El Tawjihi y la resistencia de Palestina: ululando por la vida, ululando por la muerte

Por: Javiera Abufhele Meza
Ulular: dar gritos o alaridos. En distintos pueblos alrededor del mundo existen variaciones de esta expresión vocal, que podría pensarse como el afafan mapuche. Es un grito que puede tener distintos significados dependiendo del contexto, puede ser ceremonial, de celebración, o como un sollozo lamento frente a la partida de un ser querido.
Sumud: palabra en árabe que representa firmeza y perseverancia, y la intención y acción de permanecer en el territorio.
Hace unos días nos fuimos enterando de los resultados de muchos y muchas jóvenes palestinas de Gaza, Cisjordania y la diáspora que rindieron el Tawjihi, prueba que se da al finalizar los estudios secundarios, cuyos resultados definen, en primera instancia, su futuro educativo, qué carreras podrán estudiar y dónde. Aunque en el contexto actual, es algo más que eso.
Kenan Tabal, un joven poeta y futbolista gazatí en Chile, compartió un registro del tenso momento que vivió junto a su familia previo a la publicación de los resultados del Tawjihi, rendido por Yaqoub, su hermano mayor. Su madre alternando inquieta la mirada entre el teléfono y el computador, su padre casi sin moverse, mientras el joven postulante parecía casi desvanecerse. El tiempo se detiene por un breve instante, hasta que Yaqoub finalmente se desvanece, mientras sus padres saltan, gritan y lo abrazan en un jolgorio que contagia. Aparece el resultado en sus pantallas, Yaqoub sacó un 94,9% en el Tawjihi. Nos invade una gran emoción. Sabíamos que Yaqoub estuvo estudiando intensamente y trasladándose varios días en la madrugada desde Recoleta a Las Condes, para rendir esa prueba de forma remota en la Embajada de Palestina a las 02:00 horas de Chile, 09:00 horas en Palestina.
Mientras celebramos a este joven palestino y su familia –llegada desde Gaza para refugiarse en Chile hace apenas un año–, al mismo tiempo y en paralelo, se nos aprieta la garganta al ver las imágenes recientes de Gaza y los ataques violentos de los colonos en Cisjordania que alcanzan su máximo histórico en las últimas semanas.
“Gracias por sus amables pensamientos y oraciones. Alhamdulillah, estamos a salvo, aunque nuestros corazones están apesadumbrados”, nos escribe Zaynab Hinnawi, una amiga y colega psicóloga desde Nablus, Cisjordania, en el contexto de la intensificación de la invasión: “Ayer, mientras los colonos atacaban pueblos y aldeas palestinas, se anunciaron los resultados del Tawjihi. Mi hija estuvo entre los estudiantes que aprobaron, graduándose con un promedio del 96,9%”.
Refugiados por todo el mundo, repartidos por distintos parajes de este planeta que arde y que se inunda a la vez, como pedazos de Palestina repartidos por doquier, Palestina rota y unida, tenemos un momento de celebración dolorosa y total.
Debido a los desplazamientos de la población palestina que vienen sucediéndose desde hace más de 120 años, gran parte de su población es a la vez parte de prácticamente todo el mundo. Entre los campos de refugiados y la diáspora palestina son generaciones que componen una red que se estremece en tiempo real frente al genocidio. Tal vez como una resistencia informe y rizomática, pero global, cada acto de vida y resistencia dignifica y fortalece el espíritu de las palestinas y palestinos, mientras se desarrolla lo que podría pensarse como la última fase del genocidio: la negación, como sugiere la psiquiatra y escritora palestina Dra. Samah Jabr, aludiendo a la obra del experto en genocidios Gregory Stanton.
En este contexto, el Tawjihi es mucho más que una prueba individual que se da al finalizar los estudios secundarios. Como nos sigue contando Zaynab desde Nablus, “para los palestinos, la educación es uno de los pilares más sólidos de nuestra resiliencia y firmeza; por ello, incluso en medio de la violencia, las familias se aferran a este momento de esperanza. En ese mismo instante, los ululeos de júbilo que celebraban el éxito de los estudiantes resonaban junto a los ululeos que honraban a nuestros mártires. Esta es la dolorosa realidad de Palestina, donde la alegría y el duelo conviven. Ciertamente, es la tierra del dolor y del sumud”.
El carácter de los palestinos ha sido forjado a partir de esta historia, una historia que debe, cada día, luchar por ser narrada a contracorriente de la deshumanización, criminalización e infantilización de la resistencia al borramiento.
Con o sin el sonido infernal de los drones encima de su cabeza, Yaqoub estruja el tiempo y la vida que tiene entre sus manos para preparar esta prueba, que tal vez es también una prueba de vida, no solo la suya, sino la de todo un pueblo. Cada palestino que enfrenta el mundo sabe que existir ya es extraordinario. Con él y a través de él, también vive Palestina.
Tanto Yaqoub desde Chile como la hija de Zaynab desde Nablus, podrían estudiar medicina con sus altos puntajes. Hoy la familia Tabal enfrenta el desafío de conseguir una beca para que Yaqoub pueda cumplir el sueño de convertirse en médico, sueño que alberga desde temprana edad, como muchos palestinos que han crecido entre los ululeos por la vida, y ululeos por la muerte.

