Nueva Ley de adopción: cuando se suspende la esperanza de miles de niños

Por Nicole, mamá por adopción y creadora de @adopcion.es.chile
En 2025, el presidente Gabriel Boric promulgó la nueva Ley de Adopción, que entre los cambios que generaría, se encontraba la disminución considerable de los tiempos de espera de niños, niñas y adolescentes para integrarse a una familia. Estábamos sumamente contentos, ya que nosotros somos una familia a través de la adopción.
Esta semana, cuando conocimos la noticia de que el presidente José Antonio Kast retiró el decreto que permitiría su implementación, suspendiendo así su entrada en vigencia, fue muy triste. Sabemos lo importante que es esta ley: representa esperanza para miles de familias a la espera de sus hijos y, sobre todo, para muchos niños que podrían acortar sus tiempos de espera y salir de un sistema sobrepasado. Un sistema con residencias que no son un espacio para que se desarrollen, expuestos a vulneraciones gravísimas, e incluso a la muerte.
En esos lugares, los niños aprenden a sobrevivir en ambientes que no les entregan la seguridad necesaria para disfrutar su niñez. Y si bien, tanto en este gobierno como en el anterior, se ha potenciado comunicacionalmente el sistema de familias de acogida —que cumplen una labor importantísima—, este sigue sin dar abasto frente a la cantidad de niños que tienen a su cargo. Basta señalar que, por ley, no deberían vivir menores de tres años en residencias; sin embargo, han sido el grupo con mayor número de ingresos en los últimos años.
Por eso es tan importante esta nueva ley: busca simplificar numerosos trámites legales, estableciendo un plazo de un año para que los niños puedan integrarse a su familia de origen y, de no ser así, avanzar posteriormente en el proceso legal que los haga susceptibles de adopción. Esto contrasta con la situación actual, donde se privilegia el retorno a la familia de origen, permitiendo que muchos pasen tres, cuatro o incluso toda una vida en un sistema que sabemos no funciona como debería.
Considero que el gobierno ha entregado una mala señal a la ciudadanía. Primero, porque esto se conoció a través de una filtración y, ante el revuelo en redes sociales, se vieron obligados a dar una respuesta, señalando que lo hacían por el “bienestar de los niños, niñas y adolescentes”. ¿Por qué no transparentar y explicar de forma específica qué aspectos quieren mejorar, entregando tranquilidad a las miles de familias? Todo esto, considerando que es una ley que estuvo durante diez años en el Congreso, y que fue aprobada por distintos sectores políticos.
Además, considerando los dichos del presidente Kast, quien ha señalado que una familia se constituye por una madre y un padre, cabe preguntarse si ese el tipo de “bienestar para los niños” que se busca. La nueva ley permitía que no existiera categorización de los tipos de familia, sino que se buscara la mejor familia según las características de cada niño.
Al moverme en el círculo de la adopción, he conocido parejas homoparentales que han adoptado, con niños felices, amados y protegidos. Además, son quienes muchas veces adoptan a los pequeños más difíciles de ubicar en una familia: como el matrimonio de Esteban y Alejandro, que adoptaron a una niña hermosa de 9 años; como a “Dos Papás en Chile”, que adoptaron a tres hermanos; o como “Dos Papás en Patagonia”, que adoptaron a dos hermanos. Esos son casos que, lamentablemente, muchos no están dispuestos a asumir.
Muchos buscan adoptar niños más pequeños, pensando que así borrarán su pasado, pero la adopción no es eso. La adopción es respetar que nuestro hijo viene con una historia que le pertenece, y nosotros, como padres, estamos para acompañarlo y ser incondicionales siempre.
Dejemos de pensar desde intereses políticos o desde una mirada egoísta de adultos. El objetivo principal de la adopción son los niños. Por ello, no podemos quedarnos tranquilos con el retiro de esta ley. Debemos ser conscientes de que esto tiene consecuencias para todos ellos que veían una esperanza de encontrar a su tan anhelada familia.
Hoy, pedimos a las autoridades que agilicen este proceso para que finalmente la ley entre en vigencia. Debemos seguir adelante, porque en cada niño que espera una familia que lo cuide, lo ame y lo proteja, veo a mi hijo: mi motor en la vida para visibilizar la adopción.
