El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

“¡Viene el asistente social: escondan la tele!”: sobre la viveza del chileno y las lecciones de honestidad del ministro Quiroz 

Por: Verónica Aravena Vega

OPINION Y LETRITAS 600 x 460 px 6

Lo primero que aprendí sobre el Estado no me lo enseñaron en la universidad. Me lo enseñó mi mamá a los nueve años, con una frase que en mi población era casi un refrán: “viene la asistente social, escondan la tele”. Y ahí íbamos todos, chicos y grandes, a cargar el televisor a la pieza del fondo, a taparlo con una frazada, a dejar la casa con cara de pobreza certificada. La lógica era clarísima: si tenías dos teles, no eras tan pobre y si no eras tan pobre, no te tocaba la ayuda. Daba igual que no alcanzara para estudiar, que el mes se hiciera eterno, que la olla fuera un milagro diario. Contaba la foto y la foto había que arreglarla.

Me acordé de la tele esta semana, cuando el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anunció en Radio Infinita que el Gobierno por fin se va a poner serio con la gratuidad universitaria. Va a cruzar datos, va a revisar, va a fiscalizar. ¿La razón? Le parece “sospechoso” que 80 mil beneficiarios declaren vivir solos y le llama la atención que haya tantos hogares “sin padre”. Y entonces, con la serenidad del que nunca en su vida ha tenido que esconder un televisor, lo soltó: existe “la viveza del chileno” y esa viveza la va a ir “controlando y eventualmente eliminando”.

Lo de los “hogares sin padre” es donde mejor se ve el tamaño del problema. El ministro los nombra como una anomalía, casi como la huella de un fraude, cuando son la vida de media población chilena. Madres que crían solas, a las que este señor mira de entrada como sospechosas. A él no se le ocurre que esa persona viva sola y se parta el lomo trabajando. Piensa directo en el fraude. Hay que no haber pisado nunca una población para creer que criar sin padre es un truco de contabilidad.

Y ojo, no vengo a hacerme la tonta: hay gente que tuerce las reglas y lo vi toda mi infancia. Se esconde una tele, se declaran 100 o 200 lucas menos, se dice que se vive solo. No porque seamos un pueblo de delincuentes, sino porque las reglas las escribe gente como el ministro, que no tiene idea de lo que es llegar a fin de mes con el agua al cuello. El sistema es tan mezquino que hay que torcerlo para arrancarle lo que en un país decente te tocaría por derecho. Alguien decidió que con una pega de una hora al día ya no necesitas nada. Y una tele, por si al ministro le interesa, no es un lujo: distraerse un rato también es un derecho. Para los pobres, más.

Y el sermón no se vuelve insoportable por lo que dice, sino por quién lo dice. Lo dice Jorge Quiroz. El economista cuya consultora, Quiroz y Asociados, diseñó el célebre “modelo Quiroz” que, según consta en el fallo del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, les sirvió a Agrosuper, Ariztía y Don Pollo para coordinar y sostener la colusión de los pollos. El mismo que, en el caso de las farmacias, informó a favor de Salcobrand. Ese es el hombre que ahora se para frente a un micrófono a prometer que nos va a limpiar de viveza.

Mi vecina esconde la tele para que le salga un bono de cuarenta lucas. Eso es viveza del chileno, eso hay que controlarlo y eliminarlo. Fijar durante años el precio del pollo y de los remedios de todo Chile, en cambio, es una asesoría económica. Que alguien me explique a quién le sale cara, de verdad, la viveza ajena.

Es el mismo ministro que esta semana nos ilustró con que “nadie consume parafina” – dígaselo a las familias que calientan la pieza a parafina porque el gas no alcanza – y que pidió no confundir el Ministerio de Educación con “el ministerio de los profesores”. Tiene un dedo finísimo para encontrar la grasa del presupuesto. Apunta siempre al mismo lado: hacia abajo.

Vivimos en un país donde las instituciones no funcionan y donde todos tuercen la regla, empezando por los de arriba. Nadie es más honrado por tener más plata. La viveza de mi población rasguña un bono para llegar al día 30. La de los que se sienten dueños de Chile – la clase política, los ricos, la derecha y la extrema derecha que hoy gobiernan – se queda con una riqueza que es de todos y la pagamos todos. Los vivos de verdad, los que se han hecho con un país entero, no viven en mi población. Tienen oficina, tienen informe técnico y ahora, tienen ministerio.

Así que no, ministro: no me venga a cuestionar ni a darme clases de moral, que es lo que menos conoce. El sistema no está para vigilarnos; debería estar para cuidarnos. Y el día que de verdad quieran perseguir la viveza chilena, todos sabemos por dónde habría que partir y no es por la pieza del fondo ni por la tele debajo de la frazada.

Nosotros aprendimos de chicos a esconder la tele cuando venían a revisarnos. El único que debería ponerse nervioso el día que crucen los datos, ministro, es usted.

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    Doctora en Género y Política de la Universidad de Barcelona y Máster en Masculinidades. También cursó estudios de Máster en Psicología Organizacional en la Universidad Miguel Hernández, España y obtuvo un Máster en Psicología Social en la Universidad de Talca, Chile.

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Paola FAUNDEZ GARCIA
Paola FAUNDEZ GARCIA
3 horas atrás

Que buen articulo Verónica. Refleja con claridad lo limitado del conocimiento que tiene este Ministro del pais y lo triste que nos parecen a todos sus terribles comentarios, vergonzosos realmente.

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