La derrota electoral del bolsonarismo: sobre la fe, una fuga y la organización
Por: Sofía Varas Rojas

La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro en las elecciones brasileñas del 25 de octubre de 2026 representa una derrota electoral para el bolsonarismo. Sin embargo, los acontecimientos posteriores revelan que la disputa no termina en las urnas. Flávio Bolsonaro salió de Brasil, cruzó hacia Argentina, viajó a Ecuador y llegó a Miami el 28 de octubre, después de incumplir una orden del Supremo Tribunal Federal que le exigía entregar sus pasaportes y le prohibía abandonar el país. El senador enfrenta investigaciones por presuntas irregularidades financieras que niega, y Donald Trump confirmó su disposición a recibirlo en Estados Unidos.
No estamos ante un simple viaje familiar. Estamos ante un episodio que expone una desigualdad fundamental: quienes disponen de dinero, aviones privados, contactos internacionales y respaldo político tienen recursos que la mayoría de la población jamás tendrá para enfrentar una orden judicial. Mientras a los sectores populares se les exige obediencia y se les amenaza con castigos, las élites políticas pueden recurrir a redes de protección que les permiten desafiar las consecuencias de sus actos.
La responsabilidad penal de quienes eventualmente colaboraron en una evasión debe establecerse mediante una investigación. Pero la responsabilidad política exige preguntar quién facilitó la operación, qué intereses la respaldan y por qué el gobierno de Trump ofrece protección a un representante de la derecha brasileña que abandonó su país desobedeciendo una orden judicial. La extrema derecha proclama orden y autoridad para los demás, mientras sus propios dirigentes cuestionan esos límites cuando les resultan inconvenientes. Así funcionan los privilegios: la ley se presenta como una obligación para la mayoría y como un obstáculo negociable para quienes concentran poder.
La precarización laboral, el endeudamiento, la incertidumbre y el deterioro de las expectativas no son fracasos individuales. Son experiencias vinculadas con las estructuras económicas y las decisiones políticas que distribuyen de manera desigual los recursos, la seguridad y las oportunidades. La Sociología del malestar permite comprender cómo estas contradicciones producen sufrimiento y cómo ese sufrimiento puede transformarse en acción colectiva o ser utilizado para conservar el orden existente.
La derecha radical explota el malestar cuando desvía la atención desde las relaciones de poder hacia la fabricación de enemigos. En lugar de cuestionar la concentración de la riqueza, responsabiliza a personas migrantes, mujeres, diversidades sexuales y movimientos sociales. Así, quienes soportan condiciones materiales adversas terminan enfrentados entre sí, mientras los grupos que concentran poder económico permanecen protegidos. Mudde analiza cómo la derecha radical populista construye antagonismos entre un pueblo considerado legítimo y grupos presentados como amenazas.
La operación es profundamente política: se contribuye a mantener un orden que genera inseguridad y después se ofrece autoridad, castigo y obediencia como solución. El malestar se individualiza, los derechos se presentan como privilegios y las desigualdades aparecen como inevitables. La crítica sociológica debe ir más lejos: no basta con denunciar los discursos de la extrema derecha, también hay que cuestionar las estructuras que permiten que una minoría acumule poder mientras la mayoría debe luchar cotidianamente por sostener su vida.
En Brasil, determinados liderazgos evangélicos han contribuido a articular apoyos conservadores. El problema no es la fe ni la participación política de las personas creyentes, sino la utilización de la autoridad religiosa para condicionar la conciencia ciudadana. Cuando algunos pastores presentan candidaturas como voluntad divina, estigmatizan a sus adversarios o convierten los derechos de otras personas en amenazas morales, los sermones pueden transformarse en instrumentos de disciplinamiento político.
En contextos de precariedad e incertidumbre, las comunidades religiosas pueden proporcionar apoyo y pertenencia. Sin embargo, esa confianza también puede ser utilizada para producir obediencia y legitimar jerarquías. Las relaciones entre religión y política en América Latina son diversas, pero su instrumentalización conservadora debe examinarse críticamente. Ningún liderazgo religioso debería apropiarse de la conciencia de sus fieles para imponer una orientación política ni decidir qué derechos merece el resto de la sociedad.
La lucha por la transformación social también exige disputar los sentidos culturales que justifican la desigualdad. Cuando el miedo se utiliza para dividir a las comunidades, defender la autonomía, la solidaridad y los derechos humanos se vuelve inseparable de la organización colectiva.
La derrota electoral del bolsonarismo demuestra que la extrema derecha puede ser derrotada, pero no elimina las redes económicas, comunicacionales y políticas que sostienen su influencia. La investigación de Ozawa sobre el ataque a las instituciones brasileñas del 8 de enero de 2023 examina la interacción entre partidarios de Bolsonaro, redes sociales y medios de comunicación, mostrando la importancia de las disputas por la interpretación de la realidad política.
La respuesta no puede reducirse a votar y esperar que las instituciones resuelvan por sí solas las desigualdades existentes. Los derechos sociales son conquistas históricas de la organización popular, la movilización y la acción colectiva. Sindicatos, asambleas territoriales, organizaciones estudiantiles, feministas, vecinales y de derechos humanos son fundamentales para articular demandas, construir solidaridad y disputar las condiciones materiales que producen sufrimiento.
Frente a Trump, Milei, Kast y el bolsonarismo, no basta con denunciar sus discursos: hay que confrontar las relaciones de poder que permiten convertir la riqueza en influencia política y los privilegios en capacidad para desafiar los límites que rigen para los demás. Organizarse significa construir fuerza colectiva en los territorios, los lugares de trabajo, los centros de estudio y las comunidades; sostener la movilización, defender cada derecho amenazado y evitar que la lucha desaparezca después de una elección.
La tarea es transformar el malestar en conciencia colectiva y la indignación en capacidad de acción. Ninguna conquista está asegurada mientras las estructuras que producen desigualdad permanezcan intactas. Los derechos se conquistan, se defienden y se amplían mediante la organización popular. La lucha debe continuar porque ninguna transformación profunda se sostiene sin una sociedad dispuesta a organizarse y disputar el poder.
Referencias
Agência Brasil. (2026a, 26 de octubre). Moraes manda Flávio entregar passaporte e o proíbe de deixar o país. https://agenciabrasil.ebc.com.br/politica/noticia/2026-10/moraes-manda-flavio-entregar-passaporte-e-o-proibe-de-deixar-o-pais
Agência Brasil. (2026b, 28 de octubre). Avião com Flávio Bolsonaro e família segue para Miami. https://agenciabrasil.ebc.com.br/politica/noticia/2026-10/aviao-com-flavio-bolsonaro-e-familia-segue-para-miami
Löwy, M. (1996). The war of gods: Religion and politics in Latin America. Verso.
Mudde, C. (2019). The far right today. Polity Press.
Ozawa, J. V. S., Lukito, J., Bailez, F., & Fakhouri, L. G. P. (2024). Brazilian Capitol attack: The interaction between Bolsonaro’s supporters’ content, WhatsApp, Twitter, and news media. Harvard Kennedy School Misinformation Review. https://misinforeview.hks.harvard.edu/article/brazilian-capitol-attack-the-interaction-between-bolsonaros-supporters-content-whatsapp-twitter-and-news-media/
Reuters. (2026, 28 de octubre). Trump says he approves of Brazil’s Flavio Bolsonaro coming to US. https://www.reuters.com/world/china/trump-says-he-approves-brazils-flavio-bolsonaro-coming-us-2026-10-28/

