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Pastora evangélica sobre la próxima ministra de la Mujer: “No queremos que se apropien de la voz de Dios para eliminar leyes a favor de las mujeres y las disidencias sexuales”

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Pamela Robles, representante de la Comunidad de Fe Disidente -una agrupación religiosa fundada por personas que sufrieron violencia en espacios eclesiales-, reflexionó en El Arrebato sobre la designación de Judith Marín en el gobierno de José Antonio Kast: “Yo no veo fanatismo religioso de por sí; yo veo a una mujer muy clara en que ella va a defender los valores de una ultraderecha en Chile”, comentó.

La psicóloga clínica y vicepresidenta de la Fundación Vasti insistió en que “la derecha supo leer muy bien al mundo evangélico y construir esta alianza”, basada en lecturas del evangelio “literalistas” y en un “poder pastoral”, donde se promueven incluso prácticas de tortura, además de violencia sexual y espiritual.

Por Jimena Améstica Zavala

Diversas críticas y cuestionamientos surgieron en los últimos días tras la designación de Judith Marín como la futura ministra de la Mujer y la Equidad de Género del próximo gobierno del ultraderechista José Antonio Kast. Las opiniones se han centrado en cómo su perfil como evangélica ultraconservadora podría influir en su gestión, apuntando específicamente a su conocido activismo en contra del aborto, sus declaraciones que planteaban eliminar la cartera y las acusaciones en su contra por haber participado en “exorcismos” de personas homosexuales dentro de las llamadas “terapias de conversión”.

La psicóloga clínica Pamela Robles, representante de la Comunidad de Fe Disidente, abordó la controversia en conversación con El Arrebato. La joven dirige la agrupación religiosa de base evangélica, conformada en su mayoría por mujeres y personas de las disidencias sexuales, quienes en algún momento de sus vidas fueron víctimas de violencia cuando participaban en otras iglesias establecidas.

Además de ser pastora, también se desempeña como vicepresidenta y terapeuta de la Fundación Vasti, dirigida por Claudia Gómez, una organización que desde hace doce años busca erradicar la violencia de género en contextos religiosos. En noviembre de 2025 publicaron el libro Reflexiones sobre el abordaje de la violencia de género en contextos de fe, donde Pamela analizó “la cultura de la pureza sexual” en uno de los capítulos.

—Definiste tu trabajo como “una labor que surge desde los márgenes” del mundo evangélico. Desde esa posición, ¿qué postura tomas frente a la designación de Judith Marín en el Ministerio de la Mujer?

Estamos leyendo en las redes sociales que catalogan a Judith como una fanática religiosa. Eso está estigmatizando al mundo evangélico y a mí me preocupa, porque yo no veo fanatismo religioso de por sí; yo veo a una mujer muy clara en que ella va a defender los valores de una ultraderecha en Chile. Es una política. Ella no es una fanática religiosa: es una evangélica que es de derecha y está muy clara en eso.

Según Pamela, estas voces de ultraderecha “tienen más lugares de visibilización”, y son esas visiones contra las que se rebelan como organización. “Nosotras estamos intentando levantar una voz para decir que habemos evangélicos que pensamos diferente, que estamos haciendo nuestro trabajo en comunidades de fe, de base, y que por ahora puede ser un trabajo más pequeño, pero que estamos fortaleciéndonos. Nuestra idea es ir a disputar estos discursos en lo público. Como nuestra visión del evangelio es otra, vamos a ir a defenderla”, replicó.

—¿Estás planteando que ser evangélico no necesariamente es un sinónimo de ser ultraconservador?

La derecha supo muy bien leer al mundo evangélico y construir esta alianza. Obviamente va sucediendo un proceso paralelo que comienza a establecer estos discursos más conservadores durante los años 80 y 90, con la entrada de los misioneros evangélicos estadounidenses. El foco del evangelio ellos lo pusieron en la santidad sexual: que para ser como Dios hay que ser santos sexualmente. Estas nociones de la castidad, del matrimonio heterosexual, de la familia tradicional. Y estas personas de derecha vienen a plantear que también las defienden.

Entonces, ¿qué se puede esperar de su gestión? En vista del revuelo que causó su nombre en primera instancia —y que seguramente continuará estando en la palestra una vez que asuma—, los ojos estarán sobre ella.

A mí me preocupa que ella, generando esta alianza, vaya en la defensa de estos valores cristianos pensados desde las lecturas que ellos realizan y que están muy lejos de estar centradas, por ejemplo, en el bienestar y en el amor al prójimo. Son cuestiones que nosotros venimos a disputar. Ella debería velar por el bienestar común de todas las personas del país, y posiblemente eso no sea lo que suceda. Ellos de alguna manera se apropian de la voz de Dios, y es preocupante, porque se han hecho atrocidades en nombre de Dios. Por ejemplo, el genocidio en Palestina.

Yo no espero nada bueno, siendo muy honesta. Y por lo mismo, nosotros estamos dispuestos a ir a disputar. No queremos que se apropien de la voz de Dios para eliminar leyes en las que se ha avanzado en favor de las mujeres y las disidencias sexuales porque ‘Dios lo dice’. Yo esperaría un poco de cordura y de comprender que el rol de ellos es político y que deben velar por el bienestar de todos y todas; que no antepongan su fe, ni sus creencias, ni su forma de interpretar la fe, que sabemos que no es la única ni la verdadera. Esperaría que eso se lo reservaran para su vida personal y velaran por todas las personas. No creo que pase, pero ahí vamos a estar”

—Algunos de los reparos específicos a ciertas lecturas del mundo evangélico es la literalidad con la que se acercan a los textos bíblicos. ¿Cuál es la posición de ustedes al respecto?

Totalmente. Creo que son lecturas que se realizan a conveniencia, que responden a sus propios intereses de sostener el poder, de estar en lugares de poder. Realizan lecturas literalistas de la Biblia, olvidando el contexto en el que fueron escritas, olvidando también la cuestión política que sucedía cuando esto se escribió; el idioma incluso y hasta las traducciones. Hay un montón de herramientas teológicas que se utilizan para acercarnos a los textos de manera mucho más responsable frente a las lecturas, y que ellos de alguna manera las obvian porque les conviene hacer esas lecturas literalistas.

—Entonces, ¿podrías asegurar que estamos hablando de una cuestión de poder?

Poder pastoral incluso. Sin duda que sí. Hoy en día la iglesia evangélica sigue creciendo y no va en retroceso, aun cuando se cree, desde inclusive análisis sociológicos. Son espacios comunitarios que van adquiriendo fuerza y que hoy en día, con estos discursos neopentecostales desde la teología de la prosperidad y del éxito económico, van creciendo de muchas maneras: en poder político, influencia pública. Y obviamente que ahí hay uso y abuso del poder pastoral.

—Tú representas a una comunidad evangélica. ¿Cuál podría ser la otra forma de acercarse a temas de salud pública como el aborto, o también a la educación sexual integral? ¿Qué los diferencia de estos otros grupos evangélicos?

Desde mi visión de las cosas, desde mi práctica de trabajo clínico, me he encontrado con discursos provenientes de estos espacios más conservadores, donde se les enseña a las niñas que el método anticonceptivo más eficaz es ponerse una moneda entre las rodillas y apretarla fuerte. Así, de esa manera, van a evitar tener relaciones prematrimoniales y embarazos. Ese es el tipo de educación sexual que se realiza dentro de las comunidades de fe hasta el día de hoy.

Entonces, nuestro foco ha sido promover el diálogo sobre sexualidad en los espacios de fe, considerando que es necesario no solo en la iglesia, sino también a nivel de sociedad. Porque si no hablamos de información básica -y también desde el placer-, ¿cómo se va a hablar de lo doloroso que es haber vivido una violencia sexual? Es mucho más complejo. El trabajo requiere que, desde temprana edad, se comience a conversar con los niños sobre cosas básicas, como las partes íntimas, ponerles nombre, para que después podamos hacer prevención de la violencia sexual dentro de los espacios de fe. Como este tema es un tabú, también se le da más cabida a esa violencia. Nuestro énfasis está en que necesitamos educación sexual integral en los espacios de fe.

—Y con respecto al aborto…

Sabemos que hay muchas lecturas, también desde la teología, pero nosotras en particular estamos en pos de promover que la vida debe ser plena y en abundancia. Entonces, si una mujer está en riesgo por su gestación, se hace necesario resguardar la vida de esa mujer.

Y, personalmente, hablaré por mí. Creo que es una decisión de cada persona, de cada mujer. En la iglesia -y los políticos de derecha- no pueden meterse en cuestiones tan personales e íntimas, porque si la fe se mete en ese tipo de decisiones, obviamente hay un ejercicio de control. Yo no me voy a plantear como “la que tiene la palabra de Dios”. Esta es mi visión personal, y la podemos discutir y construir en comunidad. En eso soy honesta con ellos, en mi espacio terapéutico y en todo lo que hago.

—Este tema será parte de la discusión pública en el próximo gobierno. ¿Quieren ser parte de estos eventuales debates?

Estamos preparándonos para eso, y el libro es especialmente un material que diseñamos precisamente con ese objetivo. Pretendemos seguir difundiéndolo. El 8 de marzo queremos hacer un relanzamiento, porque es un material que sirve para las comunidades y para otros espacios comunitarios, y lo vamos a poner a disposición. Donde nos llamen, van a ir para disputar este espacio, pero desde lo comunitario. Ese es nuestro plan. Somos una minoría. Creo que vamos adquiriendo más fuerza cada vez, pero hoy estamos construyendo desde los márgenes.

TORTURA Y DESLEGITIMACIÓN DE LA VIOLENCIA

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En el libro Reflexiones sobre el abordaje de la violencia de género en contextos de fe, de la Fundación Vasti, se incluye un capítulo escrito por un teólogo que, desde la corriente de la Teología de la Liberación, realiza un análisis sobre ciertos textos bíblicos que -asegura-han sido utilizados, desde lecturas conservadoras, para legitimar la violencia de género hacia las mujeres y disidencias sexuales.

Según Pamela, esta relectura es imprescindible para quienes habitan espacios eclesiales y añade que las violencias de género, tal como en la sociedad, “tienen lugar dentro de las iglesias: la violencia física, psicológica y económica. El factor que quizás las distingue es que se ligan a la violencia espiritual. Es decir, se utilizan los discursos de la iglesia para legitimar esta violencia”, explicó.

—Según su experiencia, ¿cómo se materializan estas violencias?

Por ejemplo, un pastor al que recurre una de sus ovejas diciendo que vive violencia por parte de su marido. Nosotros hemos escuchado que le dicen: “Vaya a orar, hermana, que el Señor lo va a transformar”. Y hasta ahí llega. No le van a decir: “Tú tienes que separarte”, o “tienes que buscar ayuda” o “ir a un terapeuta”. No se lo van a decir, porque la iglesia está enfocada en defender a la familia, a este ideal de familia nuclear y tradicional. Esos son discursos que hemos ido escuchando en la medida en que hemos acompañado a mujeres. Sus pastores minimizan o deslegitiman lo que ellas les iban a comentar.

Las terapias de “reconversión” para personas homosexuales han sido muy comentadas en el último tiempo, después de ser catalogadas como tortura por distintos organismos internacionales. ¿Es una práctica recurrente?

Son las ECOSIG (esfuerzos para corregir la orientación sexual e identidad de género), mal conocidas como terapias de conversión. Nosotras las catalogamos como una violencia sexual y espiritual, porque se establecen desde discursos religiosos sobre Dios para ir a “corregir” estas orientaciones sexuales y de género a través de mecanismos que, a veces, llegan a ser tortura. Organismos internacionales las han catalogado como tortura. Pero, claro, en las iglesias evangélicas muchas veces se disfrazan de retiros espirituales, encuentros, oraciones o liberaciones.

Yo atiendo a una población de 50 personas LGBTIQ+ que han tenido su paso por una iglesia evangélica. Muchos de ellos se han retirado precisamente por estas prácticas. Yo te podría decir que quizá el 90 % ha vivido violencia.

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