“Aunque tengas una mala racha, nunca te tires a un facha”: sobre Fyra, el “Tinder rojo” que filtra por ideología
Por: Verónica Aravena Vega

La frase apareció en un comentario, al pie de una publicación entre cientos de respuestas firmada por alguien a quien no conozco. Se hablaba de una aplicación de citas para personas de izquierda y una usuaria zanjó el debate con una rima que merecería estar en una pancarta: “aunque tengas una mala racha, nunca te tires a un facha”. Me reí. Después me quedé pensando.
La aplicación se llama Fyra. Conviene empezar por ahí, porque casi todo lo que se dijo de ella este año era, como poco, impreciso. No es nueva: antes se llamó Lefty y luego Flamr, y la desarrolla una empresa brasileña, Similar Souls do Brasil. Tampoco es un fenómeno masivo. Supera las 100 mil descargas en Google Play, unas 360 mil en total según AppBrain, con un promedio de unas 700 al día. Un nicho, en resumen. De los que tocan un nervio.
Lo que promete es sencillo. En su propia descripción sostiene que las relaciones con personas que piensan muy distinto a tus convicciones políticas tienden a desgastarse con el tiempo y que ese desgaste puede evitarse encontrando a alguien que piense como tú. La app, dicen, sirve para acelerar el proceso y conectar a gente con ideas y valores similares. No solo pesa la foto, pesan las causas que uno defiende: el feminismo, el ecologismo, entre otras y van por delante de todo lo demás. La política aparece en la carta de presentación, antes que la química.
Filtrar de antemano, ¿es cuidarse o es tener miedo?
¿Por qué ahora?
Que una app así encuentre público no es casualidad. Lleva años documentándose un fenómeno que a mí me parece el trasfondo de toda esta historia: la brecha ideológica de género entre los jóvenes. Ellas se van a la izquierda, ellos a la derecha y la distancia crece.
Y no es un misterio de dónde sale ese giro. La investigación lo repite hasta el cansancio. Precariedad sin salida, una reacción contra el feminismo que muchos viven como humillación personal y una maquinaria de discursos anti-género que va de la derecha radical a los gurús de internet, ofreciéndoles a los chicos una identidad a cambio de señalarles un enemigo. Casi siempre, ese enemigo son ellas.
Los datos españoles son elocuentes. Según el análisis que hizo Funcas de la Encuesta Social Europea, en 2024 los hombres jóvenes se situaban de media en un 5,4 en la escala ideológica de 0 (izquierda) a 10 (derecha) un punto entero por encima de las mujeres de su edad. En los extremos la foto es aún más nítida: un 21% de los hombres jóvenes españoles se ubica en el tramo más a la derecha de la escala, frente a un 11% de las mujeres menores de 28. En Chile la cosa no es distinta. En la segunda vuelta de 2021 el voto joven y femenino se volcó en Boric y en el plebiscito de diciembre de 2023, entre los menores de 34, ellas votaron un 70% en contra del texto de la derecha republicana y ellos un 63%. En noviembre de 2025, investigadores de la Universidad de Concepción advertían de que esta polarización de género, si persiste, puede fragmentar la agenda pública en burbujas irreconciliables.
Ahí es donde la app deja de ser algo anecdótico. Si la mitad progresista de una generación es, mayoritariamente femenina y la derecha crece sobre todo entre los varones jóvenes, la pregunta afectiva se vuelve casi aritmética: ¿con quién se supone que van a emparejarse esas mujeres?
Conviene, eso sí, no comprar la narrativa fácil entera. El propio informe de Funcas matiza que en España la brecha de actitudes se concentra casi exclusivamente en cómo se percibe la desventaja laboral de las mujeres, mientras que en derechos LGTBI, inmigración o crisis climática las diferencias entre chicos y chicas son mucho más pequeñas de lo que el relato sugiere. No somos tan distintos como nos gusta creer.
Lo romántico es político (¿o no?)
Hay una tradición seria que le daría la razón a la usuaria de la rima. Para bell hooks el amor era una práctica política, la base de cualquier proyecto de justicia. Y hace décadas que en los feminismos circula una fórmula ya vuelta sentido común: lo romántico es político. Elegir pareja según lo que uno defiende, desde ahí, es pura coherencia. ¿Quién quiere compartir la almohada con alguien que cada mañana vota contra su derecho a existir como quiere?
Pero hay otra tradición que desconfía justo de esto. Alain Badiou escribió Elogio del amor contra la publicidad de un portal de citas que prometía “amor sin riesgos” y “estar enamorado sin enamorarse”. Para él eso era una idea securitaria del amor: elegir al otro por sus datos, de antemano, para que nada falle. Los dos enemigos del amor, decía, son la seguridad del contrato y la comodidad del goce, porque le quitan lo único que lo vuelve amor, el riesgo. Un amor filtrado, en esa lógica, viene amputado de fábrica.
Y queda lo más obvio de todo. Fyra, con filtro ideológico o sin él, sigue siendo un mercado. Puedes seleccionar por antifascismo, pero deslizas cuerpos igual que en cualquier otra app, y la ideología entra como una etiqueta de producto más.
Lo digo sin neutralidad
Yo soy de las que filtran. En mi experiencia buscando pareja (heterosexual, para más señas) la política nunca sale en los postres. Está antes de eso, en cómo alguien te escucha y a quién considera un igual. Me cuesta imaginar una conexión real con alguien con quien no comparto lo esencial. Y lo esencial, para mí, es político. Así que entiendo perfectamente a esas mujeres. No son intolerantes ni cobardes. Aprendieron, a base de malas experiencias, que hay conversaciones que solo se sobreviven.
Y aun así, no todas las líneas son la misma línea. ¿Es lo mismo negarse a amar a quien niega tu humanidad que negarse a conocer a quien piensa distinto sobre los impuestos? Blindarse frente a quien te quiere con menos derechos es supervivencia. Confundir cualquier desacuerdo con una amenaza empieza a parecerse a esa burbuja de la que advertían los investigadores chilenos: mundos cada vez más seguros y cada vez más solos.
Que estas mujeres filtren me parece, a estas alturas, casi un derecho básico de higiene emocional. Lo que no me deja tranquila es otra cosa: qué hemos construido para que toda una generación de mujeres necesite una app que las proteja, por adelantado, de los hombres de su edad. Fyra solo lo pone a la vista.
“Aunque tengas una mala racha, nunca te tires a un facha”. De acuerdo. ¿Pero por qué hay cada vez más fachas de veinte años a los que esquivar?

