El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

“¿Bueno, y cuándo te vas a operar las tetas?”

Por: Romina Leticia Millán F.

opinion 30

“¡Ay, cabra, que tenís las mamas grandes!”. A los 19 años, el ginecólogo que me examinó para recetarme anticonceptivos, sin ningún respeto y con una irrefutable expresión de desagrado, me lanzó a la cara esta frase, como si nada. Me cubrí con las manos, miré al suelo y me ruboricé. Me sentí grosera y deforme, estando de pie y desnuda frente a un hombre de 45 años que, luego de eso, me metió los dedos en la vagina y me palmeteó la panza mientras me decía que las chiquillas jóvenes tenían que ser delgadas, que esa panza, ese trasero y esas tremendas mamas eran de mujer vieja. Me quise morir.

Las mujeres hemos soportado toda la vida el juicio —favorable o desfavorable— a nuestros cuerpos, como si estos fueran un bien público, una escultura de la plaza, un árbol, un auto estacionado en la calle. ¡Qué sé yo! No sé ni cómo explicarlo.

Personalmente, he recibido comentarios y críticas de diferentes hombres sin siquiera haberlas pedido y estoy segura de que las mujeres que me rodean también. Estamos habituadas a eso, no reclamamos. Incluso, cuando el padre o el hermano nos hacen algún comentario de nuestro peso o de la ropa que llevamos puesta, creemos que lo hacen por nuestro bien. Que el pantalón te queda apretado, que se te marca el pubis, que esa falda es muy corta y tus piernas son muy gordas, que no uses tanto escote, que nadie te va a mirar a la cara. Y así vamos acumulando una interminable lista de prejuicios del otro que nos hacen sentir expuestas. Con todo, llegamos a la playa en pleno verano vestidas, muertas de calor debajo de un quitasol porque nos mata la vergüenza de usar traje de baño. Aprendimos a odiar nuestro cuerpo.

“¿Bueno, y cuándo te vas a operar las tetas?”, me han preguntado, asumiendo que, como son grandes, y no grandes excitantes, sino que grandes feas, mi mayor anhelo es deshacerme de ellas para ser una “mujer de cuerpo normal”, aun cuando nunca he dicho que me las vaya a achicar.

“¡Oye, corre las tetas para allá!”, me dijo una vez un primo porque estaba apoyada sobre la mesa mirando las cremas y esmaltes para uñas que vendía su hermana y él se iba a sentar a mi lado. Ese día se dio entre nosotros una discusión en la que le pedí un poco de respeto y él me respondió que era muy desagradable sentarse a mi lado porque, hasta para tomar la mantequilla de la mesa, rozaba mis senos, que eran tan desagradablemente grandes que ocupaban todo el espacio. “Apenas me puedo mover”, me dijo. Porque, claro, la idea que tienen ellos es que nosotras somos, o debemos ser, pequeñas y, ojalá, mudas, para no invadir ese espacio que les pertenece.

  • 748088574 915982424877498 6591961822155622043 n

    Bibliotecóloga de profesión. Madre, esposa, hija, lectora y escritora. Ha obtenido reconocimientos en los concursos “Cuéntame Valparaíso 2016”, “Cuéntame San Antonio 2019” y en el “Certamen Internacional de Microrrelatos Marinos” del Centro Cultural Kemkem, Argentina 2018. Sus cuentos han sido publicados en revistas literarias de México, Argentina y Chile. En 2022 uno de sus relatos apareció entre los 100 mejores del concurso “Santiago en 100 palabras”.

    Ver todas las entradas
Compartir:
Suscribete
Notificar de
guest

0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Nos encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x