El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

A 54 años de su suicidio: la carta con la que Cortázar intentó convencer a Alejandra Pizarnik de seguir viva

Por: Redacción El Arrebato

La poeta se suicidó el 25 de septiembre de 1972 tras ingerir más de 50 pastillas de sedante secobarbital.

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Julio Cortázar intentó ayudar a Alejandra Pizarnik a salir de su depresión. La escritora pasó cuatro años en Europa, donde estuvo una temporada alojada en la casa del autor en París, quien la apoyó junto a Aurora Bernárdez para superar una extensa crisis. Sin embargo, los tiempos complejos no se extinguirían para la poeta, y culminarían con su suicidio el 25 de septiembre de 1972 cuando tenía 36 años.

En su departamento de Buenos Aires, tomó más de 50 pastillas de sedante secobarbital. Estaba con un permiso de fin de semana de la clínica psiquiátrica donde estaba internada. Después de que una amiga la encontrara agonizando, murió cuando era trasladada al hospital. Cuentan que en su pizarra de trabajo dejó escrito: “No quiero ir/ nada más/ que hasta el fondo“.

Tiempo antes, el 9 de septiembre de 1971, la autora también estuvo internada en un hospital mental. Cortázar se enteró de la situación de su amiga y le escribió una carta que se volvió un símbolo de la relación entre ambos:

“Mi querida: Tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte.

Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la Tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria.

Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra. Escribime, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo”.

Pero Alejandra Pizarnik no se quedó, impactando la vida del escritor trasandino. Entre varios de los homenajes que le realizó se encuentra el poema “Aquí Alejandra” donde con ternura la llama “bichito” y le pide: “no te vayas”.

Aquí Alejandra

Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.

Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l’Eperon
y Janis Joplin.

Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo

(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d’inanité sonore
las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de lápices
los cuadernos rayados)

Vení, quedate.
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo.
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
como vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día

No puede ser, decís, no puede ser.

Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrúcate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party para vos, la fiesta entera,
Erszebet,
Karen Blixen
ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían Leonora Carrington, mirala,
Unica Zorn con un murciélago
Clarice Lispector, agua viva,
burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonious,
que larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con las intercesoras
animula el tabaco
vagula Anaïs Nin
blandula vodka tónic

No te vayas, ausente, no te vayas,

jugaremos, verás, ya verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en una palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.

Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,
y Natalía Ginzburg, que desteje
el ramo de gladiolos que no trajo.
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café
su culebra contando
dos terrones un beso
Léo Ferré.

No pienses más en las ventanas
el detrás el afuera
Llueve en Rangoon…

Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
(Consonantes de pájaro
vocales de heliotropo)

Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera

y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.

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