Indemnizan a familia de Manuel Hurtado, asesinado por militares en 1974: “Mi papá tenía un tiro de gracia en la mejilla y las manos amarradas con alambre”

El 18 de enero de 1974, el trabajador y militante del Partido Socialista fue ejecutado en Quillota durante un falso enfrentamiento. El hecho fue denominado por la dictadura como “Asalto a la patrulla”, donde también figuran como víctimas Rubén Guillermo Cabezas Pares, Pablo Gac Espinoza, Levy Segundo Arraño Sancho, Víctor Enrique Fuenzalida Fuenzalida, Hugo Hernán Aranda Bruna, Ángel Mario Díaz Castro, Osvaldo Mario Manzano Cortés y Arturo Julio Loo Prado.
Por Jimena Améstica
La Corte de Apelaciones de Santiago confirmó la sentencia que condenó al fisco a pagar una indemnización de $100 millones a la cónyuge e hijas de Manuel Hernán Hurtado Martínez, una de las víctimas ejecutadas por efectivos del Ejército el 18 de enero de 1974, en la ciudad de Quillota, en un falso enfrentamiento denominado por la dictadura “Asalto a la Patrulla”.
Los militares simularon el asalto a un convoy militar que trasladaba prisioneros entre la ex Escuela de Caballería y el Regimiento de Ingenieros, y fingieron que se habían fugado. Todo esto, para justificar la desaparición forzada de tres dirigentes sociales y políticos; y la ejecución de otros seis: Rubén Guillermo Cabezas Pares, Pablo Gac Espinoza, Levy Segundo Arraño Sancho, Víctor Enrique Fuenzalida Fuenzalida, Manuel Hernán Hurtado Martínez, Hugo Hernán Aranda Bruna, Ángel Mario Díaz Castro, Osvaldo Mario Manzano Cortés y Arturo Julio Loo Prado.
Como autores del delito de secuestro calificado fueron condenados los militares: Ángel Custodio Torres Rivera; Sergio Carlos Arredondo González, Francisco Javier Pérez Egert, Leonardo Quilodrán Burgos y Daniel Javier Walker Ramos.
Sobre la indemnización, la Decimocuarta Sala del tribunal de alzada descartó un error en la sentencia impugnada que dictó en primera instancia el 17º Juzgado Civil de Santiago. “Las alegaciones formuladas por el Fisco de Chile respecto de la improcedencia de la indemnización pedida basada en la excepción de reparación integral a las actoras y de prescripción de la acción civil, fueron desestimadas de manera acertada por el tribunal a quo, y esta Corte comparte lo decidido respecto estas materias que fueron esgrimidas como agravios en el recurso del Fisco de Chile”, sostiene el fallo.
En consecuencia, añade la Corte, el monto de las indemnizaciones “aparece adecuado como compensación por los padecimientos, aflicciones y males que las actoras han sufrido por la muerte de un ser querido en condiciones tan dolorosas para ellas, aunque no se puede olvidar que el daño moral, atendida su naturaleza, no puede ser objeto propiamente de reparación”, concluye.
“MI PAPÁ TENÍA BALAS EN TODO EL CUERPO”
Manuel Hernán Hurtado Martínez, era empleado de la Tesorería de Quillota y militante del Partido Socialista, y fue detenido cuando tenía 35 años, el 18 de septiembre de 1973 tras presentarse en la Comisaría de la ciudad después de ser citado.

Eda Hurtado, una de las hijas de la víctima recordó en su declaración el último día que estuvo en casa. “El 18 de septiembre de 1973 golpearon fuertemente la puerta, abrí y vi que la casa estaba rodeada de militares con metralleta y que preguntaban por mi padre. No estaba. Dejaron orden de que se presentara en la Gobernación a las dos de la tarde. Llegó mi padre, almorzó en silencio y se despidió. Dijo que volvería. Nunca más regresó, nunca más regresó, nunca más regresó. Me quedé mirándolo por la ventana y lloré. Tuve miedo. Pero no dije nada”, relató.
Tras ello, recordó que los primeros días de octubre fueron citados a la cárcel para despedirse, puede Hurtado sería trasladado a Pisagua. “Cuando mi padre se despidió de mí, lloró. Siento, siempre vuelvo a sentir el cuerpo de mi padre sollozando. Siempre, y ahora que escribo, siento el cuerpo de mi padre sollozando. Estuvo dos meses y medio en el Barco Lebu ubicado en altamar en Valparaíso”.
El 8 de diciembre, Eda contó que su padre volvió a Quillota y después del mediodía pudieron visitarlo. “Recuerdo con horror a mi padre”, aseguró, contando que tenía el rostro quemado, los brazos con
heridas, los tobillos heridos y un enorme vientre por desnutrición. “No se sentaba, tenía la boca hinchada y como quemada. Solo nos miraba. Miraba a lo lejos y recuerdo que le dijo a mi mamá que no fuéramos más a verlo. Que nos fuéramos al sur. Que después nos íbamos a encontrar”.
Lentamente, aseguró, comenzó un proceso de identificación con el cuerpo torturado de su padre, y sería años después cuando conoció de la voz de su tío el estado en que los militares dejaron sus restos. “Me dijo que mi papá tenía tenía un tiro de gracia en la mejilla y las manos amarradas con alambre, tenía balas en todo el cuerpo y masa encefálica afuera producto del tiro de gracia”.
UNA CARTA
Claudia Hurtado, la hija pequeña Manuel, tenía 4 meses de vida cuando su padre fue detenido, y hasta sus 13 años, la versión de la familia era que había muerto de un ataque al corazón. La verdad la conocería por casualidad un día antes de irse al colegio.
“En plena adolescencia a los 13 años, en el contexto de apertura democrática del plebiscito en Chile, me entero casualmente de manera sorpresiva y violenta a través de una carta que estaba en una maleta vieja de mi madre, la carta de defunción de mi padre (…) ese día me fui a clases con la carta, hasta ese momento quedé impactada”, contó.
Y es que el documento relataba que su cuerpo “estaba lleno de impactos de balas, desnutrido vientre abultado, amarrado el pantalón con cordones de zapatos, quemadas de cigarros en su cuerpo, es lo que
recuerdo, ese día en el colegio una profesora me contó que mi padre había sido asesinado”.
