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“La Manguera de Falsedades” y el camino a La Moneda: mientan, mientan, que algo queda

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Por Ariadna Beneventi Pacheco, activista por la equidad de género

Mientras escuchaba el debate presidencial organizado por la Asociación Nacional de Televisión (Anatel) este lunes 10 de noviembre, no pude evitar pensar en la técnica de propaganda del “Firehose of Falsehood” o “Manguera de Falsedades”. El término, surgió en 2016 en torno a los discursos de Vladimir Putin y continúa vigente, siendo aplicable incluso al periodo de elecciones presidenciales en Chile que se zanjará este domingo. 

La “Manguera de Falsedades”, es aquella técnica que un propagandista emplea para bombardear a la ciudadanía con mentiras, las que no deben ser necesariamente creíbles, pero deben contar con un emisor que pueda mantenerse firme con ellas. Se trata de mentiras obvias, que pueden llegar a ser muy efectivas para manejar a la opinión pública y suelen difundirse a través de múltiples medios, especialmente en las redes sociales, plataformas que no mantienen un filtro de “fact-checking” o verificación de hechos.

Hoy, y de forma específica en lo referente a las elecciones presidenciales en Chile, nos enfrentamos a un escenario donde la verdad deja de ser una prioridad para muchos políticos, quienes construyen su discurso sobre verdades parciales o directamente falsedades, apelando a la emoción por sobre la evidencia. Ser un buen mentiroso implica no sólo inventar, sino hacerlo de modo convincente, evitando ser desenmascarado. Por ende, si escuchamos o leemos una mentira en múltiples sitios, es posible que se instale como un hecho verídico, indica la teoría.

La “Manguera de Falsedades”, en el fondo, refleja una disputa por el poder y la influencia; y su eficacia se apoya en desigualdades estructurales: como el acceso desigual a la educación cívica, las diferencias en los hábitos informativos y la persistencia de ciertos valores y patrones culturales que moldean la manera en que las personas interpretan la realidad. Ejercer poder desde el discurso implica movilizar a esas masas que, entre la desinformación y la ignorancia inducida, terminan creyendo en las mentiras y actuando en función de ellas. 

EL MIEDO

En el debate de Anatel, y en general, en la mayoría de los discursos de los políticos de la derecha y ultraderecha, podemos ver cómo esta técnica emerge. 

Partamos con la discusión sobre la legislación sobre el aborto libre. Al día de hoy, Chile solo permite la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales según la Ley Nº 21.030, pero se busca avanzar hacia el aborto legal hasta la semana número catorce. En el debate de Anatel, el abanderado del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser repitió que “abortar es matar guagüitas” y que, incluso, eliminaría las tres causales. Su frase es un claro ejemplo de la “Manguera de Falsedades”, al perpetuar una mentira emocional, repetida con convicción, que busca moldear la opinión pública más que informar. 

Abortar no es “matar bebés”. La evidencia internacional nos demuestra que legalizar el aborto no aumenta su número: lo hace más seguro y reduce la mortalidad materna. Aun así, el discurso de la derecha insiste en tergiversar, apelando al miedo y a la culpa, mientras decenas de mujeres en Chile siguen siendo perseguidas judicialmente por decidir sobre su propio cuerpo. 

Por otro lado, en el discurso electoral, el candidato del Partido Republicano, José Antonio Kast insiste en que “cada ocho horas asesinan a un chileno”, con el propósito de fomentar el terror colectivo hacia la delincuencia. Sin embargo, los datos oficiales revelan una realidad distinta: en 2024 se registraron mil 207 víctimas de homicidios consumados, lo que equivale a una tasa de 6,0 homicidios por cada 100 mil habitantes, una reducción del 4,8% respecto de 2023 (cuando la tasa fue de 6,3) según el informe de la Subsecretaría de Prevención del Delito. Esto no significa que el problema esté resuelto, pero sí, refuerza la tesis de que el gobierno de Gabriel Boric ha logrado frenar la escalada de homicidios que se venía dando desde 2016. 

Además, conviene poner sobre la mesa otro problema igualmente grave y a menudo silenciado: el suicidio. En Chile la tasa de suicidio alcanza los 10,3 casos por cada 100 mil habitantes en 2024, lo que implica que las muertes autoinfligidas ya superan ampliamente a los homicidios. En ese sentido, centrar el debate únicamente en la delincuencia y los homicidios reduce la complejidad del problema social.

El modo en que José Antonio Kast aborda la seguridad, mediante frases alarmistas que dibujan un país sitiado por el crimen, perpetúa una atmósfera de miedo constante. Ese clima de terror político nubla otras realidades igual de urgentes: en Chile, hoy se quitan la vida más personas que las que son asesinadas. El “miedo al otro” se instala como herramienta electoral, mientras el dolor interno, la soledad y la precariedad en salud mental continúan siendo causas silenciosas de muerte. 

RELATO DEL CAOS

También, podemos observar la estrategia de la “Manguera de Falsedades” en el cuestionamiento de los datos y de las estadísticas oficiales. Chile cuenta con un sistema estadístico robusto y reconocido a nivel latinoamericano, cuyas cifras, lejos de sostener los relatos de caos y descontrol, reflejan avances y matices que desmienten la narrativa del miedo. 

La acusación de que la candidata del oficialismo, Jeannette Jara fue la “ministra del desempleo”, frase empleada por José Antonio Kast, constituye la aplicación estratégica de la “Manguera de Falsedades”. Con esta táctica, simplifica una realidad económica compleja en un eslogan de alto impacto emocional, inundando el debate sin ofrecer matices. Al aislar únicamente la alta tasa de desempleo, que es un dato real, esta retórica ignora deliberadamente el contexto post-pandemia de Chile, que destruyó millones de puestos. La comparación simplista, pensada para paralizar la capacidad de análisis del electorado y de los oyentes, es un ejercicio de cinismo político que convierte un desafío estructural en una falla personal de gestión. 

Para desmontar esta falsedad, basta con mirar el panorama laboral completo del país. La gestión del Ministerio del Trabajo del Gobierno actual no ha provocado la crisis, sino que ha liderado una recuperación histórica: se han recuperado cerca de 600 mil empleos desde el punto más bajo de la pandemia y, fundamentalmente, se ha formalizado la economía, alcanzando una tasa de informalidad en mínimos históricos (cercana al 26% en trimestres recientes). Si bien, los niveles de desempleo siguen siendo altos (cerca del 8-9%), ello se explica en gran medida por un factor positivo: el aumento inédito de la Fuerza de Trabajo, es decir, más personas, especialmente mujeres, volvieron a salir a buscar empleo, confiando en el mercado laboral.

En conclusión, los datos muestran que Jeanette Jara no fue la ministra del desempleo, sino la ministra de la formalización y la recuperación del empleo femenino. La crisis reside, más bien, en la manipulación selectiva de las cifras por parte de los candidatos de la oposición para perpetuar una atmósfera de desinformación frente a los votantes. 

“Mientan, mientan, que algo queda”, reza la famosa frase atribuida al ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels. En ella, se sintetiza la esencia de la estrategia que inunda nuestra política actual: la manipulación deliberada de la percepción pública mediante la repetición de mentiras. Cuando el discurso se construye sobre el terror, ya sea tildando a una candidata de “ministra del desempleo” o exagerando la delincuencia con falsedades, busca manipular emocionalmente y anular la capacidad de análisis de la sociedad. 

La evidencia es el único antídoto: contrastar la informalidad real con la etiqueta política, o el dato de suicidios con el de homicidios, revela lo que la propaganda política de la derecha quiere ocultar. Las próximas elecciones ponen en la palestra el valor que le damos a la verdad. Frente al ruido y la mentira, sostener la evidencia y la reflexión es, para este domingo, nuestro acto de resistencia democrática más potente.

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