España: la patria de los “fondos buitre”
Por: Patricia Estébanez desde Valladolid

Esta semana asistimos a una escena que retrata sin paños calientes la crisis moral que atraviesa España: el desalojo brutal de Maricarmen del Carmen Abascal, una mujer de 87 años con discapacidad que fue sacada en camilla desde la casa donde vivió por 70 años. Poco importó que parte del vecindario del barrio del Retiro de Madrid se movilizara para impedir la ejecución, ni que existiera la disposición de asumir una renta que, según diversas fuentes, se disparó de los 500 a más de 2000 euros de la noche a la mañana. La prioridad no era cobrar el alquiler, sino expulsarla para dejar vía libre a la especulación de un “fondo buitre”.
Los abogados del diablo no tardarán en apelar al dogma del mercado: dirán que el contrato manda y que la propiedad privada es sagrada. En el otro lado, cualquiera con un mínimo de conciencia social y humanidad se llevará las manos a la cabeza ante semejante despropósito.
La ironía roza el cinismo cuando el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sale a lamentar públicamente lo sucedido, calificando lo ocurrido con Maricarmen como “una tragedia social”. Sus palabras resultan irrisorias tras dos legislaturas en las que las políticas de vivienda han brillado por su ausencia. Resulta dolorosamente paradójico ver cómo se despliega todo un aparato policial, pagado con los impuestos de toda la ciudadanía, incluidas las personas desahuciadas, para reprimir con violencia a quienes sostienen el país con su trabajo, mientras se blindan los intereses de quienes nos dejan en la calle.
El impacto de este caso no debe hacernos olvidar la magnitud del problema. Las cifras oficiales revelan que solo en el primer trimestre del año se registraron más de 4 mil desahucios en España, tras un año anterior que cerró con alrededor de 25 mil frente a las 14 mil denuncias por ocupación en este mismo año teniendo en cuenta que esta cifra incluye los allanamientos de morada.
Nos bombardean a diario con anuncios de alarmas antiokupas y discursos crispados de corte fascista diseñados para sembrar el pánico entre la población. Sin embargo, el verdadero terror no viene de la marginalidad: el verdadero terror es comprobar cómo la maquinaria del Estado se pone al servicio de las grandes fortunas para expulsar, a golpes y sin miramientos, a una anciana del hogar en el que ha transcurrido toda su vida.

