¿Nos mintió el director de la PDI? Todo indica que sí

Por Verónica Aravena Vega
No me voy a andar con rodeos. Eduardo Cerna, director general de la Policía de Investigaciones de Chile, se sentó el lunes 6 de abril ante la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados y mintió. Mintió con citas al artículo 92, con la dicción impecable de quien ha ensayado frente al espejo y ha decidido que la dignidad profesional es un precio razonable a cambio de conservar el cargo.
Lo que sigue es la cronología desnuda de los hechos, el ejercicio básico de poner una fecha al lado de la otra y ver qué dibujo aparece. Y el dibujo, para quien tenga ojos y no los haya empeñado a la lealtad partidaria es obscenamente claro.
1. La cronología de los hechos
11 de marzo de 2026: Trinidad Steinert asume como ministra de Seguridad Pública. Primera mujer en el cargo. Gran fanfarria.
13 de marzo: cuarenta y ocho horas después, Steinert firma un oficio reservado dirigido al director de la PDI solicitando antecedentes detallados sobre los funcionarios de la Brigada de Narcóticos de Tarapacá que trabajaron bajo su dirección en el caso Clan Chen. Nombres, traslados, fundamentos, destinaciones. Todo.
20 de marzo, viernes: tras una reunión entre Steinert y Cerna, se cursa el llamado a retiro de Consuelo Peña, subdirectora de Inteligencia, Crimen Organizado y Seguridad Migratoria. Treinta y seis años de servicio. La mujer que había ordenado el traslado de los funcionarios que Steinert quería de vuelta.
21 de marzo, sábado: Peña recibe la notificación en Arica. En Cerro Chuño, para ser exactos. Nadie le explica nada. No hay proceso. No hay audiencia. No hay nada que se parezca a un acto administrativo con fundamento.
Siete días separan el oficio reservado del retiro de Peña. Siete. Y Cerna quiere que creamos que fue una decisión institucional autónoma. Que fue él. Que nadie le pidió nada.
Por favor.
2. Así se construyó el relato
Cerna llegó a la Comisión con un guion que cualquier alumno de primer año de derecho administrativo desmontaría en diez minutos. Citó el artículo 92. Dijo que Peña tenía 36 años de servicio. Que desde 2022 se han cursado 48 retiros de oficiales generales. Que la carrera policial tiene un tope de 38 años. Normas, números, todo muy prolijo.
Lo que no dijo es por qué Peña fue retirada exactamente una semana después del oficio reservado. No dijo por qué no se la retiró antes, si la normativa lo habilitaba desde hacía años. No dijo qué cambió entre febrero y marzo de 2026 para que sus 36 años de servicio se volvieran un problema urgente. No dijo nada de eso porque decirlo habría sido confesar.
3. El presidente Kast también mintió, y Cerna cargó con la cuenta
Antes de que Cerna llegara al Congreso, Kast ya había cerrado la trampa. Desde Argentina, declaró que la salida de Peña fue decisión del director general. Respaldó a Steinert. La blindó. Le puso a Cerna la pistola institucional en la sien: o asumes la responsabilidad o te vas tú también.
Cerna eligió mentir. Se convirtió en el fusible perfecto: lo suficientemente alto para que el relato sea creíble, lo suficientemente prescindible para que, si la cosa se pone fea, sea él quien ruede.
Lo insoportable no es solo que haya mentido. Es que todo el mundo lo sabe. Los diputados, la oposición, el oficialismo, los funcionarios de la PDI que llevan semanas recibiendo mensajes anónimos por WhatsApp sobre la guerra interna. Y sin embargo, el circo sigue como si la credibilidad de un director de policía fuera un bien fungible, algo que se gasta y se repone según la conveniencia del ciclo noticioso.
4. ¿Tenía alternativa?
Hagamos el ejercicio. Pongámonos en sus zapatos ¿Tenía alternativa?
Sí.
No soy ingenua. Gobernar implica zonas de opacidad. Todo ministro oculta, todo presidente administra silencios. Hay información que no se comparte, tiempos que se manejan, verdades que se dosifican. Eso es la política: el lado sucio pero funcional del ejercicio democrático del poder. No me escandalizo por eso. No tengo quince años.
Pero esto es otra cosa. Esto es sentarse ante el órgano fiscalizador del Estado y construir deliberadamente una narrativa falsa para encubrir una represalia personal.
Podía haber dicho la verdad. Le habría costado el cargo. Pero le habría dejado la dignidad intacta y, sobre todo, la credibilidad de la PDI frente a sus propios funcionarios. También podía haber pedido sesión secreta, invocar razones de seguridad nacional, entregar una versión matizada bajo reserva. Tenía herramientas. Lo que no tenía, lo que eligió no tener, era voluntad de enfrentar al poder.
Aquí no estamos ante un político que exagera cifras. Estamos ante el jefe de la policía civil mintiendo para tapar el abuso de autoridad de su superiora. Eso corrompe de una manera que no se repara con un cambio de gabinete.
5. Las consecuencias para la PDI
Cuando el jefe máximo de una policía miente ante el parlamento para proteger a una ministra, el daño es orgánico. Se mete en los pasillos, en las brigadas, en cada detective que sale a trabajar sabiendo que la carrera funcionaria ya no depende de lo que hagas, sino de a quién le caes bien.
Peña dirigía Inteligencia. La unidad que debe operar con autonomía total del poder político, porque su función es producir información veraz, no información cómoda. Si la jefa de inteligencia puede ser removida porque una ministra tiene cuentas pendientes con ella —y el director avala esa remoción y miente sobre sus causas—, el mensaje es brutal: no investigues lo que incomoda, no toques a los protegidos del poder.
6. Las consecuencias para el Ministerio
El Ministerio de Seguridad fue creado por la Ley 21.730 para profesionalizar la conducción civil de la seguridad y establecer cortafuegos entre política y operación policial. Llevaba unos días en el cargo cuando Steinert lo convirtió en oficina de ajustes de cuentas.
Cerna, al mentir, ensució la relación entre el ministerio y la PDI de una manera que tardará años en repararse. Cada futuro oficio se leerá con sospecha. Cada traslado se interpretará como potencial represalia. El capital de confianza institucional, que ya era frágil, acaba de recibir un golpe del que no se recupera con un comunicado de prensa.
7. Las consecuencias para el gobierno
Kast llegó prometiendo orden, mano firme, respeto por las instituciones. A las tres semanas tiene a su ministra de Seguridad investigada por la Contraloría, a su director de la PDI mintiendo en el Congreso y a la principal unidad de inteligencia criminal descabezada por una venganza personal.
Si en la tercera semana ya se miente ante el parlamento y se sacrifican carreras de 36 años por lealtad política, ¿qué queda para el mes seis? La erosión democrática no es un evento. Es un goteo. Y este gobierno ha decidido abrir el grifo antes de terminar de instalarse.
8. Que conste
Eduardo Cerna compareció ante la Comisión de Seguridad el 6 de abril de 2026 y ofreció una versión que contradice la cronología documentada, las evidencias públicas y el sentido común más elemental. Dijo que fue él. No fue él. Fue la ministra. Y él lo sabe. Y ella lo sabe. Y el presidente lo sabe.
Y ahora lo sabemos todos/as.
La pregunta que queda no es sobre Cerna ni sobre Steinert. Es sobre el umbral. ¿Cuánta mentira institucional tolera una democracia antes de dejar de serlo? Chile no tiene la respuesta todavía, pero llevan un mes de gobierno y ya están tanteando el límite. Que nadie diga que no lo vio venir. Otra vez.

