Niños, niñas y jóvenes en residencias del Estado: el verdadero sentido de acompañar a las infancias

Por Cristian Acosta
Hoy partimos temprano. Como tantas otras veces, el día comenzó cargando cajas, organizando mochilas y preparando los útiles que durante semanas distintos colaboradores de la Fundación Somos Hermanos fueron reuniendo con cariño para entregarlas en distintas residencias de niños, niñas y jóvenes bajo el cuidado del Estado.
En busca de donaciones de cuadernos y útiles escolares llegamos hasta la tienda de nuestro amigo Joaquín Campos. Cada cuaderno, cada lápiz y cada mochila representan algo más que un objeto: representan una oportunidad. Detrás de cada uno de esos útiles hay una historia posible. Un niño que puede comenzar el año escolar sintiéndose igual que los demás. Un joven que puede abrir un cuaderno nuevo y sentir, por un momento, que su vida también puede escribirse de nuevo.
Junto a mi Rosita, comenzamos nuestro recorrido por distintas instituciones. Este año, cinco de las residencias que estamos acompañando y apadrinando pertenecen a la Fundación Educeres, con quienes hemos construido un vínculo de colaboración para llegar con apoyo directo a los niños y jóvenes.
La residencia Likan, en La Florida nos recibió temprano. Allí entregamos mochilas y útiles a escolares que nos esperaban con esa mezcla de curiosidad, alegría y esperanza. Esos sentimientos que sólo se ven en quienes han tenido que crecer demasiado rápido. Niños que han aprendido a desconfiar del mundo, pero que todavía conservan esa capacidad maravillosa de volver a sonreír cuando alguien llega a visitarlos.
Después continuamos hacia San Miguel, a la residencia Newen, donde nos esperaban doce hermanos más. Cada uno recibió su mochila y sus útiles escolares. Pero lo más importante no fue la entrega material: fue el abrazo, la conversación, el momento de mirarnos a los ojos y recordarles que no están solos.
La residencia Anulen de San Bernardo sería la próxima. Ahí, los más pequeñitos nos esperaban con entusiasmo. Sus sonrisas al recibir sus mochilas nos recuerdan por qué hacemos esto. Porque cuando un niño que ha vivido abandono recibe algo preparado especialmente para él, no recibe sólo un objeto: recibe una señal de que alguien pensó en su futuro.
Estas actividades reflejan el corazón y los objetivos de la Fundación Somos Hermanos. Nuestro trabajo no se trata sólo de entregar ayuda material. Eso es apenas el primer paso. Nuestro verdadero propósito es generar intervención humana, familiar y comunitaria en la vida de niños, niñas y jóvenes que muchas veces han sido abandonados no sólo por sus familias, sino también por el sistema.
Como organización, creemos profundamente que un niño institucionalizado no necesita únicamente alimentación, educación o ropa. Necesita algo mucho más poderoso: vínculos humanos reales. Necesita sentir que alguien llega a verlo porque quiere, no porque sea su trabajo. Necesita sentir que en algún lugar del mundo existe alguien que lo considera importante. Por eso, nuestros voluntarios cumplen un rol tan impresionante y transformador. Cada visita, cada conversación, cada gesto de cariño se convierte en una pequeña reparación emocional para quienes han vivido historias de abandono, dolor y vulneración.
Pero cuando entramos a una residencia no llegamos como benefactores. Llegamos como hermanos mayores que toman la mano de quienes vienen detrás. Y ese gesto tiene un significado profundo, porque muchos de nosotros conocemos desde dentro lo que significa crecer en una residencia. Sabemos lo que es mirar la puerta esperando visitas que nunca llegan. Sabemos lo que es cumplir años sin familia alrededor. Sabemos lo que es crecer sintiendo que el mundo sigue avanzando sin uno. Por eso nuestra presencia no es caridad. Es memoria. Es historia compartida. Es compromiso.
Y nuestro trabajo no termina cuando estos niños crecen. Uno de los objetivos centrales de la Fundación Somos Hermanos es tomar la mano de quienes cumplen la mayoría de edad y son egresados o expulsados del sistema. Jóvenes que muchas veces quedan completamente solos, sin red familiar ni protección real del Estado. Para ellos, la fundación abre sus brazos, porque creemos profundamente en algo simple pero poderoso: somos hermanos.
Muchos de estos jóvenes salen al mundo sin herramientas, sin orientación y sin apoyo. De un día para otro pasan de vivir bajo un sistema institucional a enfrentarse completamente solos a la vida adulta. Por eso la capacitación de los jóvenes es nuestra alma mater como agrupación. Nuestro objetivo es entregar herramientas reales para la vida adulta: acompañamiento, formación, orientación, apoyo emocional y oportunidades para que puedan construir un camino digno.
Y en ese gesto simple como entregar una mochila, escuchar una historia, compartir una sonrisa, comienza algo mucho más grande: la reconstrucción del sentido de pertenencia. Un niño que se siente acompañado es un niño que puede volver a creer en el futuro. Porque ningún niño debería crecer sintiendo que está solo en el mundo.
