El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

PDG = Parisi Doesn’t Give Up (He Waits)

6a6ceace c9cc 4bc9 9f10 d8bdaa55711f

Por Álvaro Ortiz

De eso se trata: de poner a Franco Parisi en La Moneda. Para eso nació el Partido de la Gente (PDG) y por eso mismo es tan difícil explicar su lógica política. Ese eslogan de “ni facho, ni comunacho” no es una síntesis, es un vacío. Porque no se trata de ideas, se trata de una figura, de una personalidad que ordena todo lo demás.

Parisi no construyó un proyecto político tradicional. Construyó una identidad. La del tipo que “la hizo”, que entendió cómo moverse, que logró instalarse como alguien exitoso en un país que mide el valor en función de eso. Hay algo ahí del emprendedor que supo leer el momento: alguien que transmite certeza, que simplifica problemas complejos y que se posiciona como alguien que tiene respuestas.

“No lo supieron valorar, pero era el presidente que necesitábamos”. La frase suena a comentario de Facebook, pero no: la publicó el propio Franco Parisi. Y ahí está lo interesante. No es solo apoyo de terceros, es autoafirmación. Es la construcción consciente de un relato donde él ya ocupa el lugar que quiere disputar. No es solo campaña: es interpretación anticipada del poder. 

Esa lógica no se queda en lo simbólico. En su conversación con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz -en medio de los esfuerzos del gobierno por asegurar el avance del plan de Reconstrucción Nacional- Parisi no aparece disponible, sino que se instala como imprescindible. Abre la puerta a respaldar, pero en sus propios términos, marcando posición y fijando su propia relevancia en la negociación. Y el remate es todavía más explícito. Según Ex-Ante, tras cerrar el acuerdo, el ex candidato le dijo: “me la estás regalando para el 2029”.

Y es precisamente ahí donde se empieza a entender el fondo del asunto. Porque cuando la política deja de ser una disputa de ideas y pasa a ser una disputa de percepciones, lo que importa no es el programa, sino quién logra instalar mejor su personaje. Se empieza a parecer más a un torneo que a una democracia. No hay proyecto colectivo que sostenga, solo posiciones que se conquistan y se pierden.

En ese escenario, lo del PDG no es un accidente, es un éxito. En 2021 terminó sin representación efectiva, pese a haber elegido seis diputados. En 2025 tiene 14. En el mismo periodo, partidos tradicionales han tenido que pelear por no desaparecer del mapa, como la Democracia Cristiana. Y Parisi, además, quedó a un 4% de dejar fuera de segunda vuelta a José Antonio Kast. Más que una anomalía, es una señal de que esta forma de hacer política sí está encontrando espacio. 

El PDG, además, le restriega a la izquierda que entiende mejor el juego. Porque mientras se insiste -muchas veces con razón- en denunciar que el gobierno favorece al empresariado, eso no necesariamente se traduce en alternativas claras. Y menos en algo que conecte con una ciudadanía a la que cada vez le importa menos quién tiene la razón, y más cómo eso se traduce en su vida. El PDG, en cambio, trata de rescatar algo. Como lo del IVA a los remedios y pañales: simple, directo y fácil de entender. Y en política, eso mueve. 

Uno de los mejores ejemplos de cómo aprovechar esa lógica es Jeannette Jara. Su crecimiento no vino solo de grandes relatos, sino de saber anclarlos en políticas concretas que sí impactan: las 40 horas, la reforma previsional. Ni siquiera aparecía al inicio y terminó quedándose con unas primarias que hasta hace unos meses atrás eran para Carolina Tohá. Ahí hay una lección evidente y es exactamente lo que Parisi parece estar oliendo

Su próximo movimiento puede ir por ahí: tomar lo poco rescatable que pueda tener la ley de Reconstrucción Nacional de Kast, apropiárselo y traducirlo en algo propio. Eso le permite jugar en un equilibrio incómodo pero efectivo: acercarse a la derecha cuando le conviene, pero sin dejar de hablarle a un electorado que se siente fuera del sistema.

Todo esto pasa, además, en un contexto donde el péndulo político viene saliendo del ciclo de Gabriel Boric y moviéndose hacia el otro extremo. Y en ese desgaste, lo que aparece no es necesariamente una ideología nueva, sino una forma distinta de hacer política: más personalista, más directa, menos estructurada.

Todavía falta mucho. Van dos meses de gobierno, pero ya se empieza a notar que, si la política se sigue jugando en estos términos, no basta con tener razón en el diagnóstico: hay que competir en el mismo terreno. De lo contrario, el partido que instaló a figuras como Dr. File (expulsado de la bancada) o Javier Olivares en el Congreso pueden terminar dando el siguiente paso. Y ahí ya no se trataría solo de diputados.

Compartir:
Suscribete
Notificar de
guest

0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Nos encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x