A 95 años de la proclamación de la II República Española: ¿Cómo se fraguó el golpe de 1936 con el apoyo de Mussolini?

Por Víctor Borredá Martínez y Jimena Améstica
95 años de la proclamación de la Segunda República Española se cumplieron este 14 de abril, día en que las elecciones municipales de 1931 dejaron claro que la mayoría de los españoles querían cambiar el rumbo del país y terminar con la monarquía del rey Alfonso XIII.
El periodo, comprendido entre 1931 y 1936, según reconoce el historiador Jagoba Álvarez Ereño en ElDiario.es, se ha visto oscurecido “por bulos” que han querido identificar al proceso únicamente como “un prólogo inevitable de la Guerra Civil”. Sin embargo, el profesor replica y coincide con otros académicos, en que “los datos y el contexto europeo nos devuelven una imagen muy distinta: la de un esfuerzo democrático por la modernización en un continente que se desmoronaba”.
Y es que la Segunda República, durante sus primeros años, estableció derechos fundamentales de carácter progresista en el país a través de la Constitución de 1931. Destacó el sufragio femenino, la igualdad ante la ley, el divorcio, el matrimonio civil, la libertad de expresión y asociación, el derecho a la educación, la reforma agraria y mejoras laborales como vacaciones pagadas.

Todos estos avances en beneficio de la ciudadanía, distan de los relatos que hasta hoy describen el periodo como conflictivo. Álvarez refuta la “idea de que, desde su nacimiento, la República fue un incendio constante de iglesias y asesinatos. Si bien hubo episodios de violencia, la República disfrutó de periodos de notable estabilidad legislativa”.

Al respecto, el historiador insiste que la “conflictividad social española no era un rasgo ‘genético’ español”, sino que respondía a un contexto europeo marcado por “el miedo de la burguesía y grandes propietarios a la revolución (1917) además de la Crisis del 29 que agudizó los nacionalismos y los movimientos de extrema derecha”.
En este contexto de temor y convulsión internacional, España llegaría a unas nuevas elecciones en 1933, donde la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) lograría el triunfo. Además de paralizar las reformas republicanas, gobernarían con una impronta conservadora y ligada al catolicismo.
Para los comicios de 1936, las izquierdas afinarían sus conflictos internos, y unidos en la coalición del Frente Popular lograrían ganar las elecciones. Sin embargo, para ese entonces los reparos de los sectores conservadores, monárquicos y militares estarían instalados y dispuestos a desconocer el resultado. De acuerdo con el historiador y diplomático español, Ángel Viñas, este sería solo la punta del iceberg de una conspiración en contra de la República, la cual, según el académico, habría comenzado a fraguarse desde 1934 y terminaría desembocando en el Golpe de Estado y la Guerra Civil de 1936.
Viñas, acota que los monárquicos -la aristocracia, grandes propietarios y partidarios de Alfonso XIII, que buscaban restaurar la monarquía y acabar con la Segunda República Española- colaboraron con militares y otros grupos para preparar el golpe.
“Los monárquicos equipararon República a Revolución. Desde el principio, declaran la guerra a la República. Aunque una cosa es declarar la guerra retóricamente y otra cosa es hacer la guerra. Eso necesita preparación y esta es la conspiración que ponen en marcha. En 1934 ya hay un acuerdo con Italia para actuar en contra de la República”, explicó en una entrevista con Público.
Con ello, añadió que la Guerra Civil nació “de una sublevación militar contra el gobierno legítimamente en el poder y necesita, para justificar la sublevación, presentar a la República como la suma de todos los males posibles: desmembración de la patria, ataque a la propiedad, a la tradición, a la iglesia, al patriotismo. Una República en manos moscovitas, manipulada por los comunistas. Esos son los mitos del 18 de julio”, aseguró.
Durante toda su carrera, Viñas se ha dedicado a desmontar los relatos y mitos sobre estallido de la guerra, dejando en claro, a través de sus investigaciones, que los monarquicos buscaron y recibieron apoyo de la Italia fascista de Benito Mussolini, la que ayudó política y materialmente a la sublevación que desencadenó en la Guerra Civil. “¿Con quién hacen causa común los monárquicos? Con la Italia fascista. ¿Por qué? Porque Mussolini perseguía una estrategia de ambiciones imperialistas en el mediterráneo occidental”, argumentó.
Y en esta línea, explicó que España estaba “dentro de la línea de agresiones de la Italia de Mussolini. Empezó por Abisinia (Etiopía) y continuó por España, Albania y Grecia. El objetivo de Mussolini era dominar el Mediterráneo occidental y su gran pieza en su política internacional, por tanto, no es Abisinia. Es España”.
En el verano de 1936 el complot seguiría avanzando hasta culminar con el Golpe de Estado del 17 de julio en Marruecos y se extendió a la península ibérica el 18 de julio. En este punto se relevaría la figura del dictador Francisco Franco, con un papel decisivo que llega con la guerra cuando se convierte en jefe del bando sublevado y concentra el poder político y militar.
Si bien, desde octubre de 1936, Franco asumió el rol como jefe del nuevo Estado, no logró controlar toda España hasta el final de la guerra, donde el bando republicano sería derrotado. Por ello, la dictadura no se formalizaría hasta el 1 de Abril en 1939.
Según el británico Paul Preston, experto en la Guerra Civil, la dictadura y la transición española, “Franco no ganó por brillantez militar. Quería exterminar al pueblo republicano (…) si piensas en la ayuda abierta de Hitler y Mussolini, los problemas internos de la República y la ayuda oculta de Gran Bretaña, la victoria de Franco tiene relativamente poco que ver con el genio militar”.
“Mi antifranquismo no ha disminuido mucho, y mi profunda convicción de que la República tenía razón sigue vigente”, replicó el académico, reiterando al igual que Ángel Viñas que se trató de una guerra desigual.
TORTURA Y FOSAS COMUNES
El bando franquista cometió numerosas atrocidades durante la Guerra Civil y durante la posterior dictadura (1939-1975). Estas acciones, caracterizadas como un plan sistemático de exterminio y represión de la oposición política y social, dejaron miles de víctimas y fosas comunes.
Tras el golpe de Estado, el bando sublevado asesinó a más de 100 mil personas en zonas controladas, enterrándolas en cunetas y montes de manera extrajudicial. Según los reportes, se crearon cerca de 300 campos de concentración para los prisioneros de guerra y para la población considerada opositora al régimen.
A lo largo del conflicto se produjeron matanzas donde se eliminaron a cargos públicos, milicianos y simpatizantes republicanos. Las mujeres fueron objetivo de una doble represión, incluyendo rapados de cabeza, violencia sexual, humillaciones públicas, ingesta forzada de aceite de ricino, descargas eléctricas en zonas genitales, golpes, quemaduras, y el uso de torturas para estigmatizarlas.
Como explicó el historiador Arcángel Bédmar, “en la España franquista, durante la Guerra Civil y la posguerra una de las formas de represión que se usó específicamente contra las mujeres consistió en el rapado de sus cabezas“.
“Que sepamos, se conservan en España solo tres fotografías que reflejen esta humillación”, comentó.


