Jimena Colombo y la herencia del dolor en su libro sobre Pepe Carrasco: “Vamos a seguir escribiendo sobre la dictadura (…) aunque les moleste”
Por: Jimena Améstica
La autora comentó que el texto de investigación y narrativa de no ficción ya está disponible en Buscalibre, Ceibo Ediciones y librerías del país. “El desafío es llegar a los que no están convencidos, a los que no saben. Hay que ser porfiados, como era esa gente en ese tiempo. Hay que insistir”, replicó.

La madrugada del 8 de septiembre de 1986, agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) secuestraron al periodista José “Pepone” Carrasco Tapia. Con violencia, lo sacaron del departamento donde vivía con su mujer y sus tres hijos en Santiago. Poco después fue asesinado con catorce impactos de bala y su cuerpo fue encontrado junto a los muros del cementerio Parque del Recuerdo.
Las últimas horas de vida del editor internacional de la revista Análisis fueron reconstruidas por la periodista Jimena Colombo Campos en su libro de investigación y narrativa de no ficción “Cuando llega septiembre” de Ceibo Ediciones. En conversación con El Arrebato, la autora destacó que el trabajo se lanzó cuando se cumplieron 40 años del crimen y en un contexto complejo en materia de memoria y derechos humanos en Chile.
En este sentido, destacó que su trabajo, más allá de los datos y archivos inéditos, reconstruye la historia de quienes se quedaron después de la muerte de “Pepone”, en especial de sus hijos, a quienes representa como herederos del dolor. El mismo Iván Carrasco reconoció en el texto: “Cuando llega septiembre, me invade una sensación que tiene que ver con el trauma, con el temor a sufrir, aunque han pasado muchos años. Soy más viejo que mi padre cuando lo mataron”.
-Tu trabajo parte de una inquietud personal. Me imagino que está muy ligada a un tema de memoria y derechos humanos
Sí, yo conocía la historia de Pepe Carrasco como periodista, como muchos de nuestra generación que nacimos a fines de la dictadura. Era una idea superficial del periodista que defendía la libertad de expresión, el no a la censura. Pero saber que lo habían secuestrado desde su casa en presencia de su hijo fue un antecedente que siempre me quedó dando vuelta. Por cosas de la vida después conocí a su hijo mayor, Iván Carrasco, y me pude acercar a esa dimensión. Tantear qué es lo que había pasado después de su asesinato. Me interesaba en términos de memoria su historia política como mirista, que estuvo clandestino, también exiliado y que después llegó de vuelta en los 80. Pero también me parecía que la memoria tenía que abordarse desde esa generación que después se sintió postergada con el retorno a la democracia.
–Claro, esa es una figura que encarnan sus hijos
Esa parte me interesaba más porque creo que, no sé si nos corresponde, pero estaba más al debe de abordar. Indagar qué pasó con los que quedaron.
-¿Cómo fue el acercamiento con ellos, con su familia?
Primero fue Iván, hijo del primer matrimonio de Pepe Carrasco. Su segundo hijo, Luciano, se suicidó en 2002. Ese fue un antecedente súper fuerte. Dentro de la izquierda y de la gente que conoce el caso saben de su historia, de que siempre llevó la pena del asesinato de su papá, sumado a situaciones de salud. Siempre se atribuyó esa muerte a la falta de justicia, a la violencia de la dictadura. También entrevisté a Alfredo García, a quien conoció guagüita cuando se emparejó con Silvia que fue su segunda esposa. Él había vuelto a vivir con ellos cuando lo mataron. También entrevisté a su primera esposa, Olivia Mora, quien ha tenido un rol de alguien que guarda mucho material documental.
Entrevisté también a compañeros de colegio, gente que estuvo con él en el exilio. El “Pájaro” Torres, otro compañero del MIR con quien compartió exilio en Venezuela. A su hermano que está exiliado desde esos años y ahora vive en España. También colegas, gente que trabajaba en la revista Análisis.

-Este libro se lanza en un contexto complejo de negacionismo sobre los crímenes de la dictadura. En ese sentido, ¿qué sensación te queda sobre la mirada de sus hijos y cómo vivieron todo este proceso?
Alfredo e Iván tienen más de 50 años. Ese es un tema, filosófico quizás, lo que representa ser hombres mayores de lo que era su padre al momento de morir. Ellos reflexionan acerca de eso. Son hombres excepcionales. Siento que es gente que pese a todo el dolor que han vivido, no solo de su papá sino que también el exilio, tener que estar en otras partes por decisiones que no eran de ellos, son hijos de una generación que creía en una utopía. Después tuvieron que vivir como borrados, porque cuando llegó la democracia pasaron a no existir. Y sin embargo, a pesar de todo ello son gente que tiene mucho por lo que estar amargada y sigue defendiendo la vida, la democracia.
El padre biológico de Alfredo es detenido desaparecido, y el Pepe Carrasco que fue su segundo papá, asesinado. Él ha estado vinculado al cine, a lo audiovisual. Iván dedica su vida al trabajo político territorial, ha pertenecido a distintas organizaciones y es un tipo feliz. Son personas que han logrado amar, ser felices, seguir luchando. Y saben que a diferencia de muchas otras familias han tenido reconocimiento. Su papá es una persona a la que se hacen homenajes, tiene una calle con su nombre y que también en los 2000 se procesó a la gente que estuvo involucrada y hubo agentes de la CNI que cumplieron una pena, absurda, pero hubo una respuesta. Y son conscientes de aquello.
-Y en toda la historia, tanto su ex mujer como su segunda esposa marcaron un punto significativo
Claro. Olivia, su primera esposa, es periodista, pasó por el Estadio Nacional en 1973, y además de todo el material de archivo, aportó una mirada más crítica. Ella cuenta que cuando se separaron, él se dedicó a hacer la revolución, a dedicarse de lleno al MIR y ella tuvo que aperrar con sus dos hijos con la ayuda de su mamá. Entonces, son luces y sombras que yo creo que es justo mostrar, porque se habla de la resistencia y la lucha contra la dictadura, y eran muchos hombres que pudieron hacerlo porque habían otras mujeres detrás de ellos haciéndose cargo. Olivia aporta esa mirada. Después de separarse llevaron una buena relación. Cuando sus hijos quisieron volver a Chile y Pepe Carrasco volvió a trabajar en Análisis, lo que fue una locura para todos, los hijos quisieron volver con él. Y ella los dejó. Entonces, era una mujer muy valiente que hoy con 86 años sigue participando de los actos de conmemoración, en los espacios políticos.
Sobre Silvia Vera. Son mujeres distintas. Silvia escribió el libro “La vida que vivimos” donde repasa su experiencia. De primero tener a su marido, que era Alfredo García, que fue a un punto y nunca más lo vio. Pasó a ser detenido desaparecido. Y después mientras lo buscaba ahí conoció a Carrasco. Él le dijo: ¿Por qué no somos compañeros para compartir esta pena? Si bien no fue una mujer activa en la primera línea de la política, es alguien que encarna la pérdida de sus seres amados por este contexto. Ella siempre supo que si volvía a Chile lo iban a matar. Siempre temió que pasara eso. Así que el día que lo secuestraron ella sabía que no había vuelta atrás.
-En un Chile donde el Gobierno por primera vez no conmemoró el 11 de septiembre, con una serie de declaraciones por parte de ministros de Estado que tienden o hablan directamente desde el negacionismo. ¿Cómo llega tu libro hoy cuando impera un discurso sobre “dar vuelta la página” y “dejar de mirar el pasado”?
Yo creo que quienes nos identificamos de izquierda, que sabemos el valor de resguardar la memoria para que las cosas no se repitan, que los que no han pagado paguen, y para que la gente joven sepa, creo que este libro viene bien. Y yo me siento muy orgullosa, salió justo cuando se cumplieron los 40 años del asesinato de Pepe, con un gobierno fascista, que abiertamente no quiso hacer ni el mínimo acto por el Golpe. A mí como periodista yo no concibo el periodismo sin punto de vista y es un compromiso de poder aportar sobre todo en este momento.
Si este libro llega a las manos de personas que no conocen la historia, de estudiantes de periodismo, ya con eso hay un grano de arena en esta pelea contra el olvido.

-Patricio Guzmán, fallecido semanas atrás, aseguró en una entrevista que pese a lo que se dice, se ha escrito poco sobre la dictadura de Augusto Pinochet. Incluso, sus documentales no han sido exhibidos en televisión abierta. ¿Coincides con esa mirada?
Sí, y nos pasa también a los que somos más jóvenes y estamos escribiendo de dictadura. Nos interpelan diciendo que “no lo vivimos” o cuestionan “otro libro más sobre la dictadura, de derechos humanos”. Y bueno sí, van a ser todos los que tengan que ser. No sé si son infinitas, pero sí son muchas las posibilidades de abordar estos casos. Sí, vamos a seguir escribiendo sobre la dictadura, y después serán otros porque no basta. Es el hecho más traumático de la historia reciente de Chile. Y van a seguir existiendo editoriales como Ceibo, como LOM. Y el desafío es llegar a los que no están convencidos, a los que no saben. Hay que ser porfiados, como era esa gente en ese tiempo en insistir. Vamos a seguir haciéndolo aunque les moleste. Y yo estoy segura de que la gente que se está formando en periodismo, en letras y humanidades también va a seguir teniendo un compromiso o relacionándose. Se ha escrito muy poco de quienes eran los que estaban abajo de Pinochet. Todavía queda mucho por mostrar.

