La memoria y la política en el nuevo libro de Claudia Apablaza: “Hay muchas cosas que se silencian en la familia”

La escritora, autora de “La siembra de nubes” y editora de “Los Libros de la Mujer Rota”, lleva años radicada en Madrid. Desde allí, habló con El Arrebato sobre el origen de su obra lanzada recientemente en España, México y Chile, y los simbolismos que tiñeron a sus personajes, repasando los afectos, los vínculos y las marcas de la dictadura. Asimismo, destacó las creaciones literarias latinoamericanas, asegurando que como “un continente que históricamente ha sido colonizado, tenemos una historia que nos ha determinado y que va a determinar por siempre nuestras producciones, y nuestro ser en términos sociales”.
Por Jimena Améstica
“Cuando algunas hemos recibido la noticia de que debemos migrar en poco tiempo, por las condiciones que sean, siempre se produce una especie de temporalidad atípica, que no es nuestro cotidiano. La temporalidad, de alguna forma, se encapsula y en esas semanas antes del viaje pasan muchas cosas”, de eso se trata “La siembra de nubes”, la nueva novela de la escritora nacional Claudia Apablaza que vio la luz en España, México y recientemente fue lanzada en Chile.
Radicada en Madrid, la artista, reconocida como editora de Los Libros de la Mujer Rota, contó los orígenes de una obra que gira en torno a Amelia, una joven científica santiaguina que dedica su carrera a estudiar las formas alternativas de hacer llover. La trama habla sobre su activismo en cuestiones del clima y los cambios en su vida antes de viajar a Banff, un pequeño pueblo en las montañas de Canadá.
“Ella está concentrada en estudiar el impacto de la siembra de nubes, una técnica donde se bombean las nubes con ciertos elementos, yo le pongo inmediatamente tóxicos, para generar lluvias artificiales. Eso es el preámbulo. Esta mujer es una activista del clima que recibe una beca para estudiar en Banff. Yo estuve ahí en una residencia para escritores”, contó.
Sin embargo, más allá de la historia de una investigadora, la narración se centra en la “poética de la nube” como una “poética del cúmulo”, explica Apablaza, precisando que el libro recorre las tres semanas de Amelia antes de su viaje donde “todo es super intenso, se acumulan emociones, se mezclan en despedidas, preguntas y miedos”. Y en medio de esa nebulosa, se desprenden secretos familiares cruzados con la política y la memoria.

–Nos contabas que Amelia se pegunta acerca de su pasado para poder situarse en su presente, en medio de esta vorágine de cambios de sus últimas semanas en Chile…
-Ella se va a ir, y su abuela tiene que contarle cosas que quizás no se las va a poder contar después. Tiene que tener conversaciones con sus padres, con sus parejas, un novio y una medio amante. En esas preguntas que se abren se empiezan a ir ciertos secretos familiares. Por ejemplo, un tío que se fue a Brasil en dictadura. Un tío de izquierda que lo piensa como un posible padre. Se va a Brasil en el exilio político, a la fuerza, así como salieron muchas personas durante la dictadura.
SECRETOS Y AUSENCIAS
Claudia insiste en que su libro “trabaja los secretos y las ausencias”, como también “esos silencios que son nuestro presente”. En esta línea, la autora reconoce como central el tema de la memoria en Chile y las preguntas de qué ocurrió y cómo “hay mucha gente que hasta hoy no se sabe qué pasó con sus cuerpos. Hay un tema que está silenciando históricamente. Y hay cosas que se niegan producto de objetivos; algunos económicos y otros que son mucho más crueles”.
–Podemos relacionar de forma directa el silencio de un país al de las propias familias…
-Hay cosas que siempre se están silenciando para tapar ciertos momentos de nuestra memoria política y lo mismo pasa en las familias. En este libro no solamente se trabaja el secreto en relación al devenir histórico o polÍtico de nuestro país, sino que también en relación a los afectos que Amelia tiene y en relación a su familia. Hay muchas cosas que se silencian en la familia.
–Entonces, ¿situar a Amelia en la actualidad y teniendo cierta edad durante la dictadura fue una decisión específica?
-Esta mujer nace en dictadura. Es muy distinto haber sido niño, adolescente o adulto en dictadura. Por ejemplo, en Lumpérica de Diamela Eltit. Ella era una escritora que ya estaba produciendo en dictadura. Hay una fiel representación de los aparatajes de control, está todo puesto en el texto. Ahora, si lees a Nona Fernández, es evidentemente otra generación que va a estar mirando. Porque ella fue adolescente en dictadura.
Pero su caso es distinto, precisa Apablaza. “Yo fui una niña en dictadura, entonces el personaje de Amelia está teñido de un recuerdo que es mucho más nebuloso, mucho menos encarnado, como el de Diamela Eltit. Y eso no quiere decir que yo no me esté haciendo cargo de un presente. Obviamente me estoy haciendo cargo de esa memoria política pero desde un lugar ‘otro’ que está atravesado por la generación que la mira, que la intenta rescatar, que la intenta evidenciar”.
La inquietud por “hacerse cargo” del pasado político de Chile es una constante en la obra de la escritora. Incluso, para asegurarse de aquello, le entregó “Siembra de nubes” a la historiadora Claudia Zapata. “Le dije que tenía mucho miedo de ser mirada como que no me estaba haciendo cargo de un pasado político. Y ella me dijo, ‘no, al contrario, tú lo estás haciendo generacionalmente desde un lugar donde el personaje era una niña y los recuerdos que tiene son mucho más nebulosos que un recuerdo encarnado como el de la Diamela Eltit en Lumpérica'”.
Viéndolo desde esa perspectiva, ¿Es imposible extraerse del contexto político cuando alguien escribe?
-Yo creo que hay gente que lo niega, que intentan zafar de un presente político, porque les interesa vender, etcétera. Pero, yo como autora, para nada. Yo trabajo con mi presente y en la realidad en la que estoy situada. Mis novelas están teñidas de eso, me hago cargo. Ahora estoy trabajando en un nuevo libro que tiene mucho que ver con migración, experiencia de ser un migrante en un país europeo, yo siempre trabajo literatura situada, no me puedo arrancar de mi contexto, desde un lugar crítico”.
LA MARCA DE LATINOAMERICA
Vives en España hace años, ¿puedes establecer una diferencia entre la literatura contemporánea de allí con la chilena en un sentido político?
-No solamente lo veo en Chile, en Latinoamerica estamos cruzados por otras historias, por otras problemáticas y por lo tanto, nuestras literaturas y textos son mucho más politizados. Es intrínseco a nuestra identidad. Acá leo muchas veces textos mucho más estéticos, donde lo político o esa problemática, esa herida, no se evidencia. Hay libros, hay textos. Pero es mucho más estético, visual, a veces efímero, por decirlo de alguna forma.
Pero en Latinoamérica, complementa Claudia, “es mucho más difícil encontrar un texto que no esté atravezado por lo político y eso tiene que ver también, no solo con los escritores y artistas, sino que estamos atravesados por esa pregunta siempre. Basta con leer a otras autoras (…) y es evidente, porque somos un continente que históricamente ha sido colonizado. Tenemos una historia que nos ha determinado y que va a determinar por siempre nuestras producciones, nuestro ser en términos sociales”.
Además de su mirada como autora, Apablaza también rescata la significación de las letras latinoamericanas en su rol como editora de Los Libros de la Mujer Rota. “Hay una riqueza y una resistencia. Latinoamérica es un pueblo en resistencia. Osea, así se funda. Evidentemente todas esas historias van a depender de esa historia fundacional”, replicó.
–¿Y en esas resistencias, se puede considerar que también nace la propia resistencia a ciertos estereotipos?
-No somos un estereotipo, solamente estamos atravesadas por esta resistencia. Muchas veces son literaturas consideradas exóticas por la academia y los investigadores. Se habla de una literatura como extraña, rara, fuera de lugar. Pero Los Libros de la Mujer Rota, lo que he intentado hacer como editora es visibilizar a autoras latinoamericanas que tienen obras de mucha relevancia. Esritoraas que son muy diversas las unas de las otras, no somos un todo.

