Indemnizan a trabajador torturado en el Estadio Nacional en 1973: “Se me aplicó corriente en todo el cuerpo por más de tres horas continuas”

“Hicieron otras cosas que duele y avergüenza recordar. Fueron aberraciones que solo yo, Dios y quienes me aplicaron las torturas sabemos lo humillante y macabro de ese momento”, relató.
Por Redacción El Arrebato
“Me desnudaron y me colgaron de las muñecas, estando desnudo y colgado me daban golpes con lumas en todas partes de mi cuerpo (…) también me pagaban combos en el estómago y cara. Esto duró toda la noche y llegó al punto en que ya no sentía mis brazos y solo colgaba como un trozo de carne”.
Así comenzó el relato de Rodolfo Arancibia, un operario fabril que el 12 de septiembre de 1973 fue detenido y sometido a torturas en la Cuarta Comisaría de Carabineros de Santiago y en el Estadio Nacional. Esta semana la Corte de Apelaciones de la capital condenó al fisco al pago de una indemnización de 25 millones de pesos por daño moral en su contra.
Según el tribunal “las acciones ilícitas perpetradas por agentes del Estado no solo causaron un trauma inmediato, sino que también han tenido repercusiones duraderas en la vida del demandante (…) la detención motivada por razones políticas y las torturas infligidas por agentes estatales constituyen la base del daño moral alegado, derivado directamente del acto ilícito”, precisa el fallo.
En la demanda presentada contra el Estado, el sobreviviente declaró que fue detenido cuando trabajaba en la Fábrica Burgos, ubicada en Ñuble 1034 y fue llevado a la 4° comisaria de carabineros de Santiago. “En este lugar fui brutalmente golpeado por carabineros quienes sin mediar motivo alguno, o razón, me pegaban con lumas en la piernas hasta hacerme caer”.
La mañana del 13 de septiembre de 1973 fue sacado del calabozo, vendado y con las manos amarradas en la espalda y con un palo entre los tobillos, para ser trasladado en un vehículo al campo de prisioneros del Estadio Nacional, donde fue entregado a un par de militares que estaban de guardia en el recinto.
Dos días después fue llevado nuevamente a un interrogatorio, donde sufrió tortura física y psicológica. “Para mi es muy difícil describir este episodio ya que hay muchas cosas de ese momento que no quiero o no me atrevo a describir, ya que jamás lo podré superar. Me aplicaron electricidad en todo mi cuerpo hasta que perdía el control del esfínter, y con énfasis en mis genitales dándome golpes de corriente en mis testículos y pene, también golpes de corriente en la cabeza hasta perder el conocimiento”.
Tras ello, aseguró que le “hicieron otras cosas que duele y avergüenza recordar. Fueron aberraciones que solo yo, Dios y quienes me aplicaron las torturas sabemos lo humillante y macabro de ese momento. El día 16 de Septiembre se repiten las torturas, y nuevamente se me aplicó corriente en todo el cuerpo por más de tres horas continuas. Fueron tantas las descargas de corriente que mientras era electrocutado vomité, me oriné, y perdí nuevamente el conocimiento en varias ocasiones”.
Su liberación el 17 de septiembre de 1973, recordó, “no fue más agradable que mi estadía en ese maldito lugar, me liberaron en la tarde, muy poco faltaba para el toque de queda (…) fui amenazado con que si me pillaban en la calle me fusilarían inmediatamente y luego irían por mi familia”.
En su declaración, Arancibia dijo esperar que “nunca más en Chile se derrame tanta sangre de gente inocente, por unas mentes enfermas de codicia y poder. Yo pude salir en libertad a fines de septiembre de 1973, pero muchos de quienes compartieron esos horrores los silenciaron para siempre”, cerró.
