El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

Plot twist: el plan de seguridad de Kast es el plan de seguridad de Boric

opinion 2

Por Verónica Aravena Vega

Lo dijo Martín Arrau el lunes, sin pestañear, en un punto de prensa en La Moneda. La Política Nacional de Seguridad Pública del gobierno de Boric “entrega un marco suficiente” para enfrentar la crisis delictual. Eso dijo el ministro de Seguridad de José Antonio Kast. Que el marco está. Que el marco sirve. Que sobre eso van a trabajar.

Hay que leerlo otra vez. Sin filtro, sin cubrir al ministro con el ruido de los siete ejes que vienen el 1 de junio. La frase pelada dice esto: el gobierno que ganó prometiendo terminar con el desorden de la izquierda blanda se queda con el plan de la izquierda blanda. Ganaron prometiendo ruptura y ahora entregan continuidad.

Antes de Arrau estuvo Trinidad Steinert, que duró dos meses. La sacaron por una confesión incómoda: que no había “plan estructurado y concreto”. Reconocer eso era el pecado. No la falta del plan, la confesión de que el plan no existía. La diferencia es importante. El problema nunca fue producir seguridad. El problema fue producir el efecto de que se estaba produciendo seguridad. Steinert falló en la coreografía. Arrau llega para corregir aquello.

Y aquí está la pregunta: si la política de seguridad de Boric era suficiente como marco, ¿qué se votó cuando se votó seguridad?

Conviene decirlo claro. La derecha de Kast no ganó porque tuviera un plan. Ganó porque convirtió la palabra seguridad en un contenedor donde cabía cualquier cosa. El miedo al migrante. La rabia con los políticos. La nostalgia de un orden que probablemente nunca existió. El deseo de castigo. La fantasía de mano dura. Las ganas de que alguien, por fin, hiciera algo, lo que fuera, contra algo, lo que fuera. Seguridad no era una política pública. Era un afecto.

Los afectos no necesitan plan. Necesitan tono. Necesitan una zanja en la frontera para la foto. Necesitan un enemigo identificable. Necesitan un líder que se pare frente a una excavadora con cara de saber lo que hace. Eso sí lo entregaron. Por eso ganaron.

El problema es que gobernar exige materializar el afecto en algo. Y cuando hay que materializarlo, aparece el desfase. Cuatro meses de campaña, dos meses de gobierno, una ministra eyectada, y la respuesta es: el marco de Boric sirve. No es ironía. Es lo que dijo el ministro. Es lo único que podía decir, porque los marcos normativos de seguridad no se inventan en una conferencia de prensa. Existen, tienen burocracia, tienen presupuestos asignados, tienen leyes vigentes, y cambiarlos toma años. La derecha lo sabe. Por eso, mientras hace los siete ejes para la cuenta pública del 1 de junio, los técnicos del ministerio siguen administrando el aparato que ya estaba.

Hablemos de los siete ejes. Combate al crimen organizado, recuperación territorial, prevención integral del delito, fortalecimiento policial, análisis criminal, coordinación con municipios, nuevos desafíos ministeriales. Léelos sin pensar quién los firma. ¿Hay alguno que un ministro de seguridad de Bachelet, de Piñera, de Boric o de cualquier país de la región no podría haber escrito? No. Esa es la lista. La que sale cuando le pides a un funcionario de carrera que ordene en una diapositiva qué hace un ministerio de seguridad. La novedad no está en los ejes. La novedad iba a estar en el plan. Y no hay plan.

Sería tentador quedarse acá. Decir: miren, copian a Boric, qué papelón. Reírse un rato. Subir el clip. Pero ese es el gesto fácil, y la trampa es que no explica nada. No explica por qué pudieron pasar toda la campaña sin un plan. No explica por qué pudieron pasar dos meses de gobierno sin un plan. No explica por qué, cuando se descubre que no hay plan, el costo político recae sobre una ministra confesional y no sobre el proyecto entero.

La respuesta está en aceptar lo que la izquierda lleva años sin querer aceptar: la disputa por la seguridad no es técnica. No se gana con cifras de homicidios ni con políticas comparadas ni mostrando que Carabineros tiene más presupuesto que nunca. Eso ya se intentó. Boric lo intentó. El marco que Arrau ahora considera suficiente lo construyó ese intento. Y políticamente fue una derrota. Lo que la derecha entendió, y la izquierda no, es que la seguridad es un campo de batalla afectivo antes que un campo de batalla técnico. Por eso a la derecha le sirve un marco heredado: su trabajo no es administrar. Es producir el sentimiento de que alguien por fin se hizo cargo. Y ese sentimiento se produce con gestos, con tono, con enemigos, con zanjas, con cambios de gabinete que parecen acción aunque sean puesta en escena.

La pregunta para la oposición, entonces, no es si Arrau tiene plan o no tiene plan. Es qué se está disputando cuando se discute seguridad. Si la respuesta es la gestión, ya perdió, porque la gestión es la del marco Boric y ese marco fue declarado insuficiente por el electorado. Si la respuesta es la producción de sentido, hay que dar otra pelea: preguntarse qué afectos administra la seguridad como significante, a quién protege, contra quién lo protege, y qué otra cosa cabría en ese contenedor si alguien se atreviera a disputarlo.

La derecha gobierna con el plan de la izquierda y se va a salir con la suya. Eso ya está. Lo que está en juego ahora es si la izquierda va a seguir discutiendo el plan o si va a entender, por fin, que la pelea siempre fue por otra cosa.

opinion

Compartir:
Suscribete
Notificar de
guest

0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Nos encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x