El Arrebato

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Las pruebas que lograron condenar a Nelson Haase, ex militar capturado por el crimen de Víctor Jara y Littré Quiroga 

Por: Redacción El Arrebato

Desde 2023 se mantenía prófugo por el homicidio del cantante popular y el funcionario público, asesinados en los camarines del Estadio Chile. El 16 de septiembre de 1973 sus cuerpos fueron abandonados por militares en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, en un terreno baldío cercano a la línea del tren. Pobladores los encontraron, limpiaron sus rostros y los reconocieron, permitiendo que fueran llevados al Servicio Médico Legal.

ACTUALIDAD 11

En una parcela del sector rural de Puyehue, en la Región de Los Lagos, fue detenido Nelson Haase Mazzei, exoficial del Ejército que se encontraba prófugo desde 2023 tras ser sentenciado a 15 años y un día de presidio en calidad de autor de los homicidios del cantautor chileno Víctor Jara y el Director Nacional del Servicio de Prisiones, Littré Quiroga. Asimismo, fue condenado a 10 años y un día de presidio como autor de los secuestros calificados del músico y del exfuncionario público.

El militar fue oficial del Ejército desde 1967, ingeniero militar y agente del departamento de electrónica. Perteneció al círculo cercano del cerebro de la represión de Augusto Pinochet, Manuel Contreras, como agente de la DINA. Después de la dictadura habrían seguido ligados en empresas relacionadas al turismo. Según recogió Memoria Viva, algunos prisioneros sobrevivientes lo calificaron como “arrogante, prepotente y despiadado”.

Según la sentencia de la Corte Suprema durante todo el proceso, la defensa sostuvo que Haase nunca estuvo en el Estadio Chile durante los hechos ocurridos entre el 12 y el 15 de septiembre de 1973, sino que había sido destinado en el Puerto de San Antonio, bajo dependencia de la Escuela de Tejas Verdes, por lo que era imposible situarlo en el recinto donde permanecieron detenidos Jara y Quiroga.

Años antes de que se iniciara el proceso en su contra, cuando apareció en el radar de la indagatoria, el diario La Nación se comunicó con él y le realizó una breve entrevista telefónica:

LN: Algunos conscriptos lo mencionan a usted como quien dio la orden de asesinar a Víctor Jara en el Estadio Chile.

-NH: Yo nunca estuve en el Estadio Chile y no conozco a ese caballero (Víctor Jara).

-LN: Pero usted sí fue oficial del Ejército.

-NH: Sí, estuve en el Ejército.

-LN: ¿Y estuvo en Tejas Verdes?

-NH: Yo he estado en muchas partes.

-LN: ¿Y en el Estadio Chile?

-NH: Yo nunca he estado ahí. No lo conozco. Ni siquiera me gusta el fútbol.

-LN: No me refiero al estadio como recinto deportivo, sino de prisioneros.

-NH: Nunca estuve ahí.

-LN: ¿Por qué cree que estos conscriptos lo señalan a usted?

-NH: No tengo idea de lo que me habla.

-LN: ¿Dónde estaba usted el 15 de septiembre de 1973?

-NH: En el sur.

-LN: ¿En qué parte del sur?

-NH: Eso a usted no le importa.

-LN: Seguramente será citado a declarar

-NH: Mire, no sé por qué estoy hablando esto con usted, pero responderé a quien corresponda si es una llamada oficial.

Pese a sus declaraciones, las que posteriormente fueron incorporadas en la causa a través de 38 hechos presentados como prueba por su defensa, la Corte desestimó cada uno de ellos y ratificó lo establecido en primera instancia donde se comprobó que estuvo en el recinto donde ocurrieron los asesinatos.

En primer lugar, se contó con los testimonios de diversos sobrevivientes que declararon haber visto a Haase en el lugar, incluso, algunos lo identificaron como integrante del grupo de oficiales que controlaba el recinto y ejercía funciones de custodia sobre los prisioneros. También, varios testigos reconocieron al exmilitar a través de fotografías que estaban incorporadas en el expediente judicial. Los jueces estimaron que esos reconocimientos eran consistentes con las demás declaraciones reunidas durante la investigación.

La justicia también analizó los antecedentes relativos a las destinaciones y funciones de los oficiales presentes en el Estadio Chile, concluyendo que la prueba permitía situar a Haase en ese recinto, pese a la tesis de la defensa de que se encontraba destinado en San Antonio. Asimismo, la sentencia de la Suprema explicó que la participación penal se estableció mediante presunciones judiciales construidas sobre hechos previamente acreditados por prueba legal, conforme al artículo 488 del antiguo Código de Procedimiento Penal.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE VÍCTOR JARA Y LITTRÉ QUIROGA

Según los hechos establecidos por el ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Santiago Miguel Vázquez Plaza, el 11 de septiembre de 1973 Littré Quiroga Carvajal se encontraba con licencia médica en su casa, y al enterarse de que su nombre estaba en un listado para presentarse ante el Ministerio de Defensa Nacional, decidió trasladarse a su despacho de la Dirección General de Prisiones ubicado en calle Rosas esquina de Teatinos en el centro de Santiago. Allí fue detenido y conducido al Regimiento Blindados N° 2, lugar donde fue sometido a apremios físicos. Horas después llegó al Estadio Chile, donde conocería a Víctor Jara.

El cantante popular, profesor e investigador había sido detenido el 12 de septiembre en la Universidad Técnica del Estado, junto a un grupo de docentes, alumnos y personal administrativo. Cuando llegó al Estadio Chile fue reconocido por personal militar, quienes lo agredieron verbal y físicamente. Los soldados lo separaron del resto de los prisioneros junto a Quiroga y en las gradas del recinto les asignaron custodia especial.

Según la justicia, “en todo su cautiverio sufrieron constantes y violentos episodios de agresión física y verbal por parte de los oficiales de Ejército allí presentes, imputándosele, en el caso de Littré Quiroga, el hecho supuesto de haber sido responsable de la prisión y maltrato que habría sufrido el general de Ejército Roberto Viaux, lo que agravaba el castigo que le fue propinado por quienes pasaban a su lado, alentándose incluso a los propios conscriptos a tomar parte en dicho castigo, y, de manera muy similar, respecto de Víctor Jara Martínez”, se precisó.

Las agresiones tuvieron como principal aliciente, añadieron, la actividad artística, cultural y política de Jara. “Fue sometido a idénticas torturas físicas, siendo los golpes más severos, aquellos que recibió en la región de su rostro y en sus manos, ambas víctimas fueron objeto de patadas, golpes de puño y golpes de culata con armas”, se agrega en la sentencia contra Haase.

El 15 de septiembre de 1973, se procedió a organizar el traslado de todos los detenidos del Estadio Chile al Estadio Nacional, siendo separados desde una fila de prisioneros, Víctor Jara, Littré Quiroga y el médico del Presidente Salvador Allende, Danilo del Carmen Bartulín. Los militares que estaban a cargo del recinto, ordenaron que fueran llevados al sector de camarines, ubicado en el subterráneo, donde también había personal militar. Bartulín fue subido a un vehículo, mientras que el cantautor y el funcionario público se quedaron en lugares distintos de los camarines donde fueron asesinados.

El 16 de septiembre “se les dio muerte a ambos, hecho que se produjo a consecuencia de, al menos, 44 y 23 impactos de bala, respectivamente, en todos los casos de calibre 9,23 milímetros, según se precisa en los correspondientes informes de autopsia y pericias balísticas, lo que corresponde al armamento de cargo que era utilizado por los oficiales del Ejército que se encontraban en dicho recinto”, indica el fallo.

Tras los homicidios, sus cuerpos fueron arrojados en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, en un terreno baldío cercano a la línea del tren, donde también habían abandonado los cadáveres de otras personas de identidad desconocida, quienes también habían sido acribilladas.

Horas después, pobladores que pertenecían a organizaciones comunitarias y sociales encontraron los cuerpos, limpiaron sus rostros y pudieron reconocerlos. Declararon que presentaban diversos hematomas y signos inequívocos de haber recibido fuertes golpes, además de los múltiples impactos de bala. Desde allí fueron trasladados al Instituto Médico Legal, donde según la justicia “en denuncias previamente efectuadas por Carabineros, lugar donde, a consecuencia de la directa y fortuita intervención de terceros, pudieron ser identificados, permitiendo a sus familiares más cercanos concurrir a dicha repartición y obtener la entrega de sus cadáveres, para su posterior inhumación”.

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