Las viñetas políticas de “Hola Mirona”: “Hay que hacer cosas, hay que defender nuestra generación de esta apatía de internet”

“Me encanta que cuando comparto algo, que es más pensado, otras personas lo compartan también. Eso me da esperanza de que las cosas pueden mejorar”, aseguró la ilustradora en conversación con El Arrebato, reconociendo que “a veces me afectan mucho las cosas, y la forma de canalizarlas y de resistir es dibujando”.
Por Jimena Améstica
Javiera Ortega Reszczynski es la mujer detrás de “Hola Mirona”, la ilustradora y dibujante de cómics que durante los últimos años ha logrado leer la realidad contemporánea, entregando una mirada ácida y crítica sobre la sociedad y la política chilena. Se define como una “lolosauria” de la era digital, siguiendo una carrera que suma adherentes, pero también detractores.
“Una vez dibujé a Kast (Presidente de Chile) como vestido del Ku Klux Klan (KKK). Y ahí fregué, me reportaron en masa. Y otra vez caí en pishing, me engañaron, pero la volví a recuperar”, contó sobre las tres veces que bajaron su cuenta de Instagram.
Hablar con La Mirona es como leer una de sus viñetas. Es rápida y enérgica. Me cuenta sobre su trayectoria con gracia, riendo al final de cada frase. Dice que dibujar es su “resistencia” y que si dejara de hacerlo se “volvería loca”. Muchas de sus ideas, aclara, vienen de conversaciones, lecturas de prensa, y de su propia experiencia como mamá soltera.

“Ahora estoy escribiendo una novela gráfica-autobiográfica que tiene mucho comentario político”, adelantó. “Voy a tocar el tema de la maternidad en tiempos contemporáneos. Hay un capítulo que se llama ‘Vivir con Sócrates’, donde hablo sobre el juicio de pensión de alimentos y custodia que tuve con el papá de mi hijo. Son momentos, fue muy duro, pero lo cuento desde el sarcasmo”, dijo.
-Comenzaste dibujando para LUN, entonces has visto de muy cerca la transformación digital de los diarios impresos. Con ese cambio, ¿ha mutado también tu forma de crear?
Totalmente, pero yo soy una antigua, una ‘lolosauria’ de la era digital. Porque igual uso el computador desde que empecé a ilustrar. Entonces, entré digital. Yo dibujo de chica, pero decidí dedicarme a esto a los 29, y ya tengo 41. De hecho, empecé a trabajar en el diario, en LUN a esa edad. Hacía imágenes. Y como en el 2012 las empecé a meter en una página web que se llamaba Lamirona.org.
– Además de tus publicaciones en prensa, también pasaste por estudios de cine. ¿Cómo fue esa experiencia?
En la escuela de cine, fíjate, también, todos los cortos que hacía los dibujaba muy al detalle, y después no los ejecutaba muy bien (ríe). Era como ¡tengo los storyboard! Así me empecé a darme cuenta que iba por ahí la cosa.
También tomé cursos con Yuko Shimizu, no la creadora de Hello Kitty, sino otra que se llaman igual. Y ella me inspiró un montón, es japonesa pero vive en Nueva York, fue publicista hasta como los 30 años y también decidió tomar otro rumbo en su vida, hacer lo que realmente quería a esa edad y se puso a estudiar arte. La admiro mucho, me encanta su trabajo. Tomé un curso con ella y así me fui profesionalizando en la ilustración a través del trabajo. Al mismo tiempo, hice clases y empecé a dar el vuelco hacia el diseño, a estudiar por mi cuenta. Y fui avanzando.
– Pero también estudiaste filosofía. Me imagino que los textos para la creación de cada viñeta también vienen de allí.
Eso me dio herramientas para investigar; plantearme preguntas. Yo creo que fue más metodológico el tema, pero también de autores y autoras que se me quedaron pegados. A los 20 años estaba tan obsesionada con las ideas de Hannah Arendt, con la “banalidad del mal”. Repetía la teoría una y otra vez. Pasaron diez años y a los 30 seguía repitiéndola como si fuera mía. Y una amiga me dijo un día: “Javi esa es la idea de Hannah Arendt”. Y yo: “de veras”. Tanto que la he citado, que me he impregnado de su pensamiento. Me enamoré.
–En ese sentido, en tus publicaciones de Instagram hablas sobre el cansancio en la vida actual, del insomnio, el tema del sentido común. ¿Cómo fuiste masticando esos conceptos para lograr llevarlos de una forma simple a las personas?
Me pasa que me gusta mucho leer y de ahí parte todo. Mis ideas vienen de la lectura y de la conversación. Siempre de otra persona. A veces me afectan mucho las cosas y la forma de canalizarlas y de resistir es dibujando. Porque así también las medito, y el humor es un escape.
–Y así vas sacando tus conclusiones.
Sí, ahí saco mis pseudo-conclusiones o también planteo preguntas. Y la conexión con el público yo creo que va por dos cosas: una, ser lo más honesta posible; y la otra, ser constante. No sé si es tan cierto lo que digo, pero yo lo siento así. En el mundo de las redes sociales ser auténtico no sé si es tan importante para tener éxito la verdad. Es que crear contenido para redes sociales es distinto a hacer arte, o a escribir o dibujar lo que sientes. Mantener redes sociales se podría sentir como un trabajo, donde uno está creando para agradar. Y eso no es malo, es un trabajo, pero para mí es diferente a lo artístico.
-Entonces, ¿qué es el arte para tí?
La práctica artística es la más honesta. No estás pensando en agradar ni en nada. Ni siquiera en el resultado. Y en ese sentido, tiene más que ver con lo análogo. Ponte tú, yo llevo dibujado en un IPad desde el 2017. Tengo tres IPad con miles de ilustraciones, es satánico. Pero ahora, ¿cuáles son buenas, cuáles son malas?

Las he estado imprimiendo, y empezando a intervenir. Y me he dado cuenta que dibujar análogo, en papel, para mí es una experiencia mucho más artística, más real. Porque cuando me enfrento al papel, para empezar vuelvo a mi niñez; cuando me ponían un papel en blanco al frente me ponía feliz. En lo análogo dibujo cualquier cosa sin pensar en el mensaje final, sin pensar en que tiene que gustar, o vender o no vender. Y si me equivoco tengo que pensar qué hacer con eso; ser mucho más creativa. Porque si me equivoco en el IPad, son dos dedos para atrás y deshago un error, que no tiene nada que ver con la vida real. Eso me encanta, y me he hecho muy adicta a dibujar en papel.
-¿Dices que, en el papel, se traduciría en el vértigo de crear?
Es que te vas a otro lado, exploras, y eso es importante para mí, especialmente para poder escribir más honestamente. Para tener ideas más sólidas necesitamos más tiempo y silencio: poder pensar. Las conversaciones son importantes para intercambiar ideas, pero necesitamos ese tiempo de pausa.
–¿Y eso no lo encuentras a la hora de dibujar para las redes sociales?
Creo que el mundo de redes sociales no te lo da. Es fácil hacerse adicto, estar inmerso en un ruido constante de aplausos y de gente. Pero cuando no piensas en estar haciendo dinero todo el rato, para mí es una experiencia más artística. No digo que las otras no lo sean, también lo son, dibujar para el público también lo es, pero hay que tener cuidado de hasta qué momento te haces esclavo de tu público, hasta qué momento quieres agradar, por ejemplo, con las definiciones importantes.
-Y desde esa visión, ¿cómo escoges el contenido que compartes en redes sociales, vas a la par de la pauta noticiosa?
Una obsesión que tengo, es que leo los diarios todos los días: en la mañana y en la noche. Pero, no reacciono a todo, primero porque, después de unos años, uno se cansa, y porque no me pagan y tengo que producir. Y más encima soy mamá soltera, tengo un hijo de 7 años. Por eso, elijo bien de qué voy a publicar y me doy un tiempo para pensar. Cuando uno dibuja desde la emoción o la rabia -que no es mala, es buena-, después lo publicas y conectas con la rabia de muchas personas, y nos enrabiamos juntos. Eso es como una catarsis heavy del siglo XXI.

–Pero es pasajero.
Sí, es desechable porque después se nos pasa. O las cosas cambian, cambian tan rápido; nos enteramos de otras cosas y la información se diluye. Hay verdades y mentiras por todas partes, las fake news. Por eso, trato de no reaccionar y pensar mejor, porque así lo disfruto más, y lo que digo queda para mí como un pensamiento que puedo defender para siempre, probablemente, algo de lo que realmente estoy convencida.
-Sin embargo, las redes sociales o las pantallas pareciera que están en el centro de todo ¿Estás de acuerdo?
Es que ahora estar pegado a la pantalla todo el día es algo que nos pasa a las personas que no tenemos muchos medios. Se está creando una barrera de clase. Yo veo que la gente que tiene menos medios, y me incluyo, tienen a los niños mucho más en las pantallas porque no les queda otra, porque así es el sistema. Y me he dado cuenta que los cuicos, lo voy a decir así, cada vez están más lejos de la pantalla. Los hijos de los tecnócratas son cero pantallas. Leí que la hija de Steve Jobs, el fundador de Apple, tenía prohibido usar el Ipad. Y dibujé sobre eso, pero estoy esperando el momento adecuado para publicarlo.
-Hace poco publicaste una viñeta donde hablabas sobre los argumentos lógicos. Decía: “Cuando chica tenía esa enfermedad mental, en la que pensaba que los argumento lógicos podrían cambiar la opinión de alguien”. ¿Desde qué realidad pensaste esa publicación?
En este problema de que los argumentos no sirven. En el fondo lo que estaba intentando decir es que vivimos en un mundo donde las verdades no importan, en el que todo es relativo. Se crean narrativas completas en las fake news. Es como una muerte de la confianza. La confianza viene del latín, la “fe ciega”, la confianza en las personas, en la institución. Eso lo tengo dibujado. Si yo te digo: “no te creo”, y tu me respondes que tampoco me crees a mí, el piso se cae. Y creo que estamos en una era en la que pasa eso.

-Entonces, en este contexto donde ya no hay confianza, ¿qué hacemos? ¿Esperamos a que pase o realmente el arte, las letras y la pintura se están convirtiendo en una respuesta, en una especie de resistencia?
Soy optimista en un sentido pragmático. Es como cuando escribo o dibujo, es lo que más me gusta hacer y no lo hago por dinero. A veces sí, pero cuando escribo del alma, eso no lo hago por plata. Y hay algo de optimismo ahí, es como una forma de resistir. Porque si no me importara no lo haría, pero me importa y creo. Creo, por ejemplo, en la bondad de las personas, eso es lo que sostiene el mundo, porque sino nos vamos a la mierda.
Y me encanta que cuando comparto algo, que es más pensado, otras personas lo compartan también. Eso me da esperanza de que las cosas pueden mejorar. Hay que hacer cosas, hay que defender nuestra generación de esta apatía de internet. Y en una de esas, nuestros hijos va a ser así muy ‘anti internet’.
-Ya dijiste que la política está en el centro de tu trabajo ¿Cómo te acercas a ella?
Con desconfianza. Mi primer principio es: “no creo en nada de lo que dice el gobierno”. Siempre lo pienso, gobierno que sea. Pero más el gringo, yo viví muchos años allá. Igual voto, lo transparento y todo: me representan las ideas de izquierda. Pero sí, desconfío. Pero también, hay gente bondadosa como en todas partes y en esas personas me anclo, andan por ahí.

–Dibujaste al ex presidente Gabriel Boric y se hizo viral. Incluso él mismo te comentó.
En política se da muy poco la consecuencia. Lo que hablan los candidatos antes de las elecciones y después cuando ganan. Cuando Boric era candidato prometió un montón de cosas y después era chistoso ver cómo se daba la vuelta con el argumento de que “otra cosa es con guitarra”. Okey, ¿nos acostumbramos entonces a que las promesas de campaña son humo? ¿Tenemos que aceptarlo? es loco eso.
Ahora, ¿pienso que Boric es mala persona? No. ¿Mal presidente? Tampoco. De hecho no creo que sea un mal político ni nada de eso, pero cero consecuencia. Kast lo mismo: ahora que salió, se arrepintió del tema de los migrantes, habló de un corredor; y de cuando dijo lo de bajarse el sueldo. Entonces, ¿qué es ser consecuente realmente? Pareciera que vivimos en un ruido eterno donde la gente habla por hablar.
–Me imagino que eso te da mucho material.
Claro, los políticos para mí son actores.
-¿Qué viene ahora, cómo va la preparación de tu libro?
Estoy escribiendo una novela gráfica autobiográfica que tiene mucho comentario político. Porque para mí la política atraviesa la vida. Voy a tocar el tema de la maternidad en tiempos contemporáneos, la justicia para las mamás y las mujeres. Comencé por un capitulo que se llama “Vivir con Sócrates”, que es entero sobre el juicio de pensión de alimentos y custodia que tuve con el papá de mi hijo. Son momentos de ese juicio y fue muy duro, pero lo cuento desde el sarcasmo. Estoy trabajando en hilarlo y que no sea solo una serie de chistes”.


