El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

Otro 8M de precariedad laboral y afectiva

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 “El neoliberalismo es inventivo y eficaz

a la hora de utilizar a la precarización 

como sistema de gubernamentalidad” 

(Lorey, 2016)

“You know with love come strange currencies

[sabes que el amor conlleva intercambios extraños]”

(R.E.M.- Strange Currencies, 1995)

Por Natalia Hurtado, psicóloga clínica 

Los modos de producción contemporáneos, bajo la lógica de un mercado neoliberal, han configurado un escenario donde la clase trabajadora es sistemáticamente arrasada por la precariedad laboral (Cavallero & Gago, 2020). Esta realidad no solo se manifiesta en la inestabilidad contractual y la erosión de la protección social, sino que también impacta profundamente en la subjetividad: la imposibilidad de proyectar un futuro viable degrada la salud mental y física, reduciendo la vida a una lucha por la supervivencia inmediata. 

Pero la precariedad tiene dos caras. Como propone Judith Butler (2010), existe una vulnerabilidad natural por el hecho de ser humanos y depender de otros [precariousness]; sin embargo, el sistema ha fabricado una precariedad política [precarity] que despoja a ciertos grupos de seguridad y reconocimiento, volviéndolos desechables y menos dignatarios de cuidado. En este contexto, la tan mentada “libertad financiera” no es más que una estafa ideológica. Su herramienta principal es la deuda (Cavallero Gago, 2020), un dispositivo que convierte a las personas en “empresarios de sí mismos” que deben especular incluso con su salud y vivienda. A diferencia del salario, que explota nuestro presente, la deuda captura nuestro tiempo futuro: nos obliga a trabajar indefinidamente para pagar lo que ya consumimos para sobrevivir. Es así, que el dispositivo de la deuda, se transforma en un pilar subjetivante y que se encarna en los modos relacionales que vivimos actualmente, la individualización de la responsabilidad de manejar nuestras finanzas de modo correcto o incorrecto, pero también de nuestros afectos. 

En este marco, la precariedad política, como la entiende Butler, se experimenta de forma diferenciada y agudizada en las mujeres. La desventaja no es solo estadística —evidenciada en brechas salariales de hasta el 27% o en la alta tasa de informalidad (Buk, 2024)— sino estructural. Como señaló Federici (1975), el sistema se sostiene sobre una doble carga de trabajo: una jornada laboral precarizada y una labor de cuidados no remunerada. Esta última, invisibilizada bajo el mandato del afecto, constituye el soporte oculto de la economía y el terreno donde hoy las finanzas despliegan su poder extractivo, convirtiendo la necesidad de cuidar en el motor de un endeudamiento forzoso. La deuda se instala como mecanismo de gubernamentalidad, es decir, como un dispositivo estructurante y subjetivante. Y, lamentablemente, la deuda no es solo económica, sino que también afectiva.  

Es aquí donde el neoliberalismo despliega su tecnología más eficaz: la privatización del afecto. Al instalarnos el discurso del auto-empoderamiento y el “solo me importa mi familia”, se crea una autoprecarización afectiva (Cano, 2018), es decir, el descuido de los vínculos y redes de apoyo de manera “voluntaria” o inconsciente, replegandose solamente a la familia. Así, la familia nuclear se convierte en el aliado perfecto del sistema al presentarse como el único refugio posible, aislándonos del mundo social, confiando meramente en que el amor y el apoyo puede ser otorgado sólo en el ámbito privado del hogar (Lewis, 2022/2023). 

Para clarificar, no se está en contra de las familias como tal, sino que del uso perverso que se la ha otorgado a esta institución en la medida que se instala como si fuera el único recurso posible de afectividad (Valdés [coord.], 2025), negando un intercambio con otros espacios y grupos de la sociedad. En la lógica de la privatización afectiva, si no se cuenta con una familia “funcional” o con recursos materiales, el único destino posible para el sujeto es el desamparo del mundo social en la medida que el Estado no otorga las bases necesarias para una vida digna. Esta visión desconoce radicalmente la existencia de otros vínculos que van más allá de la familia o de la pareja heteronormada. 

Este aislamiento nos hace creer que el “yo” es nuestro único soporte subjetivo. Tenemos miedo a enlazarnos con extraños, a correr el riesgo de construir vínculos nuevos que nos exijan responsabilidad, a tener que hacernos cargo de ese vínculo, de que no funcione y nos rechacen o de que efectivamente funcione y tengamos que disponernos a construir. Preferimos “ahorrar” ese riesgo emocional, sin darnos cuenta de que ese ahorro nos condena a la soledad del deudor.

Ante este escenario vale la pena preguntarse si habrá alguna salida posible. En ese sentido, la resistencia hoy pasa por recuperarla potencia afectiva. Como sugiere Valdés (2025), su despliegue está en el encuentro con los otros, y aquí toma un lugar central el deseo como pieza clave. No se trata del deseo de comprar objetos (a propósito de la deuda), sino del deseo de conexión, comunidad y transformación.

Un encuentro con otros que nos permita construir intercambios que no se ciñan meramente a lo monetario, sino que se construyan en base a la reciprocidad. No se trata de un romanticismo ingenuo, sino de una necesidad política: reconocer qué vínculos aumentan nuestra alegría y nuestra fuerza de obrar, y cuáles nos deprimen o someten. Para protegernos de la precariedad, es imperativo salir de la casa, romper el encierro y volver a encontrarnos. En un mundo que nos quiere aislados y endeudados, construir comunidad es el acto de rebeldía más urgente.

Referencias

Butler.. J. (2010). Frames of war. When is life grievable?. Editorial: Verso, Brooklyn.

Buk. (2024). Radiografía de las mujeres en el trabajo 2024. https://www.buk.cl

Cavallero, L., & Gago, V. (2020). Una lectura feminista de la deuda: ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!. Editorial: Tinta Limón, Buenos Aires.

Cano, V. (2018). Solx no se nace, se llega a estarlo. Ego-liberalismo y auto-precarización afectiva. En Nijensohn, M (comp.) (2018). Los feminismos ante el neoliberalismo. Editorial, LATFEM, Buenos Aires. 

Federici, S. (1975). Wages against housework. Falling Wall Press.

Leroy, I. (2016). Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad. Ed: Traficantes de sueños, Madrid.

Lewis, S. (2023). Abolir la familia: Un manifiesto por los cuidados y la liberación. Editorial: Traficantes de Sueños, Buenos Aires.

R.E.M. (1995). Strange Currencies [Canción]. En Monster. Warner Bros.

Valdés, A. (Coord.). (2022). La potencia afectiva: Deseo, cuerpo y emociones. Editorial: Continta me tienes, Madrid.

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