El Arrebato

Periodismo desde las Entrañas

No solo se destruyen territorios, también mentes: conflictos globales actuales, salud mental y derechos humanos

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Por Sofía Varas Rojas

En el año 2026 la salud mental se ha convertido en uno de los indicadores más elocuentes del deterioro del orden social global. No como un fenómeno clínico aislado ni como una suma de diagnósticos individuales sino como una expresión profunda del daño estructural producido por guerras prolongadas crisis políticas intervenciones extranjeras y desigualdades históricas no resueltas. En este escenario Gaza y Venezuela emergen como territorios donde el sufrimiento psíquico colectivo se manifiesta de manera extrema revelando la íntima relación entre salud mental, derechos humanos y poder geopolítico.

Hablar de salud mental en contextos de conflicto implica necesariamente desplazar la mirada desde el individuo hacia la trama social que produce el daño. Como señala Ignacio Martín Baró el trauma generado por la violencia sociopolítica no se aloja únicamente en la mente de las personas sino que se inscribe en las relaciones sociales las instituciones y las formas de vida cotidianas que normalizan la violencia (Martín Baró 1990). En este sentido el sufrimiento psíquico no puede ser comprendido ni abordado sin reconocer las condiciones materiales simbólicas y políticas que lo generan.

Salud mental como expresión del daño estructural

La perspectiva dominante en salud mental ha tendido históricamente a individualizar el sufrimiento. Trastornos de ansiedad depresión o estrés postraumático suelen ser conceptualizados como fallas del aparato psíquico del sujeto desvinculadas de su contexto social. Sin embargo esta mirada resulta profundamente insuficiente en escenarios de guerra bloqueo económico o colapso institucional donde la violencia no es episódica sino permanente.

Desde la epidemiología crítica latinoamericana Jaime Breilh sostiene que la salud es un proceso social determinado por las condiciones de reproducción de la vida y que el sufrimiento psíquico es una consecuencia directa de la precarización estructural y la desigual distribución del poder (Breilh 2010). En contextos como Gaza o Venezuela el daño emocional no puede ser separado de la inseguridad alimentaria la destrucción de los sistemas sanitarios la violencia política y la pérdida sostenida de horizontes de futuro.

En 2026 la salud mental se convierte así en un campo de disputa ética y política. No se trata únicamente de acceso a psicoterapia o psicofármacos sino del derecho a vivir sin miedo sin humillación y sin amenaza constante. Cuando estas condiciones no están garantizadas el malestar psíquico deja de ser una excepción para convertirse en una experiencia colectiva.

Gaza trauma crónico bajo violencia genocida

La situación en Gaza durante 2026 representa uno de los escenarios más extremos de daño psicosocial contemporáneo. Años de bombardeos bloqueo económico desplazamiento forzado y destrucción sistemática de infraestructura básica han configurado una realidad donde la vida cotidiana está atravesada por la incertidumbre el miedo y la pérdida constante. La salud mental de la población palestina se encuentra profundamente afectada no solo por la violencia directa sino por la imposibilidad estructural de reconstruir la vida.

Diversos estudios han documentado tasas alarmantes de síntomas de estrés postraumático ansiedad severa depresión trastornos del sueño y manifestaciones psicosomáticas especialmente en niños y niñas expuestos de manera continua a la violencia armada (Thabet et al. 2017). Sin embargo estas categorías diagnósticas resultan limitadas cuando el trauma no pertenece al pasado sino que se renueva diariamente. En Gaza no existe un después del trauma porque el evento traumático continúa.

Desde la psicología social crítica Martín Baró advertía que en contextos de violencia prolongada la normalidad misma está dañada y que pretender adaptar psicológicamente a las personas a una realidad injusta constituye una forma de violencia simbólica (Martín Baró 1990). Bajo esta lógica la medicalización del sufrimiento palestino sin transformación política corre el riesgo de responsabilizar a las víctimas por reacciones emocionales absolutamente coherentes con el contexto.

La infancia en Gaza constituye uno de los núcleos más graves del daño psicosocial. Niños que han vivido múltiples guerras antes de la adolescencia presentan alteraciones profundas en el desarrollo emocional cognitivo y vincular. La imposibilidad de imaginar un futuro genera lo que diversos autores han denominado desesperanza aprendida colectiva una condición donde el proyecto vital se ve radicalmente truncado (Fanar Haddad 2023).

Desde una lectura poscolonial Frantz Fanon señalaba que la violencia colonial no solo destruye cuerpos y territorios sino que coloniza la mente produciendo alienación fragmentación del yo y ruptura del tejido social (Fanon 1961). Gaza encarna esta forma extrema de violencia donde la negación sistemática de la humanidad del pueblo palestino impacta directamente en su salud mental colectiva.

Venezuela crisis política intervención externa y desgaste emocional

En América Latina la crisis venezolana alcanzó en 2026 un punto crítico tras la detención de Nicolás Maduro en el marco de una operación internacional impulsada por la administración de Donald Trump. Más allá de las interpretaciones geopolíticas este acontecimiento tuvo un impacto psicosocial inmediato en una población ya afectada por años de crisis económica migración forzada polarización política y colapso institucional.

Desde la salud mental comunitaria la experiencia venezolana puede comprenderse como un proceso de desgaste psíquico crónico. La imposibilidad de planificar el futuro la pérdida de proyectos vitales y la separación familiar producto de la migración masiva han generado duelos múltiples no elaborados (Briceño León 2018). Estos procesos se expresan en el aumento de sintomatología depresiva consumo problemático de sustancias y conductas suicidas especialmente en jóvenes y adultos mayores.

La detención de un jefe de Estado en un contexto de fragilidad institucional no produjo estabilidad emocional sino un aumento del miedo la incertidumbre y la sensación de vulnerabilidad colectiva. La intervención externa liderada por Estados Unidos reactivó memorias históricas de colonialismo y dependencia generando respuestas emocionales ambivalentes de esperanza resentimiento y humillación simbólica (Segato 2016).

Desde la epidemiología crítica Breilh sostiene que las crisis políticas profundas erosionan la salud mental colectiva al precarizar la vida cotidiana y destruir las redes de protección social (Breilh 2010). En Venezuela la salud mental ha sido históricamente relegada dentro de la emergencia humanitaria priorizando la supervivencia física por sobre el cuidado psíquico lo que ha profundizado el daño emocional acumulado.

Trump geopolítica del miedo y efectos psíquicos globales

El rol de Donald Trump en el escenario internacional de 2026 no puede ser analizado únicamente desde la política exterior. Su discurso beligerante su lógica de castigo y su instrumentalización del miedo han tenido efectos directos sobre la salud mental de poblaciones enteras. En Gaza el respaldo incondicional a Israel reforzó la sensación de abandono y deshumanización. En Venezuela la intervención impulsada por Estados Unidos fue vivida como una amenaza directa a la soberanía y la estabilidad emocional colectiva.

Desde la psicología política se ha observado que los liderazgos autoritarios y punitivos generan climas de miedo que afectan no solo a los territorios directamente intervenidos sino al imaginario global (Martín Baró 1990). La salud mental se ve impactada por la percepción de un mundo impredecible donde la vida puede ser alterada por decisiones tomadas lejos de los territorios afectados.

Salud mental derechos humanos y cuidado comunitario

En Gaza  la salud mental emerge como un derecho humano vulnerado de manera sistemática. La Organización Mundial de la Salud reconoce que no puede haber salud sin salud mental sin embargo en contextos de conflicto este derecho queda relegado frente a lógicas de guerra y control político.

La mercantilización de la salud mental agrava esta situación. En 2026 el acceso a atención psicológica de calidad sigue concentrado en sectores privilegiados mientras las poblaciones más afectadas por la violencia quedan excluidas. En Gaza la destrucción del sistema sanitario impide cualquier atención sostenida. En Venezuela la precarización del sistema público deja a millones sin acompañamiento psicológico.

Frente a este abandono institucional emergen experiencias comunitarias de cuidado. Redes de apoyo espacios de palabra rituales colectivos y prácticas culturales funcionan como estrategias de resistencia psicosocial. Eduardo Menéndez sostiene que estos saberes no biomédicos deben ser reconocidos como formas legítimas de cuidado que permiten sostener la vida emocional en contextos de exclusión (Menéndez 2005).

Trauma memoria y transmisión intergeneracional

Uno de los efectos más profundos del daño psicosocial es la transmisión intergeneracional del trauma. En Gaza niños nacidos en contexto de guerra heredan no solo la precariedad material sino también el miedo la hipervigilancia y la desconfianza. En Venezuela generaciones jóvenes crecen internalizando la incertidumbre como condición permanente de vida.

La ausencia de procesos de reparación psicosocial profundiza esta transmisión. Sin espacios de elaboración colectiva el trauma se transforma en memoria silenciosa que atraviesa generaciones perpetuando el daño.

En 2026, la salud mental se revela como un campo de disputa política donde el poder deja huellas profundas y duraderas. Gaza se presenta como uno de los ejemplos más extremos: un territorio sometido a una violencia sistemática que no solo destruye cuerpos y ciudades, sino también la posibilidad misma de una vida psíquica estable. El trauma colectivo no es un accidente de la guerra, sino una tecnología de dominación que desestructura la subjetividad, fragmenta los vínculos sociales y normaliza el miedo como condición permanente de existencia.

Las acciones políticas impulsadas y legitimadas por figuras como Donald Trump desde el respaldo incondicional a la ofensiva israelí hasta la deshumanización discursiva del pueblo palestino han contribuido a reforzar este escenario. No se trata únicamente de decisiones diplomáticas, sino de gestos simbólicos que autorizan la violencia y la impunidad. Al negar el sufrimiento palestino o reducirlo a una cifra colateral, estas políticas producen un daño psicológico masivo, sostenido por el silencio y la indiferencia del orden internacional.

Desde una mirada sociológica crítica, el sufrimiento mental en Gaza no puede comprenderse sin analizar el entramado global que lo sostiene. La salud mental aparece aquí como una víctima directa del imperialismo, del racismo estructural y de una geopolítica que jerarquiza vidas. La ansiedad crónica, el estrés postraumático y la desesperanza no son patologías individuales, sino respuestas coherentes a un contexto donde el futuro ha sido confiscado por decisiones tomadas lejos del territorio que las padece.

El discurso de la resiliencia, promovido desde organismos internacionales y potencias occidentales, funciona como una estrategia de neutralización política. Se exige fortaleza emocional a quienes viven bajo bombardeos, bloqueos y desplazamientos forzados, mientras se omite deliberadamente la responsabilidad de los actores que producen esas condiciones. Esta lógica no solo invisibiliza las causas del sufrimiento, sino que convierte a las víctimas en responsables de su propia devastación psíquica.

Hablar de salud mental en Gaza, y vincularla críticamente con las acciones de Trump y de otras potencias, es un acto de denuncia y de resistencia ética. Implica afirmar que no puede haber bienestar psicológico bajo ocupación, ni sanación posible sin justicia. Reconocer el daño emocional es desafiar un orden global que tolera  y a veces celebra la destrucción de la vida psíquica de pueblos enteros como parte del costo aceptable del poder.

•Sofía Varas Rojas es socióloga, especialista en salud mental, género y Derechos Humanos.

REFERENCIAS

Breilh J. (2010). Epidemiología crítica ciencia emancipadora e interculturalidad. Lugar Editorial.

Briceño León R. (2018). La violencia en Venezuela relatos explicaciones y propuestas. Editorial Alfa.

Fanon F. (1961). Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica.

Martín Baró I. (1990). Psicología social de la guerra trauma y terapia. UCA Editores.

Menéndez E. (2005). Modelos de atención de los padecimientos y exclusiones estructurales. Editorial Lugar.

Segato R. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.

Thabet A. A. Abu Tawahina A. El Sarraj E. (2017). Trauma mental en niños palestinos 

expuestos a violencia crónica. International Journal of Mental Health Systems, 11(1), 1–9.

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