El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

El tuit de Seguridad: ¿hay trolls dentro de La Moneda?

689800194 18115290421761678 6244742936892597445 n

Por Álvaro Ortiz

Este miércoles, el operativo encabezado por Fiscalía y Carabineros en Temucuicui, que terminó con cinco detenidos, parecía abrirle al gobierno de José Antonio Kast una oportunidad que hasta ahora no había tenido: mostrar un primer hito en seguridad. Si bien es solo el principio de la administración, hasta ahora la promesa de “mano dura” contra la delincuencia ha estado ausente en la conversación. El debate público ha girado más bien en torno a pifias comunicacionales del Ejecutivo, salidas de libreto de sus ministros favoritos, Jorge Quiroz e Iván Poduje, y la tramitación acelerada de la ley Miscelánea.

Asimismo, la cartera de Seguridad, llamada a conducir esta agenda, ha terminado atrapada en cahuines personales de la ministra Trinidad Steinert, más que en planes de acción concretos. Primero, por la inexplicable desvinculación de la subdirectora de Inteligencia de la PDI, episodio que, según Ex-Ante, ya anticipa un informe de Contraloría “no amable”; y luego, por la controvertida sociedad con su exmarido, abogado que habría defendido a un narcotraficante. 

Sin embargo, con lo de Temucuicui, por fin tenían algo distinto entre manos: un resultado para empezar a hacerse cargo de lo prometido. Pero, tal como nos ha demostrado la política reciente, desde Pamela Jiles a Renato Munster, un tuit puede ser un arma de doble filo.

El Ministerio de Seguridad cometió un error digno de practicante al usar su cuenta oficial de X para comparar burlescamente el logro, que además correspondía al Ministerio Público, con el fallido ingreso de la ex ministra Izkia Siches a la misma zona, a inicios del gobierno de Gabriel Boric. “Mientras el gobierno pasado salía a balazos de Temucuicui, la ministra Steinert salió con cinco detenidos”, decía el mensaje, que fue borrado minutos después.

Más allá de una simple equivocación de cuentas personales con institucionales, como señalaron a La Tercera, fue inevitable pensar en la similitud del mensaje con una polémica no tan lejana. La exministra de la Mujer Antonia Orellana lo notó al instante: “Se les confundió la cuenta troll”, dijo en X.

La frase conectó porque el tuit apareció justo después de una campaña marcada por la discusión sobre bots y ataques digitales contra políticos, de los que su único sospechoso era Kast.

Recordar que el año pasado CHV Noticias reveló cómo algunas de estas cuentas anónimas operaban para denostar a las candidatas Evelyn Matthei y Jeannette Jara. La trama incluso terminó golpeando a Patricio Góngora, quien dejó el directorio de Canal 13 tras ser vinculado con la cuenta troll “Patito Verde”, mostrando las esferas de poder en las que circulaba esta estrategia.

Por eso el mensaje del Ministerio de Seguridad no solo fue grave por su torpeza, sino porque dejó asomar, aunque haya sido por error, una forma de acoso digital que la extrema derecha viene haciendo propia durante la última década para manchar el debate público por fuera y convertir la política en una confrontación permanente, donde el adversario deja de ser alguien con una posición legítima y pasa a ser objeto de ridiculización, como si humillarlo fuera una forma de desarmar su discurso.

Esa lógica se ha visto más descaradamente en liderazgos como Donald Trump, que ha difundido videos generados con inteligencia artificial para ridiculizar a figuras como Barack Obama o Joe Biden, o Javier Milei, cuya retórica contra los “cucas” fue rápidamente adaptada para denostar a la izquierda en Argentina.

Autores como Matt Dafaure han descrito este fenómeno como la “Great Meme War”, porque la disputa política trasladó al mundo digital viejas lógicas de propaganda asociadas a la guerra, pero adaptadas al lenguaje de los memes, la ironía y la provocación. Antes del ascenso al poder, buscan preparar el terreno, mover los límites de lo aceptable y hacer circular ideas cada vez más extremas bajo la apariencia de una “simple talla”. 

El tuit de Seguridad hizo chocar dos mundos que nunca debieron tocarse: el de la autoridad, que habla desde el poder del Estado, y el del troleo, que no respeta ningún límite básico de la conversación pública. Kast siempre negó estar detrás de esa maquinaria digital, pero cuando ese lenguaje aparece desde una cuenta del Estado, cuesta no asociarlo con las prácticas que nunca condenó. 

Compartir:
Suscribete
Notificar de
guest

0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Nos encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x