema público de salud, el transporte subsidiado, las escuelas municipales. Cuando se recorta cualquiera de esos sistemas, el efecto no es abstracto: es la hora de consulta que no llega, el medicamento que hay que comprar sin descuento, el trayecto que ahora dura veinte minutos más. Pierre Bourdieu (1998) lo planteó con precisión: la precarización no es solo económica, es también psíquica, porque instala la incertidumbre como condición de fondo de la existencia. Y vivir con incertidumbre de fondo agota de una manera que no siempre tiene nombre.

No es solo que el dinero no alcanza

Hay algo que pasa cuando el costo de vida sube y el salario no. No es únicamente una ecuación que no cuadra, aunque también es eso. Es que la energía disponible para pensar, para estar presente, para proyectar algo más allá del fin de semana, empieza a consumirse en la administración permanente de una economía doméstica en estado de emergencia. Arlie Hochschild (2016) describió ese fenómeno como «secuestro emocional»: cuando la presión material es sostenida en el tiempo, el espacio psíquico que queda para el vínculo, para el descanso o para la imaginación se reduce hasta casi desaparecer.

A eso se suma lo que podría llamarse el peso informativo del presente. Byung-Chul Han (2017) describió la sociedad contemporánea como una sociedad del rendimiento que produce sujetos agotados, incapaces de procesar la negatividad sin convertirla en culpa propia. En ese marco, la mala noticia política no se procesa como dato del entorno sino como amenaza personal, y el malestar se privatiza antes de poder articularse como demanda colectiva. Lo que eso produce, en muchas personas, es una especie de parálisis que se siente como apatía pero que en realidad es agotamiento sin lugar donde depositarse.

Salud mental y suicidio: el malestar que no encuentra palabras

La tasa de suicidios en Chile se ubica en 11,2 por cada 100.000 habitantes, por encima del promedio latinoamericano de 7,3 (OPS, 2025). Los grupos más afectados son hombres jóvenes entre 15 y 34 años, aunque el aumento en mujeres mayores de 50 ha sido el más pronunciado en los últimos doce meses (SML, 2026). Son cifras que no se pueden leer sin preguntarse qué condiciones producen esa salida como opción, y por qué el sistema no está en condiciones de interceptar a quienes llegan a ese punto.

Chile cuenta con 3,2 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, frente al promedio de 14,5 de la OCDE (OPS, 2025). El Plan Nacional de Salud Mental fue suspendido en su implementación desde marzo de 2026, y varios programas de atención primaria sufrieron recortes de personal de hasta un 30% en algunas regiones (Ministerio de Salud de Chile, 2026). Es decir, en el momento en que más personas necesitan apoyo, el sistema que debería proporcionarlo tiene menos capacidad. Jacques Lacan (1966) distinguió entre el sufrimiento que puede articularse, que tiene una dirección, que busca un interlocutor, y el sufrimiento que no encuentra forma y tiende al acto. La pregunta es si las condiciones actuales permiten que el malestar se articule, o si la combinación de precariedad material y desmantelamiento institucional lo condena a circular sin salida.

Lo personal es político: por qué importa decirlo en este momento

Kate Millet (1970) formuló esta premisa para mostrar que las relaciones de poder no se agotan en las instituciones formales del Estado sino que se reproducen en los espacios más íntimos de la vida cotidiana. Lo que pareció radical en los años setenta resulta hoy especialmente necesario, porque uno de los efectos más consistentes del neoliberalismo es convencer a las personas de que sus dificultades son el resultado de sus propias decisiones. Michel Foucault (1979) mostró que el poder no solo reprime, también produce subjetividades, narrativas sobre el éxito y el fracaso que naturalizan las desigualdades. Creer que el agotamiento es una falla personal es ya un efecto del poder.

Cuando alguien no llega a fin de mes, cuando no puede acceder a atención de salud mental, cuando vive en una vivienda precaria porque el subsidio alcanzó menos de lo que esperaba, esas experiencias no son consecuencias de la naturaleza ni del azar. Son el resultado de decisiones políticas concretas sobre cómo se distribuyen los recursos y quién asume el costo. Nombrar esa conexión no resuelve la situación, pero cambia la relación que la persona tiene con ella, y eso no es poca cosa.

¿Qué podemos hacer? Una pregunta sin respuesta fácil

Paulo Freire (1970) argumentó que la primera forma de acción crítica es la nominación: darle nombre a lo que ocurre, distinguir entre lo que es resultado de decisiones políticas y lo que parece inevitable. Axel Honneth (1996) añadió que las personas que experimentan menosprecio, ya sea en la forma de invisibilización o de injusticia distributiva, desarrollan demandas que pueden articularse políticamente cuando existen condiciones intersubjetivas para hacerlo, es decir, espacios donde el malestar puede compartirse y reconocerse como algo más que un problema individual. Sostener esos espacios en un momento en que tienden a fragmentarse es, en sí mismo, un acto político.

Anna Tsing (2015) ofreció una imagen útil para este momento: en condiciones de devastación, la capacidad de notar lo que todavía crece, lo que persiste, lo que se rearticula en los márgenes de lo que fue destruido, no es negación sino orientación. No se trata de minimizar el daño. Se trata de ampliar el campo perceptivo para incluir también las respuestas que el daño genera, de  las organizaciones territoriales, los sindicatos que se reorganizan, los colectivos que trabajan en salud mental comunitaria, las personas que se encuentran y hablan y deciden que lo que les pasa no es culpa propia.

Habitar este momento sin resignarse a él

Seguir adelante después de una noticia desesperanzadora no significa olvidarla ni hacer como si no hubiera ocurrido o mirar para el lado. Walter Benjamin (1940/2008) usó la imagen del ángel de la historia para describir a alguien que mira los escombros sin apartar la vista y que, sin embargo, sigue moviéndose. No porque ignore el desastre, sino porque reconocerlo es la condición para no repetirlo.

El malestar que se siente en Chile en 2026 tiene causas identificables, y eso significa que no es permanente ni inevitable. Privatizar ese malestar, creer que es una fragilidad personal o una incapacidad para adaptarse, es hacerle el trabajo al mismo sistema que lo produce. La invitación, entonces, es a no hacer eso. A buscar los espacios donde el cansancio pueda nombrarse con otros, donde la angustia pueda convertirse en pregunta, y donde la pregunta pueda convertirse, con el tiempo, en algo más. Ese es un gesto pequeño y, al mismo tiempo, es exactamente lo que este momento requiere. Volver al colectivo, volver a mirar al otro, volver quizás a salir a las calles. ¡Hacerle el trabajo fácil a la derecha es patologizar el dolor social sin mirada crítica, quizás debemos volver a escuchar Todos juntos! Que solos, podemos decaer.

Referencias

Benjamin, W. (1940/2008). Sobre el concepto de historia. En Obras, vol. I/2 (A. Brotons Muñoz, trad., pp. 303-318). Abada Editores.

Bourdieu, P. (1998). La precariedad está en todas partes. En Contrafuegos (J. Jordá, trad., pp. 97-105). Anagrama.

Foucault, M. (1979). Microfísica del poder (J. Varela y F. Álvarez-Uría, trads.). Las Ediciones de La Piqueta.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido (J. Mellado, trad.). Siglo XXI Editores.

Han, B.-C. (2017). La sociedad del cansancio (A. Saratxaga Arregi, trad., 2.ª ed. ampliada). Herder.

Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo (J. M. Madariaga, trad.). Akal.

Hochschild, A. R. (2016). Strangers in their own land: Anger and mourning on the American right. The New Press.

Honneth, A. (1996). The struggle for recognition (J. Anderson, trad.). MIT Press.

Instituto Nacional de Estadísticas. (2025). Encuesta de caracterización socioeconómica nacional: Síntesis de resultados 2024. https://www.ine.gob.cl

Instituto Nacional de Estadísticas. (2026). Índice de precios al consumidor: Informe primer trimestre 2026. https://www.ine.gob.cl

Lacan, J. (1966). Écrits. Éditions du Seuil.

Millet, K. (1970). Sexual politics. Doubleday.

Ministerio de Salud de Chile. (2026). Boletín estadístico de listas de espera, marzo 2026. https://www.minsal.cl

Organización Panamericana de la Salud. (2025). Indicadores de salud mental en América Latina y el Caribe: Informe regional 2025. OPS/OMS.

Servicio Médico Legal. (2026). Estadísticas de muertes por causa externa, primer trimestre 2026. https://www.sml.gob.cl

Tsing, A. L. (2015). The mushroom at the end of the world: On the possibility of life in capitalist ruins. Princeton University Press.

Compartir:
Suscribete
Notificar de
guest

0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Nos encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x