[ABORTO] Cuando el corazón de las mujeres queda en silencio
Por: Con las Amigas y en la Casa
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— ¿Escucha su corazón?
— ¿Es el sonido del ecógrafo el sonido del corazón de un embrión?
— No.
Un ecógrafo no te hace escuchar el corazón de nadie… ni de un ingeniero, ni del proyecto de hijo que imaginaste toda tu vida.
El ecógrafo produce un sonido mecánico asociado a una gestación: recibe una frecuencia que proviene del cuerpo y, a partir de esa información, genera un sonido. Por eso es importante mirar la carga simbólica que se construye alrededor de la idea del “corazón” de un embrión o un feto.
En el caso de las tres causales, qué difícil debe ser enfrentar el conflicto interno entre querer continuar un embarazo y, al mismo tiempo, vivir una amenaza grave para la propia vida. Sentir que hay que elegir entre sobrevivir o continuar una gestación. Sentir miedo a morir y cargar con la culpa de una decisión que puede parecer egoísta, aunque sea necesaria. Incluso cuando la propia salud mental dificulta la posibilidad de decidir.
Qué complejo debe ser optar por un aborto cuando existe incompatibilidad con la vida. Imaginar un futuro que ya no ocurrirá. Atravesar un “duelo anticipado”, un dolor emocional descrito como uno de los procesos más desgarradores y traumáticos que una madre puede vivir.
Y qué decir del ultraje que sufren los cuerpos de mujeres y niñas. Violencias que ocurren día a día, a cada segundo y en cada lugar. Violencias sexuales que se apropian de nuestros cuerpos y que dejan rabia, dolor, miedo y vergüenza.
La vida de las mujeres no cabe en tres excepciones, porque nuestras historias, luchas y decisiones son infinitas. No todas las razones caben en una ley. Cada mujer merece ser escuchada y respetada como la protagonista de su vida.
Desde siempre han intentado invadir nuestros cuerpos y decidir sobre nuestras vidas. Los cuerpos de las mujeres no son territorios de venganzas políticas, de disputas ideológicas ni de imposiciones religiosas. No somos espacios donde otros puedan imponer sus creencias.
Nuestra dignidad, autonomía y decisiones no están en negociación. No estamos dispuestas a ceder ni un solo paso.
Mientras algunos reducen la discusión a un sonido amplificado por una máquina, hay corazones que siguen siendo ignorados. No basta con escuchar un latido. También hay que escuchar una voz, una historia, un dolor y una vida.
Un sonido no puede estar por encima de una persona. Un latido no puede borrar otro corazón: el de quienes ya están aquí, sienten, sufren, aman y tienen derecho a decidir sobre su futuro. La pregunta sería: ¿cuándo escucharemos realmente el corazón de las mujeres?

