El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

Ignacio Barría, encargado nacional de las Brigadas Ramona Parra: “Nuestro desafío es seguir pintando (…) incluso en un contexto político adverso”

Por: Matías Saá Leal

“Hay una diferencia entre consumir arte y valorar aquellas expresiones que incomodan o cuestionan la realidad. Para nosotros, el arte no debe limitarse a lo decorativo: también tiene que abrir preguntas sobre lo que ocurre en el país y los conflictos que atraviesan a la sociedad”, aseguró.

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La Brigada Ramona Parra (BRP) es una de las expresiones más reconocibles del muralismo político chileno. Desde sus orígenes, vinculados a las campañas de la Unidad Popular, sus integrantes han utilizado los muros como espacios de expresión, memoria y organización popular. Durante la dictadura, sus murales y rayados se convirtieron en una forma de resistencia, mientras que, en democracia ha continuado acompañando distintas luchas sociales y acercando el arte a los barrios.

En esta entrevista, Ignacio Barría Hernández, encargado nacional de la BRP, reflexionó sobre la historia de la organización, su vínculo con las comunidades y el legado de figuras como el muralista Alejandro “Mono” González. También abordó los desafíos de transmitir esta tradición a las nuevas generaciones en un contexto en que las formas de participación política y cultural han cambiado. Barría insistió en que el muralismo no se limita a una expresión artística: es una herramienta para fortalecer la organización comunitaria, disputar ideas y construir espacios de participación colectiva.

¿Cuál es el mensaje principal que quieren transmitir hoy en las calles?

Transmitir que el arte también es político. Históricamente, nuestra brigada, más allá de ser el brazo muralista de las Juventudes Comunistas, ha acompañado las luchas del pueblo. Para nosotros es importante llegar a cada territorio y demostrar que los propios vecinos pueden organizarse, empoderarse y transmitir un mensaje político a través del arte. Durante la dictadura, nuestros compañeros arriesgaron sus vidas para defender la democracia, y durante el estallido social realizamos una campaña nacional de cien murales por el Apruebo. La BRP ha seguido acompañando las luchas populares y se ha mantenido vigente a través del tiempo.

Lo fundamental es llevar el arte al pueblo y demostrar que no es necesario ser artista para pintar un mural. Queremos entregar una brocha a los jóvenes y pobladores, abrir espacios de participación y fortalecer el sentido de comunidad. Yo creo que la BRP es, como dicen por ahí, «la cueca de los murales»: algo muy chileno y patrimonial, que busca organizar al pueblo a través del arte. No nos consideramos los mejores artistas, pero creamos por nuestro país. La mayoría somos militantes que estudiamos, trabajamos y tenemos responsabilidades familiares, y encontramos en el muralismo una forma de transmitir nuestras ideas y contribuir a la organización popular. La BRP nace desde los territorios, no desde una institucionalidad.

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¿Puede participar una persona que no milita en el Partido o en las Juventudes Comunistas?

Sí. En las jornadas y acciones muralistas que realizamos con los vecinos puede participar toda la comunidad. La organización política, en cambio, les corresponde directamente a los militantes. Para nosotros es muy valioso que los jóvenes y los vecinos se involucren en estas actividades, porque pintar un mural puede ser una experiencia muy significativa tanto para quienes participan como para la comunidad que lo solicita.

Por eso, nunca hemos puesto como condición que los pobladores militen para poder pintar. Al contrario, nos interesa que se involucren en las actividades y participen activamente en sus territorios, porque son ellos quienes los habitan y pueden apropiarse de ellos a través de estas expresiones artísticas.

¿Cómo ha evolucionado la BRP desde sus inicios hasta hoy?

La BRP nace como una brigada de rayados durante las campañas de la Unidad Popular y de Neruda, con el objetivo de difundir un mensaje político en los muros. Con el triunfo de Salvador Allende, sus integrantes comenzaron a desarrollar los elementos visuales que caracterizan a la brigada. Al principio, los murales eran sencillos, pero, con el tiempo, los compañeros fueron perfeccionando su técnica y construyendo un lenguaje visual propio, a partir de dibujos como la manito y el ojo clásico.

Esa evolución se produjo a través de la práctica. Para nosotros, lo importante no es la perfección estética, sino que los jóvenes se atrevan a pintar, aprendan y se apropien de los murales. Cuando el arte se centra demasiado en la belleza, corre el riesgo de volverse excluyente y quedar al alcance de quienes tienen conocimientos específicos. La BRP busca lo contrario: demostrar que cualquiera puede tomar una brocha y transmitir un mensaje político. Porque, como decimos nosotros, no somos una brigada de artistas, sino una brigada de trabajadores.

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¿Cómo ves a Mono González hoy en día dentro de la BRP?

El Mono González sigue activo y es nuestro gran mentor. Le tenemos muchísimo respeto y admiración por su trayectoria. Siempre está cerca de nosotros, nos orienta, nos ayuda a reconocer nuestros errores y nos aconseja sobre cómo mejorar.

El Premio Nacional que recibió tiene una gran relevancia para la BRP. Lo entendemos como un reconocimiento colectivo, aunque esté representado en su figura, porque detrás de él hay toda una historia de muralismo que también nos representa. Además, es significativo que un artista que viene del territorio y de la calle reciba un premio que históricamente ha estado más vinculado al arte institucional y académico. Eso es lo que más destacamos: un compañero que viene de la calle y ha llegado hasta lo más alto.

Tenemos una relación muy cercana con él y siempre tratamos de trabajar de la mano y recibir sus orientaciones. Lo digo personalmente y también en nombre del equipo central de la BRP: para nosotros, el Mono es como un papá, como un abuelo. Es una figura fundamental en nuestra historia y formación. Aunque sabemos que no siempre puede acompañarnos en nuestras actividades, porque tiene una agenda muy ocupada, mantenemos el contacto y cada cierto tiempo vamos a visitarlo para que se reencuentre con los jóvenes de la brigada y siga compartiendo su experiencia con las nuevas generaciones.

“VAMOS A ENCONTRARNOS CON LA GENTE”

¿Cómo reacciona la gente de los barrios cuando ustedes llegan a pintar?

La gente suele reaccionar de manera muy positiva. Tenemos una relación muy bonita con las comunidades y recibimos mucho apoyo de los vecinos y las organizaciones populares. Cuando vamos a pintar, la gente se acerca a preguntarnos qué estamos haciendo y muchas veces son los propios vecinos quienes nos piden un mural.

Creo que ese cariño es uno de los reconocimientos más importantes que tenemos. A veces no se sabe que la BRP es el brazo muralista de las Juventudes Comunistas, pero su trabajo está presente en todas partes. Uno camina por la calle, ve un mural y reconoce una estética que ya forma parte de la cultura chilena y que también ha tenido una presencia importante en Latinoamérica.

Por supuesto, de vez en cuando alguien nos grita algo cuando se da cuenta de que somos comunistas, pero son situaciones puntuales. Nosotros no vamos a pelear ni a generar conflictos. Vamos a encontrarnos con la gente y a trabajar desde el cariño que recibimos en las poblaciones.

Lo más importante es que los vecinos no solo valoran nuestro trabajo artístico, sino también la posibilidad de participar y apropiarse de sus espacios a través del muralismo. Queremos que las comunidades puedan organizarse, expresar sus necesidades y verlas plasmadas en un muro. Hace poco, por ejemplo, estuve en Antofagasta, donde hicimos un mural sobre los basurales y la delincuencia. Esas temáticas surgieron de los propios vecinos: nosotros recogimos sus ideas y las llevamos al muro.

Para mí, el muralismo siempre debe tener un sentido crítico y partir de las necesidades de cada comunidad, porque las prioridades de un territorio pueden ser muy distintas de las de otro. No se trata simplemente de llegar a pintar, sino de escuchar a los vecinos y construir con ellos una obra que represente su realidad.

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¿Qué importancia tuvo la BRP durante la dictadura?

La BRP tuvo un papel importante durante la dictadura, marcado por la clandestinidad y la resistencia. Nuestros compañeros realizaron murales y rayados contra el régimen, arriesgando sus vidas. Muchos fueron detenidos y torturados, por lo que es fundamental mantener viva la memoria de quienes lucharon contra la dictadura.

A través de los rayados, la brigada expresó el sentir del pueblo y denunció la represión y las violaciones a los derechos humanos. Aunque varias organizaciones se desarticularon durante ese período, la BRP logró mantenerse gracias a la organización popular y a distintas formas de resistencia, incluso desde el exilio. También existieron otras brigadas, como la Elmo Catalán, vinculada al Partido Socialista.

Creo que nuestro principal aporte ha sido mantener viva esa memoria a través del muralismo. Muchas de esas obras forman parte de la memoria colectiva del país y han permitido que distintas organizaciones sociales expresen sus experiencias y denuncien los atropellos que sufrieron.

¿Por qué crees que la BRP ha logrado mantener su historia durante tanto tiempo?

Creo que la BRP ha perdurado, en primer lugar, porque tiene una estética muy reconocible y una mística propia. Nuestros compañeros históricos han sabido transmitir esa identidad y replicarla a lo largo de Chile.

Hemos pasado por momentos difíciles, en los que estuvimos cerca de desaparecer, pero la Jota ha sido fundamental para enseñar a las nuevas generaciones y mantener viva esa tradición. La BRP es una escuela de muralismo, y quienes hemos aprendido en ella tenemos la responsabilidad de compartir ese conocimiento. En mi caso, como encargado nacional, también me corresponde enseñar a los más jóvenes.

Nuestra estética tiene elementos clásicos y un sello propio, pero lo más importante no es la perfección visual, sino transmitir un mensaje político. Cuando tenemos claro ese objetivo, el muralismo cumple su propósito. Además, la BRP ha acogido a jóvenes que no militan en el Partido ni en las Juventudes Comunistas, pero que han encontrado en la brigada un espacio de participación y pertenencia. Eso también explica su continuidad: el muralismo nos permite acercarnos a distintas personas y comunidades.

La BRP es parte de la identidad de la Jota y una herramienta para vincularnos con el pueblo. Su historia se ha transmitido de generación en generación y nos permite seguir trabajando con objetivos claros. Por eso creemos que va a seguir existiendo: porque no es solo un grupo de personas que pinta murales, sino una organización con historia, identidad y un propósito político.

¿Qué pasó, por ejemplo, con la Brigada Elmo Catalán?

En la Brigada Elmo Catalán quedó un grupo de compañeros, pero, con el tiempo, no logró transmitir de generación en generación el arte y la estética que caracterizaban a esa brigada. Tengo entendido que actualmente los compañeros de las Juventudes Socialistas impulsan otras iniciativas de muralismo, como un movimiento llamado Somos Laura. Lo que quiero destacar es que la BRP ha mantenido un trabajo territorial y una disputa cultural durante mucho tiempo. Hemos participado en esa disputa por las ideas a través del arte, y hoy más que nunca queremos recoger esa bandera.

Los jóvenes ya no siempre se organizan mediante sindicatos u otras formas tradicionales de organización. Muchas veces encuentran espacios de participación en las acciones culturales, el muralismo y la música urbana. Son expresiones que les permiten reunirse, compartir intereses y construir comunidad. Por eso, nuestra brigada tiene el desafío de seguir evolucionando y entregarles herramientas a los compañeros y compañeras para que puedan empoderarse, aprender y continuar pintando murales en sus territorios. La idea es mantener viva esa tradición, pero también encontrar nuevas formas de acercarnos a los jóvenes y responder a las necesidades de cada comunidad.

“ESCUCHAR Y RESPETAR A QUIENES PIENSAN DISTINTO”

¿Cómo nace la idea para pintar un mural? ¿Cómo recogen las inquietudes de los vecinos y las transforman en una obra?

Lo primero que hacemos es conocer a la comunidad. Antes de pintar, nos reunimos con los dirigentes sociales y los vecinos. A veces organizamos una asamblea y otras veces conversamos con cuatro o cinco personas. Lo importante es establecer un vínculo con las organizaciones del territorio y conocer sus necesidades.

La mayoría de nuestros murales cuenta con la autorización de los vecinos. A partir de sus preocupaciones e ideas, elaboramos un boceto, se los presentamos y, si están de acuerdo, lo llevamos al muro. Así nacen muchas de nuestras obras.

Las temáticas también pueden variar. Hace poco, por ejemplo, realizamos murales en apoyo a Cuba. Sabemos que existen distintas opiniones sobre lo que ocurre en ese país, por lo que también es nuestra responsabilidad explicar a los vecinos qué queremos transmitir y por qué.

Cuando surge alguna diferencia, preferimos dialogar antes que entrar en conflictos. Si es necesario, buscamos otro espacio para realizar la actividad. No queremos imponer nuestro trabajo ni generar una mala relación con la comunidad. Para nosotros, la BRP debe ser un espacio seguro para la ciudadanía, y eso implica escuchar y respetar a quienes piensan distinto.

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¿Cómo logran llegar a tantos territorios a lo largo de Chile?

Tenemos distintas brigadas a nivel nacional y, como encargado nacional, me corresponde entregar orientaciones políticas y coordinar el trabajo en los territorios. Para eso, elaboramos planes estratégicos que permitan a los compañeros organizarse y desarrollar sus actividades.

Los recursos varían según cada jornada. A veces contamos con materiales de buena calidad y otras veces tenemos que trabajar con lo que hay disponible. Hace poco, por ejemplo, pintamos con pintura en bolsa. No era la mejor, pero nos permitió realizar la actividad. Muchas veces, la organización popular depende de los recursos que cada comunidad tiene a su alcance.

Para nosotros, lo fundamental es cumplir el objetivo político. A veces uno se enfrenta a un muro enorme y puede sentirse intimidado, pero hay que atreverse, tomar la brocha y empezar. Si nos quedamos pensando en las dificultades, terminamos poniéndonos barreras.

Creo que esa disposición explica, en parte, que la BRP haya llegado a tantos lugares de Chile. No ponemos la perfección estética por encima de todo ni creemos que haya que ser un gran artista para participar. Lo importante es tener un objetivo político claro y la voluntad de llevarlo adelante, incluso cuando los recursos son limitados.

¿Cuáles son los desafíos de la BRP frente al nuevo gobierno y sus medidas hacia la cultura y el muralismo?

Nuestro principal desafío es defender a los trabajadores de las artes frente a los recortes presupuestarios en cultura y a las medidas que puedan afectar su trabajo. También nos preocupa que se estigmatice a quienes pintan en las calles y se reduzca el muralismo a un acto de vandalismo, sin reconocer su dimensión artística, social y política.

Como brigada, estamos atentos a las decisiones del Gobierno para manifestarnos, a través de murales y rayados, frente a aquellas que consideramos injustas. Muchos trabajadores dependen del arte para sostener a sus familias, por lo que los recortes pueden afectar directamente sus posibilidades de trabajar.

Creo que la cultura es fundamental para disputar ideas y generar conciencia. El muralismo puede ofrecerles a niños y jóvenes un espacio de participación, donde canalizar sus energías, compartir con otros y encontrar un sentido de pertenencia. No se trata de resolver sus problemas, sino de entregarles herramientas para organizarse y descubrir nuevas motivaciones.

También hay una diferencia entre consumir arte y valorar aquellas expresiones que incomodan o cuestionan la realidad. Para nosotros, el arte no debe limitarse a lo decorativo: también tiene que abrir preguntas sobre lo que ocurre en el país y los conflictos que atraviesan a la sociedad.

Chile tiene una historia cultural muy importante, en la que han participado artistas de distintas tradiciones políticas y sociales. Desde nuestra perspectiva, el Partido Comunista ha hecho aportes significativos a esa historia, con figuras como Pablo Neruda, Violeta Parra y la propia BRP.

Nos preocupa que las políticas del Gobierno debiliten los espacios culturales y las oportunidades para que los jóvenes desarrollen una mirada crítica. Por eso, nuestro desafío es seguir pintando, formar nuevos muralistas y mantener abiertos espacios de participación y organización colectiva, incluso en un contexto político adverso.

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