De Luchín al Día de la Infancia: entre la deuda histórica y la indiferencia
Por Sofía Varas Rojas, socióloga, especialista en salud mental, infancias y derechos humanos

Qué triste se sentiría Víctor Jara al ver que este 2026 Luchín está más presente que nunca. Aquel niño que jugaba en la tierra con sus manitas moradas de frío, corriendo tras una pelota de trapo entre la vulnerabilidad de su entorno. No es solo una postal lírica del pasado, sino el retrato sangrante de miles de niñas y niños que hoy siguen pisando el mismo barro de la desprotección. El dolor de la infancia vulnerada en Chile no ha desaparecido; se ha transformado, escondiéndose detrás de burocracias institucionales y promesas políticas inconclusas.
En el marco de la conmemoración del Día de la Infancia, la figura de Luchín reaparece para cuestionar a una sociedad y a un Estado que, entre reformas inconclusas y el colapso de sus sistemas de protección, parecen haber decidido abandonar a sus miembros más indefensos.
Para abordar la vigencia y la profundidad de esta grieta sociodemográfica, resulta indispensable recurrir al marco conceptual de la desigualdad estructural y la privación de derechos. Según Sen, el desarrollo de una nación no puede medirse únicamente por su crecimiento macroeconómico, sino por la eliminación de las privaciones básicas que impiden el despliegue de las capacidades humanas desde las etapas más tempranas del ciclo vital. Cuando un país tolera la precarización sistemática de sus niñas y niños, compromete la base misma de su cohesión social. El estudio de la niñez requiere, en consecuencia, confrontar las narrativas de progreso con las evidencias cuantitativas que revelan el abandono de la primera infancia.
Pobreza e ingresos: el muro económico en los primeros años
El informe del Observatorio Niñez, elaborado por la Fundación Colunga, entrega una radiografía de la severidad con que la vulnerabilidad monetaria afecta a los primeros años de vida. Según los datos del estudio, uno de cada cuatro niños y niñas de entre 0 y 5 años vive bajo la línea de la pobreza por ingresos en Chile. Asimismo, la investigación expone que cuatro de cada diez menores crecen en hogares que experimentan algún tipo de pobreza, mientras que uno de cada diez lo hace en condiciones de pobreza severa. Estas cifras evidencian que el entorno material en el que se desarrollan miles de infancias continúa marcado por la privación continua de recursos esenciales.
Desde la teoría sociológica, la transmisión del capital socioeconómico y cultural en el espacio familiar determina fuertemente las trayectorias de vida de las personas. En la sociedad chilena, la pobreza golpea con mayor intensidad a la población infantil que a cualquier otro grupo etario, consolidando una brecha de desigualdad desde el nacimiento. Los antecedentes recopilados por el Observatorio Niñez demuestran cómo la insuficiencia de ingresos impacta en la nutrición, el espacio habitacional y la estabilidad de los hogares. Esta concentración de la pobreza en la primera infancia expone la falencia de las redes de redistribución estatal para proteger a los sectores más vulnerables.
Educación parvularia y las fallas de cobertura
En el ámbito de la educación inicial, el informe del Observatorio Niñez consigna un severo estrangulamiento en la capacidad de absorción de los servicios estatales. A pesar del descenso generalizado en el número de niños en edad parvularia, las listas de espera para obtener un cupo en la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) aumentaron en un 33%. Adicionalmente, el documento advierte que durante los primeros mil días de vida, siete de cada diez niñas y niños no asisten a ningún establecimiento educativo, lo que implica que la gran mayoría de la población infantil queda al margen de la educación formal en su etapa más crítica.
El acceso oportuno a espacios educativos de calidad resulta determinante para mitigar las brechas de origen socioeconómico. Las investigaciones económicas y sociales han mostrado de forma persistente la disparidad en la asistencia a salas cuna y jardines infantiles según el nivel de ingresos del hogar. El incremento del 33% en la lista de espera de la JUNJI pone de manifiesto la incapacidad institucional para responder a las necesidades de las familias. La falta de cobertura en el 70% de las niñas y niños menores de tres años priva a la infancia de ambientes de aprendizaje y estimulación social fundamentales.
El desgaste institucional: del ex-Sename a Mejor Niñez
El abandono institucional de la infancia vulnerada encuentra uno de sus capítulos más dolorosos en la crisis del sistema de protección del Estado. La transición desde el antiguo Servicio Nacional de Menores (Sename) hacia el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, conocido como Mejor Niñez, fue presentada como una solución estructural frente a las graves violaciones de derechos documentadas históricamente en las residencias estatales. Sin embargo, los diagnósticos del sector público y de las organizaciones de la sociedad civil coinciden en que el cambio de nombre no ha logrado erradicar los problemas profundos de infraestructura, sobreocupación y falta de personal especializado en las residencias de protección.
La sociología de las instituciones advierte sobre el riesgo de las reformas que se limitan al plano administrativo sin alterar los presupuestos ni las prácticas operativas. En el caso de Mejor Niñez, los informes del Poder Judicial y de organismos de derechos humanos han alertado recurrentemente sobre la persistencia de listas de espera para ingresar a programas de reparación y la falta de cupos en residencias de alta complejidad. La crisis del sistema revela la brecha entre el diseño legislativo y la capacidad real del Estado para ofrecer entornos seguros a niñas, niños y adolescentes bajo su custodia, perpetuando situaciones de vulneración en los espacios institucionales.
Cuidados y brecha de género en el ámbito familiar
El estudio del Observatorio Niñez de la Fundación Colunga analiza también la distribución del trabajo de cuidados no remunerado al interior de los hogares. Según los datos consignados, las mujeres destinan en promedio 28 horas semanales al cuidado de niñas y niños pequeños, mientras que los hombres asignan 12 horas semanales a estas tareas.
Durante la presentación del documento, la ministra de Salud, May Chomali, reconoció las dificultades en materia de primera infancia y destacó la importancia de abordar los déficit asistenciales.
La desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidados se vincula estrechamente con la perpetuación de las brechas de género y la precarización económica. La sobrecarga del trabajo de cuidado no remunerado limita la participación de las mujeres en el mercado laboral formal, impactando directamente en los ingresos de las familias más vulnerables. La diferencia de 16 horas semanales entre mujeres y hombres reflejada en el informe demuestra la prevalencia de patrones tradicionales en la organización familiar, un factor que incide en el bienestar material del entorno infantil.
Reflexiones para la política pública
El Día de la Niñez constituye una oportunidad para ampliar la conversación pública más allá de la celebración y situarla en los desafíos estructurales que enfrenta el país para garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes. La evidencia muestra que la pobreza en la primera infancia, las brechas en el acceso a servicios, la fragilidad del sistema de protección y la crisis del cuidado no responden a problemas aislados, sino a limitaciones persistentes en el diseño e implementación de las políticas públicas.
Desde esta perspectiva, el desafío no es solo fortalecer la protección especializada, sino avanzar hacia un modelo que reconozca el cuidado como un bien público y una responsabilidad colectiva del Estado y la sociedad. Mientras las políticas continúen privilegiando respuestas fragmentadas, focalizadas y reactivas, las desigualdades seguirán reproduciéndose desde los primeros años de vida.
Conmemorar la infancia también implica preguntarse por las condiciones materiales que hacen posible ejercer los derechos. Transformar esta realidad requiere que la evidencia deje de ser únicamente un diagnóstico y se convierta en el fundamento de políticas integrales, preventivas y con financiamiento suficiente, capaces de situar el bienestar de la niñez como una prioridad efectiva y no solo declarativa.
Referencias
Fundación Colunga. (2024). Informe del Observatorio Niñez: Radiografía a la primera infancia en Chile. Fundación Colunga.
Heckman, J. J. (2006). Skill formation and the economics of investing in disadvantaged children. Science, 312(5782), 1900-1902.
Sen, A. (1999). Development as Freedom. Oxford University Press.

