La muerte es una casa extraña: “Un lugar soleado para gente sombría” de Mariana Enríquez

Por Uriel González
“Había quedado sola en casa y, cuando me miraba en el espejo con mi único ojo, veía una cara negra.”
Una doctora que puede ver y tranquilizar a los muertos de su barrio. Hermanos, obsesionados con los pájaros y la piel, con el sílbido oscuro que su madre escuchó después de la violación. Una prima desaliñada que regresa a Argentina con sus padres detrás de ella, preocupados porque las voces con las que ella hablaba de chica, están marcando su cuerpo. El cuerpo, el de una mujer que cambiará por completo a raíz de una histerectomía, y el de una leyenda urbana, encontrado dentro de uno de los hoteles más infames de Estados Unidos.
Los novios, macabros que visitan las ruinas de un palacio, encontrándose frente a las reminiscencias de su sádico y brutal pasado, y los enamorados, que se adentran a un pueblo casi deshabitado, desde que el tren dejó de pasar, encontrándose con las extrañas obras de un oscuro artista local. Una tienda de ropa vintage recibe un lote de prendas maravillosas y lujosas; cada prenda espera con ansías ser habitada de nuevo. Una mujer comienza a recibir audios que quebrarán su realidad y la pondrán lado a lado con la muerte. Los niños, fríos por la heladera abandonada donde cuentan cuánto aguantan sin respirar y esos otros de ojos negros que pedirán más que dejarlos entrar.
“Por eso vivo aquí, a pesar de los fuegos. Porque esta es una ciudad de brujos”.
Mariana Enríquez, después del éxito avasallador de la novela que le valió el Premio Herralde de Novela 2019, “Nuestra parte de noche“, regresa con “Un lugar soleado para gente sombría“, una recopilación de doce cuentos. Cada cuento intenta descifrar los miedos más humanos: el de desaparecer, el de ser secuestrado, el de ser borrado de la faz de la tierra y que nadie vuelva a saber de nuestro nombre.
Porque es entendible que la epidemia de fantasmas de un barrio sea la única acompañante del espíritu enrabiado de un chico que gritó ayuda y todos le cerraron la puerta en la cara. Porque es entendible que los pájaros canten mucho, es su forma de llorar, porque son mujeres encerradas y castigadas en calandrias y chochis. Porque es entendible que no sepamos quienes somos, es un poco imposible si estamos medio borrados, porque el primer borrón no nos lo da el mundo, sino la familia.
“Un lugar soleado para gente sombría” nos presenta a personajes enmarañados, cuerpos rotos, sustancias y objetos, ajenos al alma. Los pies transitan las calles rotas, porque las raíces de los árboles están salidas. Piensan, con nostalgia, en el país al que pertenecen, habitando en otro más frío y hostil, lleno de ciudades de neón y oscuridad que a su vez se habita en cañones, en soles, desiertos. Ciudades que, de tan vivas, están muertas. Ciudades donde a los fantasmas, lo único que les queda es sentirse blues. Ellos transitan de una provincia, al barrio, del barrio a Estados Unidos y regresan, siempre lo hacen, porque la soledad clava los dientes con más fuerza en lo ajeno, en lo que esta lejos.
“Cuando la muerte llega es bien claro. Lo primero es la palidez y luego el olor, el pis y la mierda. No sé por qué, hasta entonces imaginaba que la muerte era limpia, pero la relajación total provoca, claro, la evacuación”.
La sombra del lugar soleado
Los cuentos de Mariana Enríquez tienen un balance entre lo real y lo fantasmagórico, uno nunca sabrá cuando pasa el umbral, hasta que te sientes extraño, es como si estuvieras en ese pueblo que se resiste a ser ciudad. De pronto estás dentro de un vestidor, con una prenda que te queda apenas, te sientes feliz y un segundo después te duele una cortada, que no tenías, en el estómago, la piel se cae y tienes sangre. De pronto quien está frente al espejo, no eres tú, es un muerto. Todos los espejos se convierten en portales y los cuentos dejan de ser leídos, para ser pensados, obsesionados y manifestados.
Mariana Enríquez nos dice que los muertos nunca se van, que nos encierran, siguen en las comidas de verano, llenas de jarras de agua con Tang de naranja y la carne podrida. Siguen en los desechos que las empresas nacionales dejaron, después de la dictadura. Siguen en los desaparecidos. En el conurbano que crece y aleja a las personas, dejando en el centro a unos cuantos y a muchos más en la orilla.
Para quien ya haya leído a Mariana Enríquez encontrará en esta recopilación muchas de las obsesiones ya leídas con anterioridad en sus otras obras. Están los santos de la carretera, los milagros, Gauchito Gil y Divina Correa. Está la piel como atracción de lo infecto. La casa extraña. Están los gusanos y los niños. Está Silvina Ocampo, como nunca, en los cuentos ambientados dentro del campo y la provincia.
“Un lugar soleado para gente sombría”, es los muertos y su extraña forma de vengarse, de pintarse y de borrarse. Su extraña forma de querer, de extirpar y reanimar, de llorar así sea dentro del océano contenido en el tanque de agua de una azotea, igual de sola que su presencia. Los muertos que nunca se van y esperan un milagro de luz para volver y amarrar. Volver, abrir la carne viva y cortar.
Los muertos hablan por teléfono. Se comunican a través de espejos. Siempre están pidiendo. Los muertos de los ojos centelleantes, negros y llorosos porque Dios los ha olvidado. Los muertos que arañan el infierno, buscando la última puerta por abrir.
Herencia maldita
En la presentación del libro en la Casa de América, la cantautora Christina Rosenvinge habla con Mariana Enríquez sobre los padres y el temor a parecerse a ellos. Mariana Enríquez dijo:
“A mí la cuestión de la herencia me preocupa mucho. En general como tema, y me parece especialmente terrorífico esta idea de cuando uno crece entiende a su madre y a su padre. Yo no quiero parecerme a mi madre ni a mi padre. Quiero mi individualidad y no quiero sus traumas y no quiero sus rostros. No quiero esa carga”.
Enlace de la entrevista: https://www.youtube.com/watch?v=JYDQIZK6Cxc&t=1519s
Lee aquí, el primer cuento de “Un lugar soleado para gente sombría”: https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/mariana-enriquez-mis-muertos-tristes/17882/
