“Mejor Niñez”: cumplir 18 con más miedo que futuro

Por Cristian Acosta, Fundación Somos Hermanos
En Chile, cada año, cerca de 400 jóvenes que crecieron en residencias del Estado cumplen 18 años y deben irse si no están estudiando. Así de simple. Si no están matriculados, la protección termina. Punto.
Yo fui echado a los 13 años con una polera y un pantalón. Solo me tenía a mí y al miedo de estar solo en la calle.
El actual Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia —conocido públicamente como “Mejor Niñez”, y que reemplazó al cuestionado Servicio Nacional de Menores (Sename)— tiene la obligación legal de proteger hasta la mayoría de edad. Después, la responsabilidad desaparece como si el trauma tuviera fecha de vencimiento.
Se estima que alrededor de 600 jóvenes egresan al año sin haber terminado cuarto medio, y sin un proyecto de vida real. Muchos con historias de abuso, negligencia, consumo, abandono. Muchos sin familia. Muchos sin casa.
¿Y qué pasa después?
Chile tiene más de 330 mil jóvenes que no estudian ni trabajan. A ese escenario, que ya es crítico, se suman quienes salen del sistema residencial, pero en una condición infinitamente más frágil: no tienen red de apoyo, no tienen ahorro, no tienen a quién llamar si todo se derrumba. Solo cerca del 38 por ciento logra insertarse en un empleo formal estable. El resto queda atrapado en la informalidad, en trabajos precarios o en la exclusión total.
El Censo 2024 registró 21 mil 750 personas en situación de calle en Chile. La escolaridad promedio de esa población es de apenas 9 años. ¿De verdad alguien cree que esto es casualidad? ¿De verdad vamos a seguir fingiendo que el egreso a los 18 años no es una fábrica de exclusión?
Y es más, los estudios muestran que la reincidencia delictual en jóvenes que pasan por el sistema puede bordear el 40 por ciento en los primeros años. Y después nos escandalizamos por la inseguridad. Pero nadie quiere hablar del abandono institucional que la alimenta.
La verdad es incómoda: el Estado protege mientras eres menor. Cuando cumples 18, el miedo crece, porque sabes que el cumpleaños no trae libertad, trae incertidumbre. Y si no tienes familia, te enfrentas solo a un país desigual, a un mercado laboral hostil y a una salud mental quebrada.
Cumplir 18 no convierte el trauma en resiliencia automática. No convierte la institucionalización en autonomía. No convierte años de vulneración en oportunidades. Un joven con familia cumple 18 y tiene casa, respaldo, comida, contención. Un joven egresado muchas veces tiene una bolsa con ropa y un plazo para desaparecer del sistema. Eso no es transición a la vida adulta, eso es abandono con firma institucional.
Y no lo digo solo yo. El documental “Silencio Creado” dirigido por Marcelo Tarud retrató con crudeza esta realidad. El trabajo expuso sin maquillaje lo que muchos prefieren no ver: las heridas del sistema, las historias truncadas y la soledad con la que demasiados jóvenes enfrentan la mayoría de edad.
Por eso, no basta con cambiar el nombre de la institución, no basta con decir “Mejor Niñez” si, a los 18 años, la puerta se cierra y la calle se abre. Entonces, el miedo no es exageración, es consecuencia. Pero este abandono no es un error, es una decisión estructural.
Con todo esto en cuenta, es que desde la Fundación Somos Hermanos, nuestro principal objetivo es abordar precisamente la realidad de estos jóvenes abandonados por su familia y por el Estado. Nosotros tomamos sus manos cuando nadie más lo hace y los acompañamos en este camino con contención inmediata y un abordaje biopsicosocial real. Les entregamos un lugar donde vivir, habitación, comida, acceso a trabajo y estudios para darles ese primer empujón que necesitan para salir adelante. Porque nadie debería cumplir 18 años con más miedo que futuro.

